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Ayer soñé ser tú

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Ayer soñé ser tú. Sí, tú. Rafa Nadal. Y no fue divertido, a pesar de lo que pueda pensar todo el mundo. Me levanté con sudores fríos. ¿Sabes esa sensación de caer por un precipicio en tu propio sueño? Esa fue la sensación que tuve anoche cuando yo, un simplón, era tú, don Rafael Nadal. No fue placentero ese sueño, ¿sabes por qué?

Porque es muy difícil ser tú. Con dieciocho años te echaste a un país, a tu nación, a las espaldas para conseguir un punto importantísimo ante Andy Roddick, número 2 del mundo, que posteriormente confirmaría Moyá para darle la segunda ensaladera a España. La primera piedra en la mochila que cargarías tú, Nadal,  nada más empezar ya eras un referente. ¿Duro?

Porque tienes mucha presión encima. Campeón. Campeonísimo de todo. Y campeonísimo en la forma de conseguirlo todo. Maestro de la tierra y guerrero de las otras superficies. Él ha conseguido brindar de esperanza a España, de que todo es posible, y que una victoria se puede conseguir tanto en Paris como en Londres, tanto en tierra como en hierba. Solamente hace falta creer en uno mismo. Y él nunca puede dejar de creer, ya que en sus actuaciones están puestas las alegrías de una nación. ¿Complicado?

Porque es un ídolo nacional. Abanderado en los JJOO de Londres, donde no pudo realizar la ceremonia ni participar por lesión, quizás su derrota más dura. Abanderado en los JJOO de Rio de Janeiro, donde alzó la bandera de España hasta lo más alto del cielo brasileño. Y si por los españoles fuera, sería abanderado una y otra vez, sin dudarlo ni un momento. Con los ojos cerrados todos dirían, yo quiero que me represente Rafael Nadal. Una sola persona tiene toda la confianza de un país, la caída podría ser muy alta, ¿no?

Por qué… por qué… por qué… Así podría decir miles de razones de por qué es difícil ser un referente en tu país. Ser un pionero en algo conlleva una enorme responsabilidad para dicha persona. Pero ser un pionero en traer esperanza y convicción para conseguir todo lo que uno se proponga es casi imposible de aguantar para un ser humano, y más, durante tanto tiempo. Muchos “porqués” y solo hace falta un “pero” para que todo se desvanezca, para que todos los “porqués” se vacíen de valor, y ese “pero” se llene de importancia.

Os presento al famoso “pero”, que tiene nombre y apellidos: Rafael Nadal Parera. No existe una espalda más fuerte y sólida para cargar toda esa responsabilidad que la del mallorquín, y encima disfrutar todo ese camino como si de un niño con juguetes nuevos estuviéramos hablando.

Ayer soñé ser un referente, un ídolo para todas aquellas personas que depositan sueños individuales en la fuerza y esperanza que transmite un hombre con una raqueta. Anoche soñé ser tú, Rafa, y sentí miedo y envidia. Miedo por todo lo que tienes que soportar, y envidia por lo bien que lo soportas.

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