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Bale, por imperativo

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Desde su llegada allá por 2013, Gareth Bale ha sido objeto de controversia en el juego del Real Madrid. El galés no ha terminado nunca de justificar el montante de su traspaso. Durante las cuatro temporadas que ha vestido la camiseta del club de Concha Espina no ha mostrado la vitola de superioridad que dejó impresa en los reputados escenarios de la Premier League, y con la cual arribó en la capital de España.

En el ‘haber’ de un balance general figuran las estadísticas de sus dos primeras temporadas en el club blanco que contrarrestan con el ‘debe’ de la influencia de su juego y la incidencia de su figura en las dos últimas campañas. Tanto Ancelotti como Zidane han alternado sus apariciones entre la media punta y la banda derecha; pocas son las veces que se le recuerda partir desde su costado natural.

Independientemente de su posicionamiento en el terreno, la influencia de su juego nunca ha sido demasiado destacada en el fútbol del Real Madrid. Solo se le recuerdan algunas acciones aisladas como la galopada en la final de la Copa del Rey ante Marc Bartra, que le dio el título a los blancos, o aquel cabezazo a rechace de Courtois que cerró la remontada en una épica final de Champions League frente al Atlético de Madrid en Lisboa.

Su incidencia en el Real Madrid de Zidane ha sido prácticamente testimonial. Sus permanentes problemas musculares han dejado al Galés fuera de juego durante largas partes de las dos últimas temporadas, pero cuando ha estado disponible su nombre ha aparecido rotulado en el once inicial casi por imperativo; aunque nunca exento de debates en referencia a su titularidad.

Para entender el fondo de estos debates, para comprender el porqué de las dudas suscitadas en cuanto a su influencia en el juego del Real Madrid analizaré las variantes tácticas que ha utilizado Zidane, tanto con su figura como con el esquema global del conjunto blanco.

EL CLÁSICO 4-3-3

Es el sistema más utilizado por Zidane durante la temporada y media que ha dirigido como técnico principal al Real Madrid. En este esquema Bale siempre ha partido en banda derecha para terminar percutiendo en conducción hacia la media punta. Esta situación condiciona comportamientos, propios y ajenos, positivos y negativos.

Positivos

El propio aprovechamiento de las condiciones de disparo de Gareth; aunque hay que remontarse lejos para recordarle algún gol de esta factura.

Las inclusiones interiores tanto de Bale como de Ronaldo – actúa en banda izquierda en este sistema – permiten la profundidad de Marcelo y Carvajal, que generan superioridad en el ataque y constituyen un recurso más para producir desequilibrios con sus apariciones por el exterior.

La calidad asociativa de Benzema le permiten a los extremos, en sus conducciones interiores, buscar el desborde con su apoyo – que provoca la salida del central y la generación de espacios – para realizar paredes ocupando los espacios generados en posiciones de finalización.

Negativos

Kroos y Modric, aunque llevan la manija del juego y mantienen un dibujo fiel al de dos mediocentros puros, siempre tienen la libertad de asomarse al balcón del área, para en ocasiones buscar el último pase o probar fortuna con sus magníficos golpeos exteriores. En este sistema estas situaciones se ven limitadas debido a las apariciones de los extremos, que tienden hacia el interior, ocasionando muchas veces que el equipo se atasque en el juego posicional.

La falta de un enganche en la media punta ocasiona que la capacidad de convertir del Real Madrid, en esta situación, se limite a los posibles golpeos exteriores o al recurso de los centros de los laterales en sus desdoblamientos, con las sumas de los extremos en zonas de remate, recurso válido, pero mayormente subsanable por parte de las defensas rivales.

En el 4-3-3, en ocasiones muy puntuales, Bale ha partido desde el extremo izquierdo, posición en la que considero que más beneficio puede entregarle su juego al del equipo. Aunque con su participación en esta demarcación le surgen varios problemas al Real Madrid. Marcelo pierde incidencia por fuera en sus desdoblamientos. Si Bale abre el campo con su pierna natural en la búsqueda de espacios para encarar y desbordar, Marcelo se ve forzado a buscar el interior, y ahí pierde presencia por fuera, donde el brasileño es realmente determinante.

