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Borja Valero, un alquimista para Spalletti

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Ha habido muy pocos centrocampistas en el Calcio reciente que hayan representado como Borja Valero la evolución de la Serie A en los últimos años. El madrileño -junto a otros interiores de altísima calidad, que mezclan organización y verticalización y que han sido básicos en las aspiraciones de sus equipos como son Hamsik y Pjanic– ha contribuido con su juego al asentamiento en la élite de estilos mucho más asociativos y propositivos que lo que era la tónica general en Italia años atrás, y de técnicos como Montella Sousa.

Es precisamente por ello, por su sobresaliente entendimiento del juego combinativo y ofensivo en términos generales, por lo que Borja Valero es un perfil de jugador que el inestable e inconsistente Inter de Milán reciente hubiese necesitado durante estos últimos cursos de decepciones acumuladas. Y que hoy día seguía necesitando. Motivo por el que, pese a sus 32 años, el ex de la Fiorentina no llega tarde porque finalmente ha llegado, siendo además prácticamente un regalo a tenor de su conocimiento, incidencia y respetada figura en la liga y del bajo coste que ha acarreado su fichaje: 5’5 millones de euros.

Su sapiencia para mover y moverse y la seguridad que tiene en sí mismo a la hora de aglutinar, soltar en el momento preciso el cuero, salir de la presión rival y volver a ofrecerse le convierten en pegamento de contacto para las líneas de su equipo. Es además un constante facilitador, un especialista de esa posición particular en la que ejerce de una especie de regista adelantado, tiene un talento natural para elegir cuándo acelerar la jugada con un envío filtrado o cuándo ralentizar el ritmo, o incluso cuándo enviar atrás el balón para que la fluidez no se resienta y el equipo pueda seguir buscando y generando espacios, en un híbrido prácticamente infalible entre la verticalización a su debido tiempo y la preciada posesión, siempre entendida como medio para orientarse mejor y avanzar en mejores condiciones hacia la portería.

Mucho dependerá de la disposición táctica que elija el versátil Spalletti para su nueva etapa y sobre todo, del estilo que le vaya a imprimir al Inter. Una circunstancia que de base no quedará seguramente esclarecida y que irá averiguándose con las sensaciones y el paso de las primeras jornadas de la temporada. Si bien, está claro que Valero llega al Inter para ocupar el hueco y el perfil más cerebral dejado huérfano por Banega, con una diferencia notoria: el español es ya todo un experto en cómo descongestionar defensas pobladas y en cómo debe relacionarse con el espacio y con sus compañeros más cercanos para desarbolarlas a través de un perfil mucho más definido que el del otra vez sevillista.

A falta de saber con qué plantilla contará Spalletti, el rol esperado de Borja Valero es similar al que tuvo Pjanic en su última temporada en Roma a las órdenes del técnico toscano, aunque con los obvios matices: el bosnio es un pasador mucho más definitivo y vistoso, así como el madrileño tiene mayores dotes de liderazgo dentro de una estructura asociativa. Valero es también un mejor defensor en el primer compás de la jugada rival, aun siendo un futbolista lento en carrera y que sufre muchísimo defendiendo amplias distancias hacia atrás como el balcánico, pero ambos tienen una sensibilidad especial y contagiosa con el balón en los pies que les define.

La marcha de Miralem Pjanic a la Juventus el año pasado obligó a Spalletti a reinventar a la Roma con Nainggolan y Salah como representantes de su fútbol a través de caminos más directos. Esto es, un mediapunta de físico, punch, actividad inigualable en la presión y por todo el campo, con el que preponderase la intensidad y el ritmo alto ante una mayor importancia en el juego coral o de la precisión en la circulación. Y por otro lado, un afilado cuchillo en transiciones ofensivas, muy bien escoltado por un bloque trasero sólido pero bastante conservador en sus incursiones hacia la divisoria conformado por una línea de tres centrales. Un camino que de trasladarlo al Inter, prácticamente dejaría a Valero como un mero recurso estilístico.

Sin embargo, no parece en absoluto el escenario probable, ni la intención actual de Spalletti. Ya sea más cerca de la base o más próximo a la mediapunta, Valero llega al Inter para paliar el desequilibrio de un equipo con un mal reparto entre líneas, poco cohesionado, que aspire con él a dominar los partidos en campo rival y fundamentalmente, a saber leer sus tiempos, a apretar el acelerador o el botón de pausa en función del escenario, el resultado y el momento del partido, a saber a ciencia cierta cuándo el toque corto sin pretensiones o una mayor velocidad punzante en el circuito de pases beneficia más a los suyos. Con su juego, sus aptitudes, su brillante forma de proteger la pelota, con su experiencia, con confianza a la altura de su caché en el Calcio y con una estructura ambiciosa y sólida a su alrededor, pocos pueden pensar que no va a lograrlo porque hay pocos tan duchos como él en Italia en estas tareas.

