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Así es Gustavo Gómez, nuevo central del Milan

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Ante la falta de acuerdo económico momentáneo con el Villarreal por Mateo Musacchio, el Milan ha virado su objetivo para reforzar el centro de su defensa con Gustavo Gómez. Un fichaje que ha sorprendido por su perfil semidesconocido a nivel europeo a pesar de su reseñable coste: ocho millones y medio de euros.

A priori, la llegada del central de Lanús a Casa Milan podría sonar como el enésimo fiasco potencial en materia de incorporaciones en los últimos años. Un defensor sudamericano, aterrizado directamente desde la liga argentina que podría hacer recordar a nombres como el del lateral Grimi, que pasaron sin pena ni gloria por la capital lombarda. Sin embargo, las características de Gustavo Gómez -que fue junto a Víctor Cuesta el mejor central del pasado torneo argentino- casan notablemente con la idea del nuevo Milan que está inyectando Montella y van en la misma línea del juego del que se espera que sea, si no llega ningún otro futbolista para esa parcela, su compañero en la zona izquierda: Alessio Romagnoli.

Gustavo Gómez es un central que se siente cómodo jugando muy adelantado debido a su predisposición genuina para el achique, para acudir al anticipo y para dar siempre pasos adelante y gestionar la pelota con mucho aplomo. No en vano, fue el jugador del Lanús campeón que más pases realizó por partido en el pasado torneo argentino a las órdenes de Jorge Almirón, un técnico de un gusto propositivo muy similar en ese sentido a la visión de Vincenzo Montella. Ambos obsesos de salir raseando desde atrás.

Si domina esos ademanes innatos para plantar la defensa cuanto más arriba posible mejor y su pareja de baile hace lo mismo, al contrario que lo que pudo verse en la Copa América Centenario con un central más conservador como Paulo da Silva al lado, sus imponentes condiciones físicas y técnicas que aúnan altura, corpulencia, potencia y destreza con la pelota en conducción y entregas, debería asentarse sin grandes dificultades añadidas como titular. Más aún si Zapata o Paletta, dos centrales mucho más veteranos y pasivos y que sufren jugando a campo abierto, van a ser su única competencia directa. Si lo logra, con esa capacidad para asumir riesgos con naturalidad y eficacia, es un defensa hecho para un equipo que quiere llevar la batuta del juego.

A sus 23 años, Gustavo Gómez quiere y puede convertirse en mucho más que en el primer paraguayo de la historia en vestir la casaca rossonera. Su valentía será esencial para Montella junto a su gran acierto en el pase, muy por encima de la media en Argentina, donde ha destacado sobremanera en un fútbol que abusa del despeje revoleado. Un central muy robusto y destacado en el juego aéreo cuya apariencia puede llevar a engaño, ya que tiene como obsesión salir jugando después de cada cruce y al que le encanta adentrarse en campo contrario en conducción si tiene el panorama despejado, para dar el primer pase que active el ataque y, más aún, que lo acelere en primera instancia. De ahí la importancia que adquirió con Almirón en Lanús.

Su corpulencia le permite también cerrar con candado el área y dominar las coberturas aunque puede sufrir si la circulación adversaria es alta, precisa y basculante en zona de tres cuartos, ya que con su cuerpo puede acusar los giros que se vea obligado a realizar a cierta distancia del balón, un hecho que compensa con su fantástica pericia en el cuerpo a cuerpo, capaz de sujetar de cerca a cualquier delantero que se mida con él pero ante el que puede dejar a la vista ciertas carencias a la hora de medirse ante regateadores que le encaren de lejos y en carrera sin ser, ni mucho menos, un central lento.

Muy concentrado al corte y sin dejarse llevar por excesivas vehemencias, Gustavo Gómez tiene precisamente en este tipo de duelos individuales una de sus más obvias virtudes gracias a su gran lectura de la situación, que le permite hacer de ellos una cuestión simple. Acostumbrado al 4-3-3 que usará también Montella, el guaraní permite siempre al lateral contiguo posicionarse bien arriba sin importarle tener que salir de su zona en transición defensiva y además, sabe iniciar muy abierto para que el organizador se inserte entre centrales y gestione la base de la jugada, a pesar de que él también es perfectamente capaz de hacerlo y de buscar siempre la verticalización, que es otra de sus más destacadas facetas, mediante la búsqueda habitual del pase punzante por abajo, además del desplazamiento largo que también dibuja con acierto.

Con un gran timing para el quite, tanto en los tacklings como por anticipación y con sapiencia para leer el momento de acometer la embestida sobre el balón. Era el central de mayor peso circulatorio y en salida en Lanús. Motivos suficientes para que el Milan tuviese que batir el concurrido interés por hacerse con sus servicios pues el Spartak, el Besiktas, el Valencia, la Fiorentina o el significativo Sevilla de Sampaoli fueron los equipos que también se relacionaron previamente con su fichaje.

Montella ya tiene a su particular Gonzalo Rodríguez en versión rossonera y aunque Gustavo Gómez no tiene el liderazgo innato del argentino, al menos todavía, sí posee esa tipología de jerarquía en su fútbol pero es más limpio a la hora de acudir al achique fuera de zona para limpiarle el balón al rival. El hándicap para el Milan puede ser que, con una zaga formada por Gómez y Romagnoli, acuse cierta escasez de juego subterráneo y experiencia.

Su fichaje, por tanto, parece una incorporación atinada por sus meras características y por ser un perfil bajo cuyas aptitudes casan con la que se supone que es la idea que vertebrará al equipo. Aunque en el Milan siempre hay que hablar con reservas. Y aunque no dé para ilusionar a nadie, puede convertirse en una pieza básica debido a su solidez, idiosincrasia y fundamentalmente, porque Montella necesitaba como el comer un central titular de ese corte atrevido con el balón y de notable tono defensivo con metros a su espalda.

Sus pulidas y excelentes condiciones que incluyen un físico compacto, una combinación muy compensada de velocidad y fuerza física, un muy buen pie, una velocidad de reacción poco habitual para sus hechuras y una alta agresividad bien entendida son aptitudes que conjugan muy bien con Montella y, a su vez, perfectamente exportables a una liga de mayor nivel como la italiana si se encuentra, como parece, con el contexto futbolístico apropiado.

Gustavo Gómez es un futbolista que, de primeras, puede parecer un fichaje poco importante para el nuevo Milan del capital chino que tantos refuerzos de nivel necesita pero que, a poco que consiga adaptarse a los ritmos de la Serie A y si no tiene competencia de mayor nivel, debe ser una pieza fundamental en el centro de la zaga rossonera dentro del particular y asociativo estilo que Montella tiene como seña de identidad y cuyo primer objetivo es exportar, pulir y hacer funcionar a pleno rendimiento tras tres temporadas en las que el Milan no consigue acceso a competición europea. Y Gustavo Gómez es un motivo más para pensar que esa vuelta a la escena continental es perfectamente posible. Por fin.

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