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Aviso de bomba en el Santiago Bernabéu: se cumplen 10 años

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Corría el 12 de diciembre de 2004, cuando se produjo algo insólito en el fútbol español. Minuto 88 del partido que enfrentaba al Real Madrid y a la Real Sociedad en el Estadio Santiago Bernabéu. El colegiado Vicente José Lizondo Cortés recibió una llamada del cuarto árbitro y no lo dudó, decidió suspender el partido. Nadie entendía lo que pasaba, los jugadores preguntaban una y otra vez qué era lo que estaba ocurriendo, pero no hubo mucho tiempo para respuestas. El estadio entero tenía que ser desalojado por una amenaza de bomba.

Recordemos que el fatídico 11-M estaba aún muy presente y el miedo a vivir algo similar invadía el pensamiento de todos los que estaban allí en ese momento, así que la decisión del árbitro fue rápida y tajante. ETA había realizado una llamada al diario Gara para informar de que un artefacto explosivo estallaría en el Santiago Bernabéu a las 21.00 horas, poco después de que finalizara el partido.

La reacción del público y de todos los operarios fue ejemplar. La evacuación se llevó a cabo sin incidentes, incluso se abrió el acceso al césped para que los aficionados pudieran abandonar el estadio con mayor rapidez. En poco más de ocho minutos el Bernabéu quedó vacío: 70.000 mil personas fueron desalojadas y esperaban preocupadas en la calle. El éxito de aquella actuación recayó indiscutiblemente en el árbitro. Lizondo Cortés conocía el motivo real por el que debían abandonar el estadio, pero no se lo dijo a nadie pese a las insistencias. Así lo contaba en una entrevista para el diario Marca: “A mí me dijeron el motivo, pero no se lo transmití a los jugadores. Tenían familiares en el campo y la situación se podía haber complicado y trasladarse a toda la grada, y eso era lo que no quería nadie”. Los jugadores, sin noticias, pero el público se había enterado por la radio -tan inmediata, oportuna y determinante como siempre- de lo que ocurría y se tomaron muy en serio la amenaza.

Real Madrid v Real Sociedad

Con todo el mundo a salvo, la Policía tomó el mando. Había que inspeccionar todos los rincones del estadio en busca de aquel artefacto. Y entonces llegó la sorpresa. No había ninguna bomba, no había absolutamente nada. Todo había sido un engaño. Uno más por parte de aquel grupo terrorista en su empeño por aterrorizar a un país entero con sus acciones. Así las cosas, a las 21:15 de la noche, la Policía permitió entrar a los jugadores de nuevo al campo. El Ministerio de Interior más tarde respaldaría el operativo asegurando que la amenaza de bomba era “creíble y real”.

El partido se reanudó el 5 de enero de 2005, víspera del Día de Reyes. Quedaban seis minutos por jugar -dos del tiempo reglamentario y cuatro de añadido-. Se abrieron las puertas de nuevo a un Bernabéu que respondió sin miedo. Por aquellas fechas aún faltaban siete años para el fin de la violencia de ETA, pero la respuesta de los aficionados mostró una vez más el rechazo a vivir bajo un terror impuesto y cobarde.

Por cierto, el partido acabó con un resultado de 2-1 a favor de los blancos, pero ese día no ganó el Real Madrid ni perdió la Real, ese día ganó el fútbol. Ganamos todos.

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