Si pasamos a hablar de demarcaciones a las que beneficiará particularmente la llegada de Borja Valero al Inter de Milán nos encontramos con tres meridianamente claras: la posición de delantero centro con Mauro Icardi como dueño, la de extremo diestro con Candreva como presumible ocupante y la del lateral zurdo, de imperiosa necesidad e importancia, con quien sea que fiche la dirigencia del Biscione (suena Dalbert, del Niza). Siendo el hecho de no contar con laterales de élite ni con recambios de garantías tanto en la izquierda como en la derecha, uno de los grandes déficits por resolver de los nerazurri desde hace tiempo.

Las dos primeras son las posiciones con las que el canterano madridista más ha potenciado sus conexiones en su lustro en Florencia, básicamente por su habilidad para proporcionar el pase en el momento preciso. Para elegir. Véanse los casos de Manuel Pasqual y sus centros medidos en carrera, de Marcos Alonso -al que dio un considerable empujón hacia la élite europea en su puesto-, de Giuseppe Rossi -en un juego corto en el pico izquierdo del área que acostumbraba a ser una delicia-, o de un Nikola Kalinic a quien Icardi se asemeja bastante en movimientos sin balón. Y es que el autosuficiente ariete argentino -gran especialista del desmarque entre líneas, de alargar defensas en espacios estrechos y del apoyo de continuidad de espaldas al arco- puede haber encontrado a su mejor socio hasta la fecha, y tiene un claro ejemplo para creer en ello viendo las dos últimas campañas de Valero por detrás del croata.

Más allá de Icardi, el tercer puesto que puede beneficiarse mucho del juego de Valero es el de Candreva. Como ya lo hicieron Cuadrado, Salah o más recientemente -y en menor medida debido a su rol polifuncional de la mano Sousa- Bernardeschi. Tres futbolistas veloces, fanáticos de las transiciones, abiertos en la banda contraria a la zona de incidencia de Valero, en la que se acumula más juego raso y corto, pero también desde donde se puede hacer llegar más rápidamente la pelota a ese perfil opuesto en el que nombres como los citados aceleran la jugada y ejercen de martillo productivo atacando espacios más despoblados con su desborde.

Por si todo esto fuera poco, Valero sigue siendo aun a día de hoy un valor a la hora de lanzar o guiar contraataques en fase intermedia debido a su notable conducción con la pelota en los pies y a su excelente primer control, un hecho que puede beneficiar a los ya citados Candreva e Icardi, a un centrocampista de ritmo más elevado sin balón como es Joao Mario o a las rupturas de Perisic si termina quedándose, y que refuerza además la propia idea futbolística que Spalletti está dejando como su sello reciente: un fútbol ofensivo, versátil, profundo y un equipo que se defiende siempre a través del balón. Parámetros en los que Valero -pese a que Spalletti sea menos entusiasta en la idea asociativa que defendían Sousa y especialemente el Montella que a él entrenó- encaja a las mil maravillas. Y no solo eso, sino que la dotaría de una valiosa identidad.

Faltan todavía muchas cosas por saber. Demasiadas. Casi todas. Para empezar, el dibujo y el estilo preponderante. Para seguir, los compañeros con los que Valero compartirá medular si logra asentarse como titular habitual. Pero si lo hace y Spalletti apuesta por ejercer el mando a través del cuero y la vocación ofensiva, el español es un hombre ideal para representar el cambio sin perder competitividad por el camino, un facilitador ideal para que el Inter tenga por fin un poco más fácil recuperar el espacio que por historia le corresponde en la Serie A.

Leer más: Borja Valero rechazó ir a China el pasado enero

Tras una amplia experiencia en Italia y cuando podía parecer que su carrera había alcanzado sus mejores días, Valero encara el gran reto de su carrera en el equipo de mayor dimensión para el que ha jugado, con mucho fútbol totalmente vigente todavía en su botas y dispuesto a coger las llaves del Inter para cambiarle la cara al equipo. Su decisión de firmar por los nerazzurri es cien por cien competitiva y honra y define a un futbolista que se ha hecho un ilustre en el Calcio y que tendría todos los mercados exóticos y multimillonarios abiertos para encarar tranquilo el tramo final de su carrera. Y, sin embargo, Borja Valero ha elegido el fútbol. Como siempre ha hecho. Y si le dejan, seguirá haciendo.

 

Imagen principal | inter.it

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