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Aquellos New York Knicks de Isiah Thomas

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En el mundo del deporte se puede ser recordado de muchas formas. Una de ella es ser un absoluto desastre. Los New York Knicks de Isiah Thomas tienen el dudoso honor de estar en este grupo. Entre 2003 y 2008, el exjugador de los Detroit Pistons fue la cabeza visible tanto en los despachos como en el banquillo de la franquicia de la Gran Manzana. Un lustro que tuvo dos características fundamentales: muchas derrotas y jugadores sobrepagados.

¡Son el Atleti, Daimiel!”, solía decir el gran Andrés Montes durante los partidos que narraba de los Knickerbockers. No le faltaba razón. Muchos recordamos los años del equipo del Manzanares desde su ascenso en 2002 hasta el título de la Europa League en 2010: bailes constantes de entrenadores, jugadores que venían de rendir bastante bien en equipos de clase media (Musampa, Luccin, Kezman) y resultados en el césped muy decepcionantes. Pues eso, trasladado al baloncesto, eran aquellos Knicks.

No es que los New York Knicks de ahora sean mucho mejores (de hecho siguen siendo una casa de locos), pero esos cinco años son un ejemplo prototípico de proyecto NBA fallido. Bajo el mandato del base de los míticos Bad Boys, los fans de los Knicks vieron cómo por el Madison Square Garden desfilaron cinco entrenadores (Don Chaney, Herb Williams, Lenny Wilkens, Larry Brown y el propio Isiah Thomas) y una retahíla de jugadores con megacontratos bajo el brazo y un rendimiento sobre el parqué inversamente proporcional a los ceros de sus cheques.

Larry Brown y Jamal Crawford

La mejor temporada de aquel equipo fue la 2003-04. Fue el primer año de Thomas como Presidente de Operaciones de Baloncesto. No llegaron al 50% de victorias (no lo lograrían nunca), pero en el Este 39 victorias y 43 derrotas eran suficientes para obtener el boleto a Playoffs. No pasaron de la primera ronda: fueron barridos por los vecinos: los New Jersey Nets. Las cuatro campañas siguientes se saldaron con unos balances de 33-49, 23-59, 33-49 y 23-59, siempre fuera de Playoffs.

Un mal año tiene su consuelo en las elecciones altas del Draft. ¿Sacaron los Knicks partido de cuatro? Para nada. Mike Sweetney, Maciej Lampe, Channing Frye, Renaldo Balkman y Wilson Chandler sufrieron los abucheos de la Knick Nation al ser anunciados por David Stern en el estrado. Ninguno de ellos transformó la ira en cariño. Sólo David Lee fue una elección acertada en la Era Thomas.

A James Dolan, propietario del equipo, se le empezaba a acabar la paciencia. Tras el mal año de Larry Brown, Thomas fue puesto a los mandos del banquillo. Pero si no había mejoras, sería despedido. En abril de 2008, tras la peor temporada de la historia de los Knicks (hasta la 2014-15), Dolan relevó a Zeke de sus todos sus cargos. En el banquillo le sustituyó Mike D’Antoni y en los despachos, por Donnie Walsh. Se cerraba así una etapa negra, la penúltima de la historia de la franquicia hasta el trienio de Phil Jackson.

 

El Wall of Fame (2003-2008)

A continuación, un homenaje a los jugadores más representativos de la era de Isiah Thomas al frente de los Knicks.

Eddy Curry

Un eterno quebradero de cabeza para sus entrenadores. En octubre de 2005, Thomas adquirió a Curry desde Chicago a cambio de dos futuras primeras rondas que los Bulls invirtieron en LaMarcus Aldridge y Joakim Noah.

