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Busquets, hecho de oro

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La lista de los 30 nominados que alberga trece jugadores de La Liga, ocho de la Premier League, cinco de la Bundesliga, tres de la Serie A y uno de la Primeira Liga, concentró algunas críticas del aficionado. Cada uno mira su propio ombligo y reclama esos jugadores top de su equipo que no aparecen en dicha relación.
Amantes del fútbol claman aquellas estrellas, llamadas menores por obligación, que no sólo brillan con luz propia, sino que poseen el destello para alumbrar con más potencia a toda una constelación. Sin embargo, el lunes no les vimos centellear como esperábamos.

Cuero de metal

Al esférico brillante se le ha borrado la FIFA en su denominación. El Balón de Oro regresa a las únicas manos de la revista France Football, volviendo a su formato anterior, tras seis años de contrato con la institución.
De 23 candidatos, elegidos por la Comisión de Fútbol de la FIFA y representantes del Amaury Group, a la lista de 30 nominados que dio a conocer la revista desde un anuncio atractivo y paulatino.

El llamativo Balón de Oro, también modernizado, es objeto de intereses de imagen de marcas y orgullo de clubes. Careciendo de lógica futbolística en algunas ocasiones y sumando guiños de compañeros y compatriotas en las votaciones.
Ahora, desaparecen los votos por parte de seleccionadores y capitanes de selección. Los periodistas deportivos toman las riendas de nuevo, dando peso al origen del galardón, nacido en 1956.

Durante los seis años del FIFA Ballon d’Or dos futbolistas han acaparado el premio: Messi y Ronaldo, que ya habían colocado el primero en sus vitrinas cuando el balón era gestionado por la revista. Éstos han desbancado las esperanzas de todos aquellos que desearon ver a Xavi Hernández o Andrés Iniesta sujetando el circular dorado. El Mundial que logró España, a diferencia de otras ediciones en las que fue una competición de vital importancia, no fue razón para que el seis o el ocho de la Selección Española fueran ganadores.
También cabe mencionar los ejemplos de Sneijder, Ribery o Neuer, que quedaron excluidos del trono con exitosas temporadas, entre otros.

El avance mediático transformó el galardón en un escaparate, y éste es protagonista de noticias fuera del periodo que comprenden sus votaciones. Se ha convertido en parte de la guerra mediática que batallan anualmente los dos héroes de las tripletas ofensivas del FC Barcelona y Real Madrid.
Un premio que parece llevar una trampa consigo, que hace sumarle críticas pero que sigue saliendo a flote con su prestigio.
La cuestión es que el interrogante que pregunta quién es el mejor jugador del mundo sólo concibe dos respuestas. Y en ellas, se halla el ganador. Ambos se reparten el trofeo año tras año, según el número de competiciones ganadas y su transcendencia en ellas.
El resto son figurantes que cobran la honra de ser nombrados, a sabiendas de que el primer lugar está definido con su ausencia.

Sergio Busquets | Getty

Sergio Busquets | Getty

Silencioso Busquets

Ante varios nombres propios que añoro, me atrevo a quedarme hoy con uno de ellos: Sergio Busquets, el mediocentro que reparte masa en las plataformas de pesaje de una balanza que proporciona equilibrio.
Tras conocer a los nominados volví a sentir el olvido de un jugador que, a escondidas del bullicio, es parte vital de un estilo de juego.

Como un arma que lleva silenciador para reducir el sonido de los disparos, Sergio ni siquiera hizo demasiado ruido para llegar al primer equipo.
La prueba de fútbol base en la casa de su padre le descartó para el banquillo azulgrana.
Busquets no llegó a la cantera culé hasta los 16 años, pasando antes por el Badia, Unió de Futbol Barberà, Unió Esportiva Lleida y Jàbac Can Jofresa de Terrassa.
Frank Rijkaard le colocó el primer peldaño de una escalera infinita, invitándole a entrenar con el primer equipo. Busquets disputó algunos minutos de la final de la Copa Catalunya 2007, en la que el equipo azulgrana venció al RCD Espanyol.
Fue con Pep Guardiola con quien daría el salto definitivo, tras militar en sus filas en el filial y lograr el ascenso a Segunda B. El técnico de Santpedor le hizo debutar contra el Racing de Santander, y a partir de allí se convertiría en la pieza imprescindible que es para el Barça a día de hoy. Así como titular de la Selección Española de Fútbol, el otro conjunto afortunado que goza de su participación.

Un eje de leyenda, Piqué, Puyol y Sergio | Getty

Un eje de leyenda, Piqué, Puyol y Sergio | Getty

Busquets se viste para defender el cinco que heredó ni más ni menos que de Puyol.
Es un jugador que provoca el orden en el campo. La fusión de la táctica, la presión y la inteligencia.
Todo pasa por sus pies de una manera tan perfecta que, cuando está en el campo todo transcurre de manera normal, sin hacer hincapié ni alabanzas a todas sus meritorias jugadas. Y sin embargo, cuando se sienta en el banquillo la ausencia se aprecia de forma evidente.
Es el cómplice entre el balón y sus compañeros. Intermediario de ese entendimiento defensivo y parte inicial de la creación.
Otorga el respaldo en la salida de balón, apoyando a centrales y laterales. Ese toque preciso de control para evitar la pérdida del esférico y el núcleo de la zona de iniciación.
Y sí, también en algunas ocasiones, envía la pelota entre los tres palos.
A pesar de algunos días que pueden contarse, el resto lo hace todo absolutamente bien.

Busquets, el modo silencioso del buen fútbol. Le gusta pasar desapercibido ante los focos, hablar lo justo y concentrarse únicamente en hacer bien lo suyo.
Se coloca el rol del personaje que no quiere ser centro de atención, a pesar de sus llamativas acciones y su responsabilidad. Restando importancia a tal simetría que dibuja con pincel entre las líneas de ese juego de posesión.

Los niños quieren vestir de Messi o Ronaldo, de cabeza a pies, pero algunos hombres sabios dicen que se reencarnarían en Busquets. Será por algo, digo yo.

El FC Barcelona ya le ha atado hasta 2021, reteniendo uno de sus claros seguros de vida.

Me cuesta creer que han descuidado la presencia de Busquets entre los 30 mejores. No desmerezco a ningún jugador. Me gusta el fútbol y siempre respaldo las buenas cualidades de cada uno, pero sí, admito que a mi parecer, existe el fallo de aprovechar el silencio cauteloso para no ser justo.
No me resulta razonable que Busquets no tenga su merecido reconocimiento. La calidad de su fútbol y su regularidad habla por si sola, sin necesidad de apoyarse en estadísticas.

Quién sabe si con la vuelta del balón a su único dueño, el cuarto para Cristiano, que se está cantando desde la Eurocopa, termina en otro hogar.
Tal vez algún día el jurado quiera poner fin a la era del argentino y el portugués, y el conjunto de sus intenciones se atrevan a sorprender al espectador y a los propios futbolistas.
Quizás la próxima edición acontezca con el nombre de Sergio Busquets entre los destacados para aspirar a la distinción, dando calma a la incomprensión de los seducidos del planeta fútbol que le reclaman. Al fin y al cabo, Busquets está hecho de oro.

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