Atletismo

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Brianne y Ashton, gloria conjunta

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Los Juegos Olímpicos no son solo el deporte. Aparte de las heroínas y los héroes, todas esas estrellas y su esfuerzo por ser los mejores, hay más. Mucho más. Porque también son las historias que hay detrás. Es la amistad de dos gimnastas de países vecinos, pero enfrentados, que demuestran que las personas están por encima de todo eso que resta, de creencias o censuras. Es esa chica afroamericana que un día se lanzó a la piscina para ser la más rápida, logrando romper tabúes convirtiéndose en la primera mujer negra en ganar un oro en natación. Es una kosovar que declina ofertas económicamente mareantes para representar otros estados porque quiere con su ejemplo ser esperanza en un país que lo ha pasado demasiado mal. Es una nadadora siria que salvó las vidas de muchos, con su valentía y determinación, en una travesía que se cobra ilusiones a diario. Es una luchadora que lleva a cabo el mejor de los festejos con su preparador para agradecerle su constancia y dedicación, día a día. Es la brasileña que vino de esa favela que nos aterrorizaba cuando fue plasmada en el cine, para tocar el cielo y sembrar optimismo entre los suyos. Es una abuela de 74 años capaz de lograr que un nuevo prodigio del atletismo pulverice el récord aparentemente más difícil de todos. O es una joven adoptada por sus abuelos, debido a las adicciones de sus padres, que se convierte en princesa de un deporte tan bello estéticamente como duro en lo físico. Y luego en ocasiones, además, es amor.

El norteamericano Ashton Eaton (Brend, Oregón) lo ha vuelto a hacer. Vencer en los Juegos Olímpicos por segunda vez, tras el éxito de Londres. Se va de Río de Janeiro siendo el más grande. El mejor atleta entre los atletas totales. Doble campeón del mundo y una vez subcampeón, dos veces campeón olímpico de decatlón. Plusmarquista mundial. Que además, cuenta con otros tres campeonatos mundiales en pista cubierta de heptatlón. Un tipo duro. A ojos de tantos, el más duro. O quizá no tanto. Porque todos, absolutamente todos, somos vulnerables. Y es que nadie escapa de un temblor de piernas.

Brianne Theisen (Saskatoon, Saskatchewan) compite por Canadá. Es una de las grandes del heptatlón. Dos veces subcampeona del mundo, campeona mundial junior y recientemente bronce en Brasil, podio olímpico. Desde 2012, siempre en la pomada. Su palmarés incluye un campeonato y un subcampeonato mundial indoor de pentatlón. La decisión de dejar atrás el voleibol y el fútbol en su día fue, por tanto, acertada.

El 12 de agosto de 2016, Eaton, estadounidense, se sienta en las gradas del Estadio Olímpico de Río de Janeiro. En su cabeza, una gorra roja en la que se puede leer ‘Canadá’ en la parte frontal, el país de Theisen. El fan más incondicional de la joven, el hombre de acero, no es su compatriota pero anima con todo, hasta dejarse la voz durante la carrera de 800 metros en la que ella participa. Allí, en Brasil, donde empezó todo…

Juegos Panamericanos de 2007, Sao Paulo. Eaton tropieza con una muchacha en la pista de atletismo. Acaba paralizado. Su mirada lo destruye. Solo cuando se sobrepone consigue cruzar algunas palabras con ella y queda prendado por su risa fácil. Pero no es capaz de ir más lejos. Se frena, se bloquea. Aunque en su cabeza, desde entonces, permanece el recuerdo. Meses más tarde comienza el curso universitario en Oregón. Para Ashton es su segundo año. Para Brianne, el primero. Entre tantas universidades, un mismo destino. Oportunidad de reválida. Mas cuesta un mundo. Eaton siempre comenta refiriéndose a la competición que es mejor empezar lento y esprintar con todo llegado el momento. Es algo que lleva a cabo en la pista… Y en la vida. Tardaría nada menos que cinco meses en pedirle una cita a Theisen. ¡Pero qué cita!

