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Arda Turan: El Henry Gondorff del Atleti

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Mi viejo amigo Tino Callado me lo dijo una noche entrando al estadio: “Muchacho presta atención. Hoy echan El Golpe en el Calderón”. Mi respuesta, inmediata, “¿y quien hace de Paul Newman?”

                  – Fíjate en Arda, es el mejor embaucador. Ya tiene el siguiente timo preparado. Piensas que es lento pero ganará en carrera conduciendo el balón; no tiene aspecto de jugador sacrificado, pero deja el alma en cada jugada. Maldita sea, hasta cuando resbala por el suelo y crees que se alzará ensuciado, él se levanta tan elegante que parece que las manchas se las haya hecho su sastre.

Arda Turan apenas pasa del metro setenta y cinco, pero le basta presencia. En cada saque de banda es el jugador de referencia para aguantar el balón. Lo recibe conteniendo a rivales más poderosos encimándole, para luego elegir la opción más dolorosa para el rival. Su físico es la casa de apuestas de Henry Gondorff: el tinglado perfecto. Sus piernas cortas invitan a los laterales más rápidos a medirse en carrera. Cuando el defensa cree que ya le tiene Arda hará un recorte y quedará como Blue Note, vencedor en la cuarta carrera de Narragansett, mientras el defensa hace acopio de valor para recoge los restos de su dignidad por el camino.

En Arda el atrezzo es impecable. Incluso su corte de jugador habilidoso, habitualmente con libertad de movimientos para cualquier otro equipo, es una celada en el Atlético de Madrid. Rigurosamente situado en una de las dos bandas, opera como vértice entre las subidas de los laterales y la delantera, generando superioridades y tanto desconcierto que, en ocasiones, algún adversario ha vuelto al vestuario con algún dólar falso camuflado en el pantalón. Hasta su habitual sonrisa en el campo de juego quedó como un disfraz, al surgir su lado más visceral lanzando una bota a un juez de línea o dejando paso a las lágrimas, como en el Camp Nou, al ser cambiado tras lesionarse en la última jornada de la liga pasada.

Arda es el verso libre del Atleti, el jugador capaz de saltarse la partitura y generar desequilibrios, de improvisar, de idear el plan. Criado en Bayrampasa (Estambul), unos de esos barrios humildes donde uno a lo más que aspira es a que escriban tu nombre en la ficha policial sin faltas de ortografía, se acostumbró a jugar al futbol en calles estrechas, donde perfeccionó su habilidad para regatear en espacios inverosímiles como el que es capaz de barajar un mazo de naipes con una sola mano. Si hay jugadores que te regatean en una baldosa, Arda ahí, te organiza un torneo de póker. Si ofrece el balón es para pisarlo y hacerlo desaparecer; si se gira ya tiene decidido el pase; si te encara date por muerto: sacará cuatro ases.

Pero Arda no es un trilero. Los timos fáciles, en territorios estériles, son para otros, no le interesan. Él se dedica a timar a lo grande, en zonas comprometidas con rivales de entidad, donde se decide el partido. No le valen los regates de cara a la galería carentes de profundidad. Los regates de bisutería son para otros. Lo suyo es embaucar cuando es decisivo. Las ostentaciones no le interesan. Él, una vez dado El Golpe es capaz de fugarse sin esperar a recoger su parte del botín.

Para ello es capaz de estar de incógnito en el campo muchos minutos. O algunos partidos. Incluso su rol cuando llegó al Atleti estaba encubierto. La propuesta exótica en el verano post Agüero, que despertó temores en no pocos aficionados acostumbrados a los fracasos de estas aventuras, era la del actor secundario en un equipo que tenía en Falcao y Diego Ribas sus banderas. Las continuas fugas de sus estrellas, como en un Quien es Quien, fueron eliminando al colombiano y al brasileño –dos veces-, a Diego Costa o Courtois, hasta dejar al otomano como ojito derecho de la afición, con Koke de alumno aventajado en el papel de Johnny Hooker.

Ahora Arda ya no pasa inadvertido. El FBI le busca en varios estados y sus golpes son tan famosos que en cada partido hay un plan para capturarlo. Pero uno siempre confía en que el turco sabrá encontrar un nuevo timo, como el tipo al que detienen y es capaz de volver de la comisaría con los relojes y las carteras con las placas de tres policías. Y si Arda Turan no es todavía un jugador idolatrado hasta el paroxismo en el Manzanares lo explica, como siempre, el viejo Tino Callado. “Muchacho, la fuga de Agüero dejó en todos los Atléticos una herida. De las que tardan mucho en cicatrizar. Si todavía no nos hemos rendido a Arda es sólo por el miedo que nos puede hacer su marcha. Es sólo, muchacho, porque ya conocemos el amargo sabor a lodo y derrota que dejan los besos que te obligan a guardar”.
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*Desde Sphera Sports recomendamos el blog de Pablo Albert Martínez que lleva por nombre 
Los duros no tuitean

 

 

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