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Barça: es de bien nacido ser agradecido

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Cuesta empezar. Supongo que se juntan las muchas cosas a analizar y las pocas horas que han pasado desde la conclusión del partido de ida que el Barça disputó anoche en el Juventus Stadium, correspondiente a los cuartos de final de la UEFA Champions League. Un partido, a mi juicio, totalmente desesperante y en el que la Juventus goleó al FC Barcelona con un contundente 3-0. A lo mejor estás pensando, querido lector, que ha habido noches peores (sin ir más lejos, la de hace dos meses en París). A lo mejor también estás pensando que la segunda parte del equipo no fue tan mala como la de ese día. Y no te falta razón. Pero aunque así sea, voy a exponer a continuación los motivos por los que tengo claro que lo que sucedió ayer es más grave que el 4-0 ante el PSG.

En primer lugar, caes en errores muy parecidos a nivel táctico. Le das a Paulo Dybala la libertad que en París tuvo Ángel Di María, sabiendo que son jugadores tan parecidos como peligrosos: zurdos, habilidosos, llegadores y con buen disparo desde la frontal del área. Considero más grave lo de ayer, porque en París presentas una defensa de cuatro que a priori podía salir ganadora del duelo contra el tridente Di María – Draxler – Cavani. Pero ayer solo hacía falta ver la alineación que presentó Massimiliano Allegri para percibir que el sistema bianconero era un traje hecho a medida para que La Joya pudiera actuar con libertad en la zona de ataque, con Juan Cuadrado y Mario Mandžukić abiertos en las bandes (sí, ¡Mandžukić en banda!) provocando desajustes en una defensa de tres que a la vez debía estar pendiente de Gonzalo Higuaín, la referencia juventina arriba. Una defensa que ayer quedó desbordada, asimismo, por la poca capacidad de cobertura de un Javier Mascherano que evidenció que su conversión a central fue en su día buena para el Barcelona pero sobretodo buena para él, ya que ahora mismo es incapaz de actuar como punto de anclaje del centro del campo de un equipo que quiere aspirar a todo. Esta última frase me hace pensar en la selección argentina, pero ya hablaremos de esto en otra ocasión.

En segundo lugar, la debacle de París entra dentro de lo que se podría llamar ‘accidente’, entendiéndolo como un “suceso eventual que altera el orden regular de las cosas”. Lo de ayer no lo es. Lo de ayer es otra rampa descendente de esta montaña rusa en la que se ha convertido el Barça de Luis Enrique. La desmesurada dependencia que el equipo tiene del tridente provoca algo tan singular como lo vivido esta última semana: hemos presenciado la mejor y la peor primera parte de toda la temporada (contra Sevilla y Juventus, respectivamente). La MSN es única, y acostumbra a resolver un alto porcentaje de partidos. El problema viene en los partidos que requieren algo más. Los partidos que requieren conexión entre líneas, basculación conjunta en la transición defensa-ataque y sacrificios en tareas defensivas.

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La única nota positiva de ayer respecto al partido de París es la segunda parte del equipo, donde controló el juego, dominó la posesión y mereció meter por lo menos un gol que hubiera cambiado radicalmente el planteamiento del partido de vuelta. Un partido de vuelta del que ya he oído, por parte de un periodista de TV3, la siguiente frase: “Si le metimos seis al PSG, ¿por qué no podemos meterle cuatro a la Juventus?”. Creo que la respuesta está en la última palabra de la pregunta: Juventus.

Y esto me lleva al tercer motivo por el que creo que lo de ayer es más grave que lo de París: estamos hablando de la Juventus. Italianos, con jugadores consagrados y campeones del mundo en sus filas, con el mejor portero que hemos visto nunca… Estoy convencido que el planteamiento bianconero no se parecerá nada al que Unai Emery presentó en el partido de vuelta de octavos de final. Los jugadores de la Juventus tienen muy claro qué sucedió en el Camp Nou hace un mes y la mentalización por su parte será máxima. Además, el factor sorpresa está agotado: Allegri ha visto y estudiado las variantes que Luis Enrique puede ejecutar en su planteamiento, y seguramente lo seguirá analizando de la forma más minuciosa posible durante esta semana.

A esto hay que añadirle el hecho de que el equipo turinés ha recibido solamente dos goles en todo lo que llevamos de competición, dato que pone de manifiesto su tremenda solidez defensiva. Todo ello nos deja claro que el cometido que tiene el FC Barcelona por delante es más difícil que nunca. Pero recuerden, esto es fútbol. Nunca digas nunca, y menos con este Shambhala en el que se ha convertido el equipo azulgrana.

Y finalmente, y este motivo es el que me parece más grave, porque el equipo ya estaba avisado. La Champions League difícilmente da segundas oportunidades, pero prácticamente nunca da terceras. Te cae del cielo un partido como el de ayer, gracias a una remontada que sucede una de cada mil veces, y sales a jugarlo con una actitud muy por debajo de lo que se considera aceptable para un equipo que aspiraba (hasta hace una semana) de forma clara al triplete. Esto me parece un acto de descortesía hacia esta competición que nos había ofrecido una segunda oportunidad cuando lo normal en la mayoría de casos hubiera sido continuar viéndola desde casa. Da la sensación que el Barça no ha sido agradecido con esta Champions League, que no ha sabido aprovechar la coyuntura formada tras el espectacular 6-1 con el que maravilló a toda Europa, y que de bien seguro, puso el miedo en el cuerpo a todos los equipos presentes en el sorteo de cuartos de final.

De hecho, esta falta de correspondencia del equipo de Luis Enrique ante las constantes oportunidades que han ido apareciendo no se focaliza únicamente en la Champions League. En la Liga BBVA, el equipo blaugrana ha dejado escapar puntos clave en momentos cruciales de la temporada, cobrando especial importancia aquellos puntos perdidos en jornadas en las que un Real Madrid más que irregular ha sufrido tropiezos que en principio no estaban planeados ni pronosticados. Por eso considero que este equipo no ha sido agradecido con las oportunidades que se han presentado a lo largo del curso futbolístico. Y ya se sabe que en la vida, y por tanto también en el fútbol, es de bien nacido ser agradecido.

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