EURO 2016

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Borrón y ciclo nuevo

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Me pasa una cosa: yo esto ya lo he vivido antes. Es un flashback. Porque hubo un tiempo en el que ganar no era lo habitual cuando la selección española de fútbol acudía a una gran cita. Ya muchos no recordarán esa época. A lo bonito nos habituamos muy rápido y luego perdemos perspectiva. Se dice que la clave de la vida está en el desapego: no te acostumbres a nada para que nada te falte. Pero nosotros nos hemos acostumbrado a ganar. Craso error.

Llevamos una década siendo aspirantes a todo, dando miedo al resto del planeta fútbol. Imagino a cualquier aficionado rival en uno y otro estadio viendo saltar a calentar a “La Roja” golpeando levemente con el codo a un amigo y advirtiendo cuando asomaban los nuestros por el túnel de vestuarios: “Mira, ahí están, ya salen… Ojalá no estén inspirados y tengamos opciones”. Y es que hemos sido referentes absolutos durante años.

España queda fuera de la Eurocopa de Francia. Como era tan habitual antes. ¿Os acordáis de las otras viejas citas continentales, o de aquellos mundiales? Que si el fallo de Arconada, que si el penalti de Eloy, que si el codazo de Tassotti, que si la falta de Stojkovic, que si David Seaman, que si Al-Ghandour… Siempre pasaba algo que nos impedía triunfar. Un error arbitral, un despiste defensivo, la mala suerte. Excusas. Porque quizá es más simple. Tal vez en realidad no teníamos la calidad suficiente, o el físico adecuado, o tácticamente éramos inferiores.

O quizás solo necesitábamos al técnico correcto.

 

Hace unos días escribía mi compañero Sergio Merino en la previa del partido en el que nos han dado pasaporte sobre un hombre que una vez lo cambió todo. Un hombre con el que perdimos el miedo. Ese hombre fue capaz de reescribir nuestra historia quitándonos de la cabeza los pensamientos derrotistas y mostrándonos cuál era el camino apropiado para nosotros. Creo que cada equipo debe crecer a partir de sus virtudes. Él entendió que las nuestras brotaban cuando el esférico bajaba al césped, así que apostó por un mediocampo lleno de jugadores con el centro de gravedad muy abajo, ayudados por el Marcos Senna o Xabi Alonso de turno. Él convenció a toda una generación de que los sueños pueden cumplirse si se trabaja, y si ese trabajo se ejecuta correctamente en el rectángulo de juego.

Pero ese hombre, Luis Aragonés, hizo además otra cosa. Acabó con la autogestión que existía por entonces en un grupo que llevaba un tiempo junto, que no unido.

En la concentración España en el Mundial de Alemania en 2006, el “Sabio” desveló que el núcleo duro le estaba echando un pulso. No gustaba la suplencia de Raúl, y éste, con el apoyo de Cañizares y Salgado entre otros, no se molestaba en disimularlo en público. La respuesta del míster no pudo ser más explícita: “Esta lucha la voy a ganar yo y las malas caritas se van a acabar”. Recordado es por todos que en el choque decisivo de aquel torneo, Aragonés cedió por última vez y alinearía de entrada a Raúl en detrimento de un Luis García que estaba cumpliendo con creces. El resultado es conocido por todos, si bien el entonces delantero blanco sería sustituido cuando el marcador aun reflejaba un empate a 1 entre las selecciones de España y Francia. Con el pitido final el mundial terminaría para los nuestros. Como estaba a punto de terminarse la “era Raúl”.

 

En la primera rueda de prensa posterior a aquel campeonato, Luis Aragonés avisaría de sus intenciones: “Empezamos de nuevo. El fútbol siempre te da una oportunidad de revancha. Estáis aquí los mismos que hace un mes porque quiero saber si remamos todos en una única dirección. El barco sale hoy y vamos todos juntos. El que no quiera estar, que se baje ahora”. El 7 del Madrid pues, formaba parte de la primera convocatoria de la fase de clasificación para la Euro’08. Luis les daba la oportunidad de redención a los mismos. Aunque Raúl no interpretó correctamente las palabras del seleccionador: lo siguiente que hizo fue reclamar una serie de reivindicaciones al mismo. Dos llamadas fueron suficientes. Raúl González Blanco, el emblema de la federación, el gran capitán, estaba fuera.

Año y medio después, el 29 de junio de 2008, un pase de Xavi Hernández permitió a Fernando Torres medirse en velocidad a Philipp Lahm y  tras encarar a Jens Lehmann, picar el balón ante la salida de este para anotar el tanto que nos proclamaría reyes de Europa. Luis Aragonés había ganado el pulso. Vaya que si lo había hecho. Rompiendo la mesa del golpe. Y en ese momento optó por marcharse como vino. Dando paso a Vicente Del Bosque.

Pienso que Vicente es magnífico gestionando grupos, pero no tan buen técnico como Aragonés. Cierto es que su palmarés es extraordinario, aunque también es verdad que muchas veces decimos aquello de que el fútbol es un deporte que ganan los jugadores. Y este grupo ganaba y ganaba. Del Bosque hizo buena lectura. Inercia. Con un carácter adecuado dejó crecer la bola de nieve. Los éxitos llegaron. A veces se trata de no tocar lo que funciona. De apretar un tornillito o poner un parche. Lo justo. Labores de intendencia. Resultado: dos victorias en los siguientes dos grandes eventos de selecciones.

 

Quizá entonces Vicente debió hacer como Luis. Y marcharse. Tras la Euro 2012 no tenía ya nada que ganar y sí mucho que perder. Pero estaba cómodo. Y para dejar algo que te hace sentir bien hay que ser muy valiente. Es necesario poseer un carácter especial, un gen inconformista. Tal vez Vicente debió hacer como Luis. Y además por otro motivo: el grupo lleva tanto tiempo junto que ha regresado la autogestión. Un amigo mío advertía por twitter en el descanso del partido ante Italia que sería Nolito el que se quedaría en la caseta, ya que tanto Cesc como Silva, que estaban firmando una mala actuación, son intocables. Previsible. Como el once inicial: cuatro partidos sin rotación. Previsible. Como el juego sin plan B de España. Consecuencia: hemos jugado cuatro partidos, como en viejos tiempos.

No sé si Del Bosque, al que hay que estar agradecido a pesar del borrón involuntario de estos últimos años, decidirá dejarlo por fin. Por sensaciones pinta que sí. Y no sé, en caso de que así sea, quién llegará después. Siendo Guardiola una utopía, Valverde o Jémez serían candidatos ideales para quien redacta estas líneas. Ambos tienen contrato. También personalidad. Saben de fútbol un rato, tácticamente son unos aventajados y además son líderes naturales. Sumemos algo más: son inflexibles. Y eso ahora mismo se me antoja necesario.

En cualquier caso, a quien elija la federación para tomar los mandos de una nave que parece vista desde afuera amotinada es cosa de la propia federación. Pero si me dejaran opinar, yo como aficionado solo les pediría una cosa: que busquen a un tipo con el valor que una vez mostró Luis Aragonés; un tipo que mire a los ojos a las vacas sagradas y les diga cuál es su realidad a día de hoy. Que no podemos vivir de las rentas. Ni de lo que algunos jugaron años atrás. Porque el fútbol es presente. Y el presente dice ahora que somos pasado más que futuro.

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