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Balón y eclecticismo: así será el Betis de Poyet

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Las ideas que Gustavo Poyet está inyectando en el Betis durante la pretemporada pasan irremediablemente por la tenencia de la pelota, aunque sin pretensiones obsesivas, y un estilo de juego que combine al unísono varias formas de atacar el área rival a través del 4-3-3 convertible en un 4-1-4-1 que el técnico uruguayo ya está puliendo.

Para ello, el Betis le ha dotado, a falta de las dos o tres últimas incorporaciones, de una plantilla que cuenta con dos jugadores por demarcación y, a su vez, de una gran polivalencia enfatizada por él mismo en la línea de centrocampistas y mediapuntas que le permitirá intercambiar piezas para aunar consistencia, dribbling, velocidad, intensidad, asociación o pase vertical en la zona ancha y adaptarse, con sus armas innegociables, a cualquier oponente.

La línea ascendente que quiere trazar Poyet, en el proyecto que marcará definitivamente su futura trayectoria por los banquillos, oscila entre el Pepe Mel más vistoso y el Merino más ordenado y pragmático para dejar a ambos atrás. Con un plus extra: su liderazgo fuera de toda duda y un trabajo físico imprescindible para alcanzar una intensidad constante, como buen uruguayo que es, que permita mantener la clarividencia y la fuerza de su propuesta durante los noventa minutos de juego y así alcanzar el objetivo que el club se ha marcado como la línea que separará el buen hacer del fracaso. Es decir, el décimo puesto. La misma posición que el Betis consiguió en la convulsa temporada pasada.

Sin miedo a construir ni a dominar

Los automatismos, a falta de seguir trabajando con las alturas de una presión elevada que será una constante que imprimir de forma escalonada, se encaminan claramente hacia una construcción sólida de la jugada desde los centrales, un mediocentro organizador que sea el encargado del segundo pase hacia los interiores bien abiertos o hacia los laterales situados ya en campo contrario y sumar, al mismo tiempo, capacidad para cambiar el ritmo y desbordar en zona de tres cuartos. Virtudes que también serán aprovechadas con transiciones y centros laterales que se mezclarán con la intención de situarse con soltura en la frontal para armar ataques posicionales a través de los triángulos de toque que conformarán los laterales, los extremos y los interiores.

El gol también debe llegar desde atrás

El Betis ha mostrado este verano mucha facilidad para plantarse con aplomo en campo contrario la mayor parte del tiempo y para asumir el peso del juego. Y para ello, es vital afinar en un trabajo que ya está marcha: los desmarques interiores, las basculaciones y las incorporaciones desde segunda línea. Este último aspecto es prácticamente una obsesión para Poyet que, con las llegadas a zonas de gol de los interiores, quiere compensar su apuesta por un solo punta. Jonas Martin, Felipe Gutiérrez, Álvaro Cejudo -a quien estamos viendo mucho como interior diestro- y Dani Ceballos –al que el míster ya ha exigido que debe penetrar en la defensa para hacer al menos una decena de goles este curso- serán fundamentales en su idea.

Aissa Mandi, el hombre imprescindible

Uno de los grandes cambios es la importancia que tomarán los centrales, una posición muy mal cubierta durante las últimas temporadas en el conjunto verdiblanco y causante de demasiados grandes quebraderos de cabeza. La incorporación de Aissa Mandi es, por tanto, básica y así lo ha demostrado desde el primer día un Poyet entusiasmado por poder contar con él. El zaguero argelino llega a Sevilla para ser el capataz que permita a la línea defensiva situarse un par de decenas de metros más adelante gracias a su talento para defender mucho espacio a sus espaldas. Es rápido, corrector, muy limpio metiendo el pie y sacando la pelota incluso con envíos largos y precisos, es un gran anticipador y está destinado a ser el jefe atrás, con Pezzella como favorito momentáneo para acompañarle en el sector izquierdo por delante de Bruno. Sus aptitudes permitirán, casi por sí mismo, elevar el bloque y dar al Betis una capacidad de mando, un control y un empaque que deben ser sus señas de identidad.

