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Silencio, se juega

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En estos convulsos tiempos que corren se hace extremadamente complicado encontrar futbolistas que no se metan en charcos, polémicas o absurdas discusiones. La inmensa cantidad de posibilidades para expresarse que da la tecnología; redes sociales, incontables ruedas de prensa, zona mixta después de cada uno de los mil partidos que se juegan por temporada…

Muchas veces los medios se interesan más por una declaración fuera de tono -provocada o no por la provocación de un periodista fuera de lugar o un jugador que saca los pies fuera del tiesto- que por el propio evento deportivo en sí. Es la perfecta descripción de esta era digital o de la naturaleza del futbolista moderno. Ahora bien, esto pone de manifiesto el excepcional caso de los futbolistas que prefieren no hacer ruido. Esos rara avis que se dedican a jugar al fútbol y nada más. Y que, casualmente, cosechan resultados excelentes.

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El Barça de Ernesto Valverde y el propio técnico extremeño en sí es el máximo exponente de esta teoría. Por ejemplo, Paco Alcácer. Un delantero duramente criticado por la afición valencianista por lo doloroso de su partida, por aficiones rivales por el tiempo que necesitó para estrenarse como culé e incluso, lo que es verdaderamente triste y otro reflejo de la sociedad actual, por la afición propia. Pero terminó siendo una opción interesante para Luis Enrique y jugó -gol incluido- como titular en la final de Copa del Rey. Que esta temporada con el ‘Txingurri’ ha pasado de estar fuera de la convocatoria en muchas jornadas consecutivas a encadenar dos partidos seguidos en el XI inicial con goles y jugadas que han significado puntos para su equipo.

O Paulinho. El “plan b” del “plan b”. La gente quería a Verratti, a Coutinho, a Eriksen y una larga lista de jugadores en la cual no se encontraba el brasileño. Llegó, fue criticado antes de vestirse, fue abucheado en su presentación… pero calló. Y ahora se ha ganado ser importante y el cariño de la afición del Barcelona, que es mucho más difícil. Y eso se puede extrapolar a más jugadores culés y al propio Barça desde que ha llegado Valverde. Callar, trabajar, ganar. Sin hacer ruido. Evitando problemas. Porque, aunque parezca increíble, la labor de un equipo de fútbol es jugar al fútbol, no dar titulares que alimenten debates de medianoche ni fotos provocativas en Instagram.

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