El día de San Valentín de 2008 quedan por primera vez. Como él no tiene coche, le pide a Brianne que lo recoja. En sus manos, un ramo de rosas y un CD con canciones elegidas especialmente para ella. El restaurante favorito de Ashton es el llamado ‘Olive Garden’, un paraíso culinario situado en Eugene, y allí se dirigen. Debe salir todo a pedir de boca, pues desde ese instante se convierten en compañeros para todo. También de entrenamientos de un tiempo a esta parte, al cual le dedican tres horas cada día. El enlace es cuestión de tiempo. Como no puede ser de otro modo, Harry Marra, entrenador de ambos, es el encargado de oficiar su boda, en 2013.

Una ceremonia que pudo no celebrarse. En un entrenamiento, hace algunos años, la carrera de Ashton casi se termina. En una de las prácticas habituales estaban lanzando la jabalina juntos. Después de su lanzamiento, él se acercó a recoger su instrumento. Brianne arrojó su herramienta algunos segundos más tarde. Y, aunque había apuntado lejos de su esposo, la jabalina se le escurrió de la yema de los dedos en el último momento, yendo en la dirección en la que él se encontraba. Cuenta ella que fueron los peores instantes de su vida, puesto que él no escuchaba sus gritos. Por fortuna, justo antes de ser empalado, Ashton se agacharía al ver algo en el suelo. La jabalina le pasaría muy cerca, de modo que por suerte la situación no se tornó en drama. Y es que el día menos pensado cualquiera se puede llevar un susto.

Volvemos al presente. 12 de agosto de 2016. A Brianne no le salen las cosas como deseaba la primera jornada de competición, pero Ashton sabe qué decirle. También cómo. Y levantar su moral. Al final de la prueba hay presea. Un bronce que sabe a gloria. Cuando le preguntan en una entrevista posterior confiesa: “La Brianne de hace algún tiempo se habría hundido tras un comienzo tan negativo. Pero Ashton vino y me dijo que estaba orgulloso de mí, que siguiera peleando. Él sabe cómo soy, me conoce, y ve hasta dónde puedo llegar aunque yo no sea capaz de visualizarlo. Así que me dio algunos consejos, su energía, y finalmente insistió de nuevo en su orgullo por mí”.

Tan importante es él para ella como ella para él. El miércoles 17 era el turno de decatlón. Y entonces fue Brianne quien se sentó en la grada para apoyar a su pareja. En cada prueba, aplaudiendo y gritando, siendo la primera del club de fans de Ashton, uno de los tres hombres capaces de repetir victoria en Juegos Olímpicos (Bob Mathias, 1948-52 y Daley Thompson, 1980-84 son los otros dos). Independientemente de los vítores, Eaton considera clave el papel de su esposa en sus éxitos: “Brianne y yo somos un equipo increíble. En mis años de juventud yo no me tomaba realmente en serio mi deporte. Pero empezamos a entrenar juntos y no me dejaba relajarme. Incluso cambió mi nutrición. Ella modificó mi enfoque, encontró en mí todo eso que yo no era capaz de ver. En este oro, el mérito es tanto suyo como mío. Siempre me mantuvo concentrado y motivado cuando la preparación me resultaba demasiado exigente. Este es un deporte demasiado duro mentalmente y ella siempre sabe qué decirme en cada momento para que yo siga adelante”. La gloria conjunta.

Al final de este viaje, una vez concluida su participación en Río, yo imagino que estos dos fenómenos del atletismo deben estar celebrando su éxito en algún lado, antes de que el calendario les proponga el siguiente reto. Y tal vez lo estén festejando con una cena, como aquella en la que comenzó todo. Puede que la acompañen con otra lista musical elaborada para la ocasión que evoque aquel día. Y posiblemente en algún restaurante de la ciudad brasileña que guarde cierto parecido con el ‘Olive Garden’…

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