Adiós stoppers, hola organizador

La otra novedad más reseñable, además de la más que posible utilización puntual de teóricos extremos como piezas interiores, es la conversión del canterano Fabián como pivote posicional y organizador a la espera de que pueda llegar otro refuerzo que ocupe la vacante de N’Diaye aunque no su fútbol. Poyet ha puesto fin desde ya al puro músculo que entreveraba la medular bética. El joven centrocampista criado en Heliópolis, que nunca había ocupado dicho rol, está siendo seguramente la sorpresa más agradable de la pretemporada como iniciador gracias a su buen toque, su ductilidad y su técnica para saltar la primera línea de presión adversaria a través de su fina conducción aunque está por ver el grado de consistencia sin balón que puede ofrecer en un contexto cien por cien competitivo. Lo que está claro es que Fabián, que será si no un recurso a tener en cuenta como medio más adelantado, o quien llegue para llevar la manija marcarán los ágiles tempos que Poyet requiere, con Petros como tercera opción, aunque por lo mostrado hasta ahora, el equipo se resiente un poco si el brasileño se encarga de los primeros toques.

El bloque por encima de los nombres

Amputar cualquier atisbo de rigidez de cada una de los zonas del campo sin dejar terreno a toda improvisación que no provenga del talento y la creatividad de las botas de los jugadores de tres cuartos en adelante es lo que Poyet quiere de los suyos dentro de su plan global. Ese en el que cada pieza requiere de un perfecto cumplimiento de sus facetas para que la maquinaria funcione a pleno rendimiento. Las individualidades deben pasar a ser un recurso y no seguir ejerciendo como norma para superar de ese modo al Betis del año pasado que casi siempre optaba por echarse en los brazos de Antonio Adán y de un Rubén Castro, que ahora podrá vivir más desocupado para seguir sacando a relucir su pólvora sin la necesidad de ser el apoyo de todos y cada uno de los ataques verdiblancos.

Sanabria + Rubén Castro, ¿solución o problema?

El resquicio de las mayores dudas se sitúa, por ahora, en la posición de delantero centro. ¿Son Sanabria y Castro compatibles o son competencia directa? Con un sistema que pondrá en liza a un solo punta la pregunta es obvia e inevitable. El máximo goleador histórico del Betis y el gran fichaje de la temporada con un futuro brillante por delante nl parecen, a priori, poder acoplarse juntos en las alineaciones si no fuese con un 4-4-2 de base que Poyet descarta. Exigirle al canario a sus 35 años, que siempre ha rendido mejor como segundo punta detrás de un nueve que aglutine el juego más frontal, que ocupe la banda izquierda no parece la solución más eficiente. A la vez que su ascendencia e importancia ganada a base de goles y más goles se antoja difícilmente superable para el paraguayo si viene a ganarse el único puesto de killer disponible. Y su incompatibilidad puede suponer un problema, no sólo de acoplamiento sino también de jerarquía dentro del equipo.

Musonda y Ceballos: madurar es crecer

Tener una trabajada facilidad de avance y manejar muchas fases en ataque sin que encerrarse y salir de forma directa sea una de ellas será el estilo de juego del nuevo e ilusionante Betis de Poyet. Para ello, el nivel que ofrezcan Charly Musonda, Dani Ceballos, Nahuel y un Joaquín al que se está viendo muy fino físicamente serán primordiales de cara a aumentar las posibilidades de éxito del Betis, especialmente si los dos primeros se dejan tutorizar por Poyet, dejan de lado su arrebatos y sus excesos individualistas y comienzan a elegir cada vez mejor. Si lo logran, con su capacidad de giro, electricidad, regate y conducción, el techo verdiblanco no hará otra cosa que elevarse y elevarse. De ellos depende.

Querencia por el balón sin regalar posesiones ni regodearse en ellas, polivalencia, variantes y eclecticismo ofensivos, una defensa que asuma muchos más riesgos encargándose del inicio pausado sin tembleques de pulso y allanando el terreno para poner en liza un bloque general alto, amplitud, presión, verticalidad, brío, juego de posición fusionado con pelotas largas a la espada y aprovechamiento de las espacios para transitar, chuts lejanos, pases filtrados, triangulaciones en los picos de área, dominio y control en la mitad rival, oportunismo, pegada, el necesario trabajo de doble sentido por parte de los interiores llegadores, movilidad, piernas e intensidad. Todo eso y más es lo que Poyet quiere de sus futbolistas.

Hacía mucho tiempo que el Betis, que ya cuenta con más de 35.000 abonados, no encaraba una nueva temporada con tantas ganas de comprobar que la ilusión generada entre sus aficionados va a verse recompensada y que el equipo va a colmar la expectativa previa para confirmarse como un candidato a Europa que se instale definitiva y paulatinamente en la zona noble de La Liga. Un entusiasmo que, esta vez sí, tiene ya en pie unos sólidos fundamentos. Y Gustavo Poyet, el máximo exponente de la nueva era que apenas ha comenzado, es el principal de todos ellos.

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