Fútbol francés

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Bielsa: ¿estilo o resultados?

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C’est fini. La historia de Marcelo Bielsa y el LOSC Lille acabó con la suspensión del técnico argentino por -parece- dejar sin permiso el club para volar a Argentina para el funeral de su amigo, el preparador atlético Luis María Bonini, fallecido poco antes por una enfermedad.

En realidad, la relación entre el exentrenador de Athletic, Olympique Marsella y selección de Chile y la directiva del Lille se había roto desde hace tiempo. Incluso probablemente desde el principio, cuando se evidenciaron las diferencias entre Bielsa y Luis Campos -brazo derecho del propietario Gerard López– durante la campaña de fichajes. Bielsa quería desde el inicio el control total del proyecto, rechazando jugadores experimentados propuestos por Campos –Mangala y Bony– para apostar por jóvenes más moldeables según el credo táctico del argentino.  El vestuario, además, vivía momentos de autegestión, parece que aceptados por el mismo Bielsa.

El haber apartado a hombres del club ligados a Campos, como Franck Beeria -director adjunto-, Florian Fieschi -jefe de prensa- y sobre todo el joven táctico Joao Sacramento habían agriado aun más las relaciones entre el portugués y Bielsa. A esto se añaden los malos resultados, con el Lille 19º en Ligue 1 con 12 puntos en 13 partidos, con tres victorias, tres empates y siete derrotas, una pobre media de 0,92 puntos por partido.

La obstinación del entrenador por usar el 3-3-3-1, el uso de jugadores fuera de sus roles habituales -empezando por Nicolas Pepé, brillante extremo que Bielsa quería reconvertir en delantero- hicieron aun más difícil la adaptación del bielsismo en el norte de Francia.

Para Bielsa supone otro golpe a su carrera que, en Europa, a parte de su experiencia en Bilbao, no ha producido grandes éxitos pese a las enormes expectativas que siempre acompañan su llegada.  Sin duda, muchos fracasos de Bielsa en Europa son fruto de la incompatibilidad de caracteres con el ambiente o elecciones personales más que errores técnicos. Pero estos resultados no han manchado la imagen que distingue la figura y el juego del argentino.

Sin querer negar la calidad de su fútbol o la validez de su filosofía de juego, es innegable que Bielsa, hoy en día, se encuentra en la lista de técnicos amados por una parte de aficionados, medios y periodistas pero que aun no ha conseguido éxitos significativos -aunque ha ganado tres ligas argentinas y el oro olímpico con la Albiceleste-.

Esto sirve para subrayar cómo un entrenador como Massimiliano Allegri, por ejemplo, es criticado en Italia por no haber dotado de un juego a una Juventus a la que ha llevado a tres Scudetti consecutivos y dos finales de Champions League. En cada derrota de la Juve se abren procesos al entrenador bianconero, señalado culpable de vez en cuando de fallar la alineación, el sistema de juego o los cambios.

¿Qué es lo importante: el resultado o el camino para alcanzarlo? ¿La victoria o el impacto y la herencia táctica que dejan algunos entrenadores? ¿Las victorias de un Allegri o el estilo de un Bielsa? ¿El entrenador del Napoli, Maurizio Sarri, quedará como un maestro si no gana nada? Así se considera a Zdenek Zeman pese a su reducido palmarés.

La respuesta a estas cuestiones es muy personal. Lo cierto es que el debate sobre el ‘buen juego’ frente al resultado puntual sigue abierto. Pero, ¿son dos conceptos irreconciliables?

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