Atlético

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Atleti, el momento es ahora

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113 años recién cumplidos y con salud, como un roble, con un presente extraordinario, un pasado lleno de altibajos tocando el cielo y bajando a los infiernos y un futuro, al menos a corto plazo, maravilloso. Así es el Atlético de hoy, fiel a su historia, y a su filosofía.

Aún perviven en la memoria las imágenes del 15 de mayo de 1974, un Atlético lastrado por las bajas disciplinarias tras la ‘batalla de Glasgow‘ se presentó en Heysel ante una hornada de jóvenes alemanes que marcarían una época desde aquella noche y durante todo el resto de los 70. Tras acabar el tiempo reglamentario empate a cero, la prórroga decidiría el ganador. Allá que fue Becerra, puro corazón, y provocó una falta en el borde del área para que el veterano ‘8’ del Atlético batiera a Maier con una perfecta ejecución. La inexperiencia, la picardía, el último esfuerzo, la suerte… todo jugó en contra del Atlético de Madrid en el último minuto en el que Schwarzenbeck, o así decían que se llamaba, marcó desde fuera del área un disparo que Miguel Reina no pudo atajar, despejar o volar con un rayo sónico aquel dichoso balón que se incrustó cerca de la cepa del palo derecho en el minuto 119. Ahí acabó el Atlético de Madrid de disputar la final, no hubo penaltis en esa edición y dos días después se disputó en el mismo estadio la reedición de la final de la Copa de Europa donde el Bayern Múnich arrasó al Atlético que no estaba recuperado, ni física, ni mentalmente tras el esfuerzo y los hechos acaecidos 48 horas antes.

El magistral lanzamiento de Luis para el 1-0 de 1974

El magistral lanzamiento de Luis para el 1-0 de 1974

Casi cuarenta y dos años han pasado desde aquella noche, cuarenta y dos años con una herida que lejos de cerrarse se abrió en la final de Champions League de hace dos temporadas. Dos crueles finales, dos castigos del fútbol. Decía Luis Aragonés, y otros tantos, que ‘el fútbol siempre te da opción de revancha’, y es verdad, la revancha llega y el momento es ahora. Aunque de aquel equipo de fornidos bávaros queda más bien poco, aún resisten sus figuras en los estamentos del club, unos señoriales y otros más bocazas, en cada casa siempre pasa lo mismo. La globalización y el fútbol moderno ha mutado, y en los alemanes ahora hay marroquíes, brasileños, franceses, neerlandeses, españoles y polacos que quizás no recuerden esa época dorada de su equipo.

Al fin y al cabo ¿qué son cuarenta y dos años?, cuarenta y dos años se resumen en 180 minutos de fútbol, 3 horas en las que los recuerdos inundarán la mente de los que estuvieron en Bélgica, de los padres que transmitieron a sus hijos lo que allí ocurrió, 2 partidos en los que cuando falte la gasolina, los feroces bávaros acechen con su juego preciosista y a su entrenador se le ocurra la penúltima maldad y giro de guión, cuando las fuerzas flaqueen, hay que empujar, empujar por los 55.000 que nos reunamos allí, y por los que desde el tercer anfiteatro vean, por fin, que ese viaje a Bruselas tuvo un final feliz.

Ganar, ganar, ganar y volver a ganar | Getty Images

Ganar, ganar, ganar y volver a ganar | Getty Images

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