Fútbol Europeo

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Balón de Oro, más de lo mismo

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Quiero empezar aclarando que este texto no tiene la intención de ser una crítica a Cristiano, en absoluto. Respeto muchísimo a Ronaldo y admiro su calidad. Tiene ese carácter competitivo que roza los límites de la aceptación de algunos, y ha traspasado los de otros . Pueden gustar más o menos sus gestos, sus celebraciones y sus enfados, pero hay que estar ciego para negar sus evidentes cualidades. No escribo esto con la bufanda acomodada. Aunque es evidente que mi armario tiene un cajón con estas prendas, me gusta firmar líneas bajo la honestidad y la respetabilidad hacia este deporte que tanto nos apasiona. Sencillamente, me atrevo a dar mi opinión. Con la que puedes estar de acuerdo o, por supuesto, discrepar.

Cristiano ha recibido su cuarto Balón de Oro, otorgado esta vez por su propietario original, tras la separación con la FIFA para dicha entrega. France Football anunciaba el nombre del dueño del 61 esférico dorado. Quiso innovar nombrando sus 30 candidatos en redes, creando una expectación que ha querido alargar también con el anuncio del ganador, sin demasiado éxito. Un premio con el pronóstico acertado.
Cristiano hizo méritos para hacerse con el galardón, pero no fue su mejor año. No obstante, el último penalti en Milán le puso el trofeo de cara. Y que Portugal ganara una Eurocopa, que dejó sensaciones un tanto extrañas, también. Una lesión le hizo salir del terreno de juego, privándole de disputar la totalidad de una final anhelada. Sin embargo, su papel desde la banda recorrió las páginas de los medios. Quizás, otorgándole algún reconocimiento de más, que restaba la relevancia de Fernando Santos. Realzando aquella exageración que tan bien se les da a algunos medios de comunicación. El caso es que los lusos hicieron historia con su primera Eurocopa, siendo esto el colofón de un Balón de Oro anunciado.

So happy and glad to win. Thanks Real Madrid and Portugal National team.amazing year. Simmmmmmm💪🏽💪🏽💪🏽💪🏽

Una foto publicada por Cristiano Ronaldo (@cristiano) el 12 de Dic de 2016 a la(s) 12:22 PST

Algunos no nos conformamos con los resultados. Observamos el hartazgo de este premio que laurea lo mediático. Un galardón votado por periodistas y que da para hablar de ello durante medio año. Los periódicos dicen la suya para apoyar la candidatura que barre hacia su casa, creando una especie de campaña de alegato. Y el fútbol, lo que de verdad importa, cobra un peso menor.

La cuestión es: ¿Qué se vota? ¿Qué cobra más puntos para el votante en el momento de su elección? ¿Debe ser para la estrella del equipo más laureado, independientemente de si tuvo una actuación estelar? ¿Para el jugador que suma más trofeos con equipo y selección? ¿Quizás los goles son relevantes? En tal caso, la exclusión a otras posiciones es toda una evidencia. O, ¿Tal vez para el mejor jugador del año? ¿O del mundo?

Detengámonos aquí. Señores, si el premio corresponde al mejor jugador del mundo, creo que hasta que Leo Messi disminuya su rendimiento, deberían entregárselo cada año. Demos al play de cualquier vídeo que recopila algunas de sus maravillas. No hay color. Sencillamente se trata de un jugador único, convertido hoy en un futbolista con más inteligencia visual y creativa. Su deslumbrante movilidad, la generosidad transformada en asistencias. Caños, regates y tiros de falta con el efecto de una rosca, que se encaja en las escuadradas que protegen los guardametas más heridos. Leo Messi es de otro planeta. Se desconoce de dónde proviene lo que la naturaleza le ha concedido. Pero aterrizó aquí, en el planeta Tierra, en La Liga española, para deleitar a exigentes y enamoradizos espectadores, complaciendo la totalidad de la atmósfera del fútbol.

Repito, no es una cuestión de bufanda. Tengo alabanzas para un sinfín de jugadores. Sencillamente, Leo es el sinónimo de una perfección que reúne las características de un jugador extremamente completo e inimitable.
Quizás no sea tu predilecto o valores otras zonas de juego para ilusionarte con un jugador. Sin embargo, todo lo que hace Messi suma semana tras semana, reflejando en el resultado de la operación la etiqueta negra del gourmet.

Supongo que para disimular el aburrimiento que puede producir una repetición constante, se va repartiendo el cuero de metal en ambas casas soberanas. 9 balones para Messi y Cristiano, desde aquel último que se llevó Kaká en el 2007.