Curry fue uno de tantos jugadores que ha habido y habrá con la etiqueta de si hubiera querido, hubiese sido una estrella. Los problemas de coco, rebote, defensa, cardiacos y peso fueron un cóctel que hizo que sus números decayeran año a año. Si a eso le sumas su contrato de 60 millones de dólares, Eddy Curry representa mejor que nadie lo que fueron aquellos Knicks: despilfarro y poco rendimiento.

Stephon Marbury

Starbury, de la gran promoción del 96, aterrizó en Nueva York procedente de Phoenix a mediados de la 2003-04. El clásico traspaso de jugador que termina contrato a final de temporada. Marbury, todo un All-Star de 20 puntos y 8 asistencias fáciles por noche, firmó una renovación gigantesca: cinco años y 90 millones de dólares.

Los números del base, si bien pueden considerarse buenos, no eran lo suficiente como para hacer un equipo ganador. Eran más notorios sus choques públicos con Thomas y Larry Brown y sus disputas compañeros y aficionados. El contrato de un jugador tan indisciplinado como Marbury era inasumible para cualquier equipo. Al final, los Knicks optaron por cortar a su antigua estrella pagándole el año de contrato que le quedaba.

Allan Houston

El escolta está entre los mejores jugadores de la historia de la franquicia. Fue uno de los artífices del subcampeonato de 1999. ¿Por qué se encuentra en este Muro de la Fama? Por sus últimos dos años y, sobre todo, el contrato que firmó coincidiendo con ese bienio.

En 2001, Houston extendió su relación con los Knicks por seis años y 100 millones de dólares. El problema vino cuando el jugador comenzó a sufrir problemas serios en la rodilla, lo que convirtió su contrato en una carga. Tanto, que la NBA creó una cláusula de amnistía que permite a los equipos deshacerse de un contrato tóxico sin que este cuente para el límite salarial y el impuesto de lujo. Como el ejemplo más claro era el del jugador de los Knicks, la norma fue llamada Allan Houston Rule.

Ironías de la vida, los neoyorquinos no usarían la Regla Allan Houston en Allan Houston (72 partidos en dos años), sino en este jugador que nombramos a continuación.

Jerome Williams

Los Knicks absorbieron en 2004 un contrato que Williams firmó con Toronto tres años antes: siete temporadas y 41 millones. Junkyard Dog vistió la elástica neoyorquina únicamente una campaña (4’5 puntos y 3’6 rebotes). Con todavía tres años y 21 millones pendientes, Thomas optó por aplicarle la Allan Houston Rule. Dos días más tarde, Jerome Williams anunció su retirada del baloncesto. New York llenó su cartera hasta 2008 sin que ello tuviera consecuencias en las cuentas de la franquicia.

Penny Hardaway

Fue uno de los mejores jugadores del mundo hasta que las lesiones acabaron con él. Anfernee llegó al MSG con 32 años en plena curva descendente, procedente de los Suns junto con Marbury. Los Knicks desembolsaron unos 37 kilos en Hardaway por tres años y medio y un total de 84 partidos (cada partido suyo le costó al equipo unos 442.000 dólares).

La relación contrato/rendimiento de Penny fue una losa para los Knicks hasta que el ex de la Universidad de Memphis se retiró en 2006.

Jared Jeffries

6’1 puntos y 4’6 rebotes de media en cuatro temporadas en Washington bastaron para que los Knicks le extendieran un cheque de 30 millones por cinco años. Los Wizards no se molestaron en hacer el más mínimo esfuerzo por retenerle.

El papel de Jeffries en New York fue absolutamente secundario y terminó siendo traspasado a los Rockets en 2010. Regresó a los Knicks un año más tarde, pero acabó chupando más banquillo todavía.

Jerome James

Su gran 2005 con los SuperSonics sirvió para que los Knicks le ofreciesen a este ex de los Harlem Globetrotters un contrato de seis años y treinta millones. No es que de aquella fuese una burrada, pero teniendo en cuenta que sus números fueron de 2’5 puntos y 1’2 rebotes por noche, está claro que fue una inversión pésima. