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Ilusión sí, cautela también

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En el fútbol la confianza juega un papel diferencial. Si al Barcelona le dicen en agosto que en noviembre sería líder de La Liga con ocho puntos de margen sobre el Madrid y que tendría el pase a octavos de la Champions como primero de grupo a tiro, pocos -muy pocos- se lo habrían creído.

El Barcelona se plantó en el debut liguero con dudas. Muchas dudas. El Madrid le había ganado la Supercopa y lo preocupante no era el qué, sino el cómo. Neymar se había ido. El fichaje ilusionante no había llegado. Los ‘culés’, en efecto, parecían haber tocado hondo y el pesimismo se instaló en la ciudad condal, algo que por cierto no es complicado de lograr. Ha llovido mucho desde entonces y ahora el horizonte se vislumbra de forma totalmente distinta: aires de esperanza e ilusión.

Se vislumbra un horizonte esperanzador e ilusionante

Más allá de las dudas que el juego del equipo haya podido producir, una cosa está clara: el Barcelona de Valverde ha ganado en solidez. Los rivales le plantan cara, pero rara vez suman. A los hechos hay que remitirse: solo Atlético y Olympiakos han rascado un empate. El resto han sido todo victorias azulgranas. 12 triunfos en 14 partidos con únicamente cuatro goles encajados. Así es difícil perder.

(Getty)

Si tuviéramos que centrar el foco en algunos de los protagonistas, los principales serían Ter Stegen, Umtiti y Messi. La consolidación de los dos primeros y el hambre del astro argentino han hecho del Barça un equipo de áreas. Encaja poco y Messi se encarga del resto. Cuando algunos empezaban a hablar ya de declive, el líder de la ‘albiceleste’ ha sacado su mejor versión goleadora: 15 en 14 partidos de los 35 anotados por el conjunto ‘culé’ o, lo que es lo mismo, el 43% del total. Y con él enchufado el camino no sólo se allana, sino que se hace hasta llevadero.

En la vida, no obstante, nunca todo es de color de rosa. Ni lo es, ni puede ni debe serlo. Siempre hay que estar alerta y como previamente se ha comentado, el juego del equipo genera más dudas que certezas en el entorno. Si bien el Barcelona es sólido, también es cierto que le falta profundidad de banquillo. Y esto, a la larga, especialmente a partir de enero, puede pasarle factura. El Barça no hizo los deberes en verano y Valverde goza de menos alternativas de las deseadas. Hasta ahora el banquillo, con Paulinho en cabeza, ha funcionado, pero las lesiones aprietan, la carga física de los titulares aumenta y la temporada solo hace qué empezar.

Por tanto, ¿hay motivos para ilusionarse? Rotundamente sí como así lo atestigua un Ter Stegen descomunal, un Umtiti consolidado, las adaptaciones de Semedo y Paulinho, el paso adelante de Denis o la versión killer de Messi. Eso sí, la ilusión debe ir acompañado de cautela. Es pronto, queda mucho y en el fútbol un día estás arriba y al siguiente no. Al final, esa es la gracia de este bendito juego.

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