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Brandon Roy: tan fiero, tan frágil

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Tan fiera, tan frágil es el título de la biografía de la cantante de ópera greco-americana Maria Callas escrita por Alfonso Signorini. Una diva por excelencia, una mujer forjada en las peores tascas de  Nueva York capaz de emocionar y hacer aflorar sentimientos hasta entonces desconocidos con su melodiosa voz de soprano.

Una carrera excesivamente corta. Un problema en su voz, su mejor instrumento, le obligaron a cambiar de registro y posteriormente entrar en un letargo profesional que le costó su carrera y, a la larga, su vida. Hallada muerta a los 52 en su domicilio, muchos informes alegan a un posible suicidio. Una vida profesional identificable a la que viviría años más tarde un joven chico de Seattle cuya arma era el baloncesto y cuya debilidad un problema degenerativo en sus rodillas: Brandon Roy.

Desde su época en el instituto ya llamaba la atención como uno de los bases tiradores con más proyección del panorama norteamericano y no era difícil imaginar una larga carrera en la NBA pero fue un rookie al que podríamos considerar “tardío”. Pudo presentarse al Draft del año 2002 con tan solo 18 años pero quiso esperar cuatro años más en la Universidad de Washington para madurar y formarse antes de dar el salto a la mejor liga del mundo.

Lo hizo en el año 2006, fue elegido en la posición número seis por detrás de jugadores como LaMarcus Aldridge o Andrea Bargnani, polémico número uno, pero por delante de Rajon Rondo, Rudy Gay, Paul Millsap o Kyle Lowry. Lo eligieron los Minnesota Timberwolves pero lo traspasaron a Portland, donde comenzó a escribir su historia. Su corta historia. Tan fiera, tan frágil.

Su debut, de película, fue en su ciudad natal, Seattle, ante los Supersonics y anotó 20 puntos. Un simple detalle de lo que llegaría después. Un excelente tirador, un anotador sin compasión y uno de esos jugadores que en los últimos cuartos elevan el nivel en busca de la victoria. Cuando todo está por decidirse, cuando llegan las dificultades es cuando los genios aparecen. En su temporada como novato promedió 16.8 puntos, más de cuatro rebotes y asistencias por partido y fue nombrado Rookie del Año. El faro de los Blazers, un equipo en construcción condenado a las 50 derrotas y objetivos poco ambiciosos. Pero con buena materia prima.

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Su segundo año en la NBA elevó las estadísticas hasta los 19.1 y las asistencias hasta casi seis. Su progresión era imparable, fue seleccionado para el All Star Game y a sus 24 años estaba preparado para ser el líder de un proyecto en alza junto con su compañero de draft LaMarcus Aldridge. Sin embargo la temporada 2008/09 tuvo una doble lectura para Brandon Roy; por un lado, repitió en el All Star Game, fijó la segunda máxima anotación histórica de un Blazer con 52 puntos, su equipo se clasificó para Play-Offs y fue elegido en el segundo mejor quinteto de la liga. Una estrella, sin duda, aunque no de primer nivel como podían ser Kobe Bryant o LeBron James pero en una segunda esfera de élite. Y con visas a serlo durante muchos años.

Pero fue también la temporada en la cual vivió la peor parte de su carrera profesional, su kryptonita: las lesiones. Un cartílago no funcionaba bien en su rodilla izquierda. Tuvo que ser operado y perderse varias jornadas de competición pero pudo regresar al máximo nivel. La temporada siguiente volvió a padecer los problemas y cada vez tenía que jugar menos partidos pero sus números no se resintieron demasiado y aguantó en los 21.5 puntos, repitió en el Partido de las Estrellas y los Blazers volvieron a jugar la post temporada pero algo no marchaba bien. En los Play-Offs de 2009 promedió 26.7 puntos en los seis partidos de la serie que Portland perdió ante los Rockets pero en los de 2010 ese número descendió sustancialmente por debajo de la decena y más aún sucedió en 2011, aunque siempre nos quedarán sus 18 puntos en el último cuarto del Game 4 para firmar una remontada épica antes los Mavericks, posteriores campeones. El talento no se queda olvidado en la cama de un hospital.

Un espejismo, sin embargo. No había marcha atrás. Las lesiones habían podido la batalla contra el talento. Y Roy lo sabía. Los médicos ya le habían trasladado el diagnóstico: sus rodillas carecen de una parte de cartílago y es algo con lo que tendrá que convivir toda su vida. Y tras seis operaciones, en diciembre de 2011 dijo adiós. No hablaba él, lo hacían sus rodillas.

Uno de los tiradores más letales de la liga. Un anotador sin piedad y un clutch man que tuvo que dejar de vivir su sueño, el sueño que tenía cuando trabajaba en los muelles de Seattle para ayudar a su humilde familia, cuando tenía problemas de comprensión en la escuela, cuando decidió decir no al Draft para madurar y formarse como jugador. Un sueño que nadie tenía derecho a arrebatarle pero las lesiones son los mayores dictadores de la historia del deporte. Hizo un intento de regresar a las canchas con los Wolves, curiosamente el equipo que lo eligió en 2006, en 2012 pero tan solo duró cinco partidos. Siempre nos quedará el recuerdo de lo que pudo ser, de una efímera carrera forjada bajo la aguja de Seattle y de un lirismo supremo en Rip City, languideciendo entre triples imposibles y batas de quirófano. Como dice la biografía de Maria Callas: un retrato único y descarnado de una estrella triste que conoció, a la par, la gloria y la soledad.

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