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Boavista y la cuenta regresiva para la resurrección

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Brais TOURIÑOHoy en día, el fútbol en la histórica cuidad de Oporto está totalmente dominado por el gran buque insignia luso del momento, el FC Porto, que viene reinando en la Liga local en las últimas temporadas y haciendo incursiones más o menos exitosas en Europa según la temporada, tocando el cielo con aquella Champions League 2003-04 conquistada de la mano de Deco y  José Mourinho.

Pero hubo una época que ese trono local estaba discutido, si acaso peleado, ni más ni menos que por un equipo originariamente de barrio, el Boavista. El también histórico equipo de Oporto, concretamente de la fraguesía Ramalde, nació en el 1903. Desde su fundación, consiguió dos subcampeonatos ligueros, cinco Copas de Portugal y tres Supercopas, hasta que en la temporada 2000-2001, conseguían levantar por primera vez el título que les acreditaba como campeones de liga, por delante de su eterno rival, el FC Porto, y de paso, integrarse en el selecto club, junto a Benfica, Sporting Clube, Belenenses y los propios ‘dragaos’, que han ganado la Liga portuguesa. Ese mismo año, el equipo estrenaba remodelación de su estadio, el Estádio do Bessa XXI, ruinoso económicamente a la postre, que fue testigo de cómo a dos jornadas del final, jugadores como Petit, Litos, Pedro Enmanuel o Ricardo eran matemáticamente campeones venciendo al Desportivo Aves y desatando la euforia de su fiel afición, los 'panteras negras'.

Celebración del título de liga 2001 | Youtube.com

La siguiente temporada, saboreó las mieles de la máxima competición continental, enfrentándose a equipos históricos como el Manchester United, el Bayern Munchen o el Borussia Dormund. El equipo ajedrezado quedó apeado de la competición en la segunda ronda de grupos. Este desgaste no le afecta demasiado en la Liga lusa, donde consigue un meritorio segundo lugar por detrás del Sporting. La temporada 2002/03, el equipo descuida la competición local, siendo solo décimos, pero en Europa se apean a las mieles de la gloria, quedando eliminados en semifinales de la copa de la UEFA a manos del Celtic de Glasgow.

En 2004, estalla el caso "Silbato dorado"  de corrupción arbitral, con dos nombres propios, Pinto da  Costa, presidente del Porto, y Valentim Loureiro, ex presidente del Boavista y presidente de la Liga Portuguesa de Fútbol Profesional. Paralelamente a esto, dentro del campo el conjunto ajedrezado, con problemas económicos severos, se ve relegado a la media tabla, sin poder competir con los grandes en ningún momento

En 2007, y a raíz del incidente anteriormente mencionado, la LPFP inicia un procedimiento llamado "Silbato final" que termina en mayo de 2008 con una decisión, cuanto menos polémica: el Boavista es descendido a la segunda categoría del fútbol luso por soborno mientras que el Porto es sólo sancionado con seis puntos por intento de soborno. Dicha sanción marcaría enormemente el destino del Boavista, que ya en segunda división (temporada 2008-09) perdería la categoría totalmente asfixiado por las deudas económicas de un club deprimido que veía como cualquier tiempo pasado fue mejor, hundiéndose en el tercer peldaño del fútbol portugués.

Esta profunda depresión, ahondada por intentos fallidos de ascenso las sucesivas temporadas, culmina el pasado verano, concretamente el 29 de junio de 2013, cuando tanto la FPF como la LPFP reconocen el derecho del Boavista FC a ser reintegrado en Primera División, que tras recurrir durante años, ha conseguido demostrar que su descenso administrativo fue llevado a cabo de manera irregular. Así pues, con una economía no saneada, pero si mejorada gracias a la renegociación de deudas llevada a cabo por el Presidente del club, João Loureiro (de 65 a 32 millones de euros), el club de Ramalde integrará la máxima categoría lusa la temporada 2014-15, mediante una ampliación a 18 equipos.

Los aficionados del Boavista celebran la readmisión el Primera | Youtube.com

Si todo va según lo previsto, unos días después de que el club cumpla 111 años (sucederá el 1 de agosto de 2014), los panteras negras entrarán al Estádio do Bessa a animar a su equipo, como nunca han dejado de hacer, pero con el orgullo de hacerlo en la máxima categoría del fútbol portugués, un lugar de donde el Boavista, no debería haberse ido nunca.
 

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