Otro de los problemas importantes radica en la posición de Cristiano Ronaldo, ya que lo lógico sería que partiera en banda derecha, donde pierde toda la incidencia de las características de su juego – incursión hacia el interior para generar situaciones de finalización – que no solo es el mayor registro goleador del luso, sino que también lo es de todo el Real Madrid.

 

LA VARIANTE DEL 4-3-1-2

En esta variante Zidane ha colocado a Bale partiendo en la media punta. Esto provoca la pérdida de la velocidad con espacios del galés, que es su mejor recurso capacitivo. En este esquema Bale tiene la libertad de moverse por toda la franja de la media punta, con la única opción de la búsqueda del espacio para ensayar el golpeo. El de Cardiff no se caracteriza por su capacidad asociativa, es más, es una de las mayores carencias del futbolista. Y otra vez, como en muchas otras situaciones, el equipo se vuelve a estancar ante rivales que obligan al Real Madrid a jugar en posicional.

Considero que en un sistema en el que permites la libertad de toda la franja de la media punta a un enganche, este debe ser precisamente eso; un enganche que enlace el fútbol de los mediocentros para conectar el último pase con los dos puntas, o realizar aperturas hacia las apariciones exteriores de los laterales.

En situaciones tan explicitas como estas suena fuerte el nombre de Isco, al que considero el futbolista más determinante que tiene el equipo blanco desde hace dos temporadas, con sus altibajos incluidos. Un futbolista diferente, capaz de controlar el tempo, de transformar el juego. Un futbolista que ostenta la virtud de alterar el transcurso del partido a su antojo, uno de esos pocos que genera la incertidumbre de sacar la genialidad de su chistera para ganar un partido en tan solo un detalle, uno de esos que debe ser imprescindible.

Cabe destacar la posibilidad de que, en esta variante, y ante la carencia de delanteros en la plantilla del Madrid en esta temporada 17/18, Bale ocupe junto a Ronaldo la lanza del equipo. De esta manera, Bale dispondría de la libertad de espacios que demanda su juego, la posibilidad de alternar su movilidad con Cristiano Ronaldo, y la probabilidad de encontrar fácilmente situaciones de finalización.

EL EQUILIBRIO DEL 4-4-2

El hermetismo que consigue el Real Madrid con el 4-4-2 es para mi la mejor opción para competir de los de Zidane. El equilibrio en las transiciones defensivas – carencia de la historia reciente del Real Madrid – que logra con las bandas cubiertas es la mejor forma de lograr minimizar el daño que suele recibir en situaciones en las que, sin este esquema, se desordena con facilidad.

Tengo que reconocer que soy un absoluto obseso del orden táctico, me enamora un equipo que presente unos automatismos defensivos que logren compactar al equipo con rapidez detrás del balón para evitar que el rival castigue los espacios, aunque sé que lograr esto dentro de una tesis futbolística vertical es complicado. Sobre todo en un Real Madrid que nos tiene acostumbrados a estirarse con velocidad cada vez que tiene la mínima opción de hacerlo. Y claro, cuanto más rápido se va hacia delante, más rápido hay que volver hacia atrás.

Es exactamente por esto que pienso que el 4-4-2 es el sistema con el que el equipo de Zidane logra competir con mayor solvencia, ya que logra conseguir el control de los partidos con más superioridad. Sobre todo porque la incursión de futbolistas como Asensio, Lucas Vázquez o el propio Isco, no solo le otorgan – con sus características – esa capacidad de correr en conducción, generar situaciones verticales con espacios, desatascar al equipo en situaciones de juego posicional o originar situaciones de último pase. También le suman la actitud de regresar en las transiciones defensivas para compactar al equipo defensivamente detrás de la pelota, equilibrar sus líneas, y fortalecer la recuperación del balón.

Con el crecimiento de Asensio, la presencia imprescindible de Isco y la necesidad de equilibrio que creo que debe mantener el equipo resulta chocante que Zidane siga empecinado en buscarle un lugar a Bale a toda costa. Está tesitura solo me permite pensar que el marketing – que rodea y casi se adueña del fútbol actual – es el encargado de que en los rótulos que anuncian la alineación inicial del Real Madrid veamos plasmado semana tras semana a un Bale por imperativo.

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