Me parece llamativa esa diferencia abrumadora de 429 votos. No debemos olvidar que Messi sumó a su palmarés una Liga, una Copa y una Supercopa. Pero sí, lo sé, la Champions League y la Eurocopa son dos competiciones europeas que dotan de gran envergadura. No se trata de criticar que el voto se otorgue por tal valor, sino de reclamar que se exponga un equilibrio que corresponda en cada edición. Es inevitable no recordar ese Mundial que alzó España. Tras ello, Xavi e Iniesta se quedaron a las puertas de ganarlo, mientras Leo se afianzaba el segundo. En eso se apoya parte de la afición madridista, que siente ofensiva la duda del último galardón. Estoy segura de que en can Barça muchos estuvieron en total disconformidad por privar a Xavi y Andrés de tal distinción. Precisamente por ese equilibrio, el que indicó con Cannavaro la transcendencia de un Mundial, que cuatro años más tarde no gozaría de la misma relevancia.

Cuando en 2014 Neuer tampoco lo logró, su compañero Robben había destacado del guardameta alemán: “Es la locura, se lo merecería. Es portero y defensa en una sola persona. La calidad habla a favor de él.” Y aunque también reconocía el mérito de los dos astros que le acompañaban en el podio de finalistas, dijo sobre ellos que eran “marcas mundiales”. Además, reconoció no haberle votado: “Manuel lo merecería pero yo soy el capitán de mi selección y no pude votar por él”. Durante estos años en los que se fusionó el Balón de Oro y el premio de la FIFA, seleccionadores y capitanes han estado concediendo sus votos con el guiño del compañerismo. El hecho de hacer públicas las votaciones, ha sido para casos de excepción toda una acción llamativa, llegando a ser cuestionada o incluso mal vista.

Tal vez, entre todos los interrogantes que engloba elegir a un jugador, debería predominar quién fue el mejor jugador del año. Quién fue clave en la evolución de un equipo y en sus logros. Qué jugador explotó y se confirmó en la cima.

Si se valoraran estas cuestiones, el podio daría cabida a jugadores destacados, en el que podrían ausentarse de vez en cuando Messi o Cristiano, con los debidos respetos. Separar el mejor del mundo y el mejor del año. Dar la oportunidad a otros futbolistas que firman temporadas brillantes. No sé si eso interesa, sin embargo, sería más atractivo para los propios jugadores, y crearía más intriga para el espectador de fútbol.
Sin ir más lejos, Luis Suárez, Antoine Griezmann o Rihad Mahrez. Este año, una tripleta que hubiera podido desbancar la reiterada corona. Suárez, cuarto en la clasificación, fue Pichichi y Bota de Oro. En la tendencia de cifras de escándalo de La Liga, se agenció una suma de 40 goles, de los cuales sólo tres fueron desde los 11 metros que marca la pena máxima. Jugador clave en las tres competiciones conquistadas por el F.C. Barcelona, con la máxima característica que definió una temporada que le catalogó como el mejor nueve: su inagotable insistencia.

Griezmann, tercero en el podio, completó una temporada en la que se consagró en la élite del fútbol. La evolución y el desarrollo de una etapa de madurez. Aunque perdiera ambas finales, Antoine fue decisivo para llegar a ellas. Icono del Atleti y protagonista de un país, Francia. MVP y máximo goleador de la competición europea.

Mahrez, séptimo, entre la lista del top 10. Mago con sombrero y pajarita, pura clase y talento. Mejor futbolista del año africano por la BBC, MVP de la Premier League y protagonista de un sueño que se asemejaba imposible y se hizo realidad. Tres historias que escribieron un año de fútbol admirable.

La broma del Balón de Oro inicia antes de que se empiecen a ejecutar las votaciones. Volvieron a olvidarse de Busquets, el tipo que lo hace todo bien, sin demasiado ruido, sin tanto reconocimiento. Además de ésta, varias fueron las ausencias en los 30 nominados. ¿Dónde estaba KantéBale, que lideró la hazaña de Gales, quedando a las puertas de la final de la Eurocopa, sólo fue sexto. Modric, curiosamente, quedó en decimoséptima posición. Y la broma, de mal gusto por cierto, termina con el nombre de Iniesta sin ningún voto. Sí, nadie se acordó de Don Andrés.

Si quieren premiar al mejor del mundo, a mi parecer y a día de hoy, no hay quien le haga sombra. Si deciden votar al mejor del año, que es como debería ser, que sea con justicia y conciencia.
Veremos qué se avecina con el premio The Best de la FIFA. Probablemente, un poco más de lo mismo.

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