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Burgos vuelve a respirar baloncesto

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“¡Burgos es ACB!”. Un grito de ilusión, un grito que aunó a una ciudad durante cinco largos años. Años en los que se vio cómo el sueño se escapaba en el último momento por asuntos financieros después de que el equipo se lo ganase a pulso en la pista. Años en los que la ciudad tuvo que ver cómo el equipo cambiaba de nombres, de directiva y de jugadores, aunque el sentimiento era el mismo.

En 2013 el C.B. Atapuerca, también conocido como Autocid Ford Burgos, consiguió el ascenso a la división de honor tras quedar primero en la LEB Oro. Un ascenso que no se consumó y que trajo consigo algunos cambios en el equipo. De las cenizas del Atapuerca surgió el C.B. Tizona, que llevó el mismo nombre que el histórico club de la ciudad, desaparecido en 1988. Con esta nueva denominación, el Autocid repitió la gesta del ascenso en los dos años siguientes, pero los problemas económicos volvieron a dejar al club a las puertas de la ACB.

(web San Pablo Burgos)

Con los dos nuevos fracasos, en 2015 los burgaleses vieron cómo el Autocid era remplazado por un nuevo equipo, el San Pablo Burgos (o C.B. Miraflores). Un nuevo equipo con el mismo leitmotiv que su predecesor, el ascenso a la máxima categoría del baloncesto nacional. Tras una primera temporada en LEB Oro en la que solo se consiguió la cuarta plaza, el Miraflores fue a por todas en la 16/17. Con un meritorio segundo puesto en la fase regular, los jugadores del San Pablo se plantaron en los playoffs dispuestos a lograr el cuarto ascenso de la ciudad en cinco años. Y vaya si lo consiguieron. Sin ceder un solo partido en toda la fase, Burgos volvía a tener un equipo que llamaba a golpes a las puertas de la Liga Endesa. Unas puertas que esta vez sí que se abrieron gracias a la rebaja de los requisitos económicos de la ACB y a un nuevo pabellón, el Coliseum, con la capacidad necesaria para acoger partidos de máximo nivel, que dio relevo al antiguo e histórico Plantío.

Empezaba una nueva era en el baloncesto burgalés. Con un inicio de temporada desastroso, el equipo ha ido de menos a más. Encadenando derrota tras derrota, el San Pablo poco a poco daba unas impresiones cada vez mejores delante de una afición que, pese a la pésima situación, no dejaba de animar. En el sexto partido, el Coliseum recibía al todopoderoso Real Madrid, y lo que debía ser una victoria fácil para los blancos se convirtió en un partidazo que lideró siempre el San Pablo hasta el último cuarto. Al final, una nueva derrota (95-100), pero esa mejoría que se esperaba había llegado. El siguiente encuentro frente al Valencia Basket lo corroboró, y el Miraflores volvió a estar cerca de dar la sorpresa en la pista del campeón con un juego que poco tenía que ver con el de las primeras cinco jornadas.

(web San Pablo Burgos)

Aun así, lo cierto es que la llegada a la ACB no había sido tan buena como se esperaba. Siete derrotas en siete partidos dejaban al equipo en una situación delicada. Jugadores, cuerpo técnico y ciudad eran conscientes de que había que romper la mala racha. Por eso se conjuraron para recibir al UCAM Murcia el pasado sábado. El Coliseum volvía a estar hasta los topes para vivir un partido igualadísimo con un último cuarto no apto para cardiacos. Al final del partido el marcador reflejaba un 89-86 que suponía la primera victoria del Burgos en la Liga Endesa. La afición llevaba más de cinco años esperando ese momento, desde aquella promoción de ascenso que ganó el C.B. Atapuerca en 2013. Cinco años soñando con ganar en ACB hasta que, por fin, Burgos se dio cuenta de que ese sueño era real. Había que celebrarlo, y evidentemente el pabellón se convirtió en una fiesta. Ha costado mucho llegar hasta ahí, pero la ciudad del frío por fin respira ACB.

Foto de cabecera: web San Pablo Burgos

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