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Butragueño, Maradona y la puerta cerrada

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Corría el año 1987 y en el Real Madrid presidía Ramón Mendoza, bajo a escasos metros del barro que curte a todo hombre, Leo Beenhakker, por segundo año consecutivo, dirigía a un equipo que pasaría a la historia por la maravillosa Quinta. Con la llegada de Jankovic, Tendillo o Paco Llorente, el Madrid buscaría hacerse de notar en la vieja Europa, su obsesión perniciosa. En el epicentro de su apogeo, fue una temporada extraña para la Quinta del Buitre. Fue la temporada que más mereció y tan poco ganó.

En el campeonato doméstico, los blancos arrancaron con la sexta marcha y no frenaron. Un campeonato plácido desde el inicio. Acabó con 62 puntos a 11 puntos de ventaja de la Real Sociedad, más que suficientes para levantar su tercera Liga consecutiva. En Copa del Rey, la Real Sociedad de John Toshack se tomó su propia revancha. Un Madrid obligado en el partido de vuelta a apelar a la épica acabó por destrozar todas las esperanzas puestas en un intento de remontada. El resultado fue de 0-4 y un global de 0-5 en la eliminatoria. La épica de Beenhakker acabó convirtiéndose en un suicidio colectivo.

Fuera de las fronteras, el Real buscaba la Séptima hermana que tantos años atrás andaba buscándola. Desde la última conquistada en 1966, veintiún años después parecían una eternidad para seguir siendo los mismos dentro de la familia. En el segundo año de Beenhakker y en plena madurez de la Quinta del Buitre parecía el momento adecuado para dar un paso al frente y ganar la batalla. Su primera piedra en el camino sería el Napoli de Maradona. Un año después de haber levantado el Scudetto a los poderosos del Norte, el primero en su historia, el rebelde Napoli líderado por Maradona era el rival a enfrentar en una eliminatoria un tanto peculiar. Para contextualizar, después de la euforia, el Calcio Napoli de Ottavio Bianchi quería más. Con su primer Scudetto entre los brazos, añadido a la exhibición de Maradona en México 86, aquella misma temporada, su fichaje estrella fue Careca, brasileño que ya destacaba en el Sao Paulo y completaba la recordada fórmula MA-GI-CA (Maradona, Giordano y Careca).

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Un año atrás en la 1986-87 en la eliminatoria entre el Bayern Múnich -campeón de aquella edición- y el Real Madrid, recordada por el pisotón de Juanito a Matthaus. Jean-Marie Pfaff, el meta belga del conjunto bávaro, fue el blanco de las iras de algunos vándalos, y el colegiado Michel Vautrot tuvo que suspender momentáneamente el partido. Transcurridos los incidentes, la UEFA volvió a sancionar al Real Madrid –once años después de la agresión al colegiado austriaco Linemayer, también en un partido ante los alemanes- con dos partidos de clausura. Finalmente quedó en uno, el del Napoli, a puerta cerrada, y otro a 300 kilómetros de Madrid -ante el Oporto- que se acabaría jugando en Mestalla.

Para los jugadores de aquella época era algo novedoso, extraño, atípico y nada bonito para jugar. En palabras de Emilio Butragueño para el Diario Marca, se refleja el desconcierto de la plantilla por aquel entonces: Algo extrañísimo. Sin duda, es una de las situaciones más rocambolescas que se pueden dar en el fútbol. Jugar en un estadio vacío, pero con los focos encendidos… Me parecía que estaba en mi colegio, el Calasancio, jugando a las siete de la tarde”. Evidentemente, había una gran diferencia. “Es que enfrente estaba el Nápoles de Maradona, el mejor jugador del mundo. Iba a jugar en Madrid y la gente no iba a poder ir a verle. Era todo muy raro”. Una novedad psicológica según el propio jugador que su entrenador no paso por alto, preparó el partido de forma especial, siendo el primer en estas condiciones en la historia del club. Y eso que nosotros ganamos. Asistieron unas 100 personas, directivos y empleados del club, y los gritos se oían perfectamente; no era como el rugido del estadio lleno; se oía a cada uno

Aquí pueden revisar el partido íntegro: Real Madrid 2-0 Napoli

El Real Madrid ganó por 2-0, dio el primer paso para avanzar a la siguiente ronda con los goles de Míchel (penalti) y Tendillo pero aún quedaba sellar el paso en el siempre complicado, San Paolo. Para el partido de vuelta, ante 83.827 espectadores, el Napoli depositaba todas sus esperanzas en un intento de remontada acompañada del calor de su afición. Con el tempranero gol de Francini en el minuto 9 y acompañado de una olla a presión, por momentos el conjunto blanco vio peligrar el pase. Fue Butragueño quien tuvo que calmar las agua con un gol al filo del descanso. Ese tanto puso la calma y sería el último de una eliminatoria que pasaría a la historia por diversas razones.

Además de la puerta cerrada, esa eliminatoria fue la última que ganó el Real Madrid contra un equipo italiano justo antes de empezar una fatídica maldición de casi 30 años hasta que el año pasado ganara a la Roma en octavos de final en el camino a Milán.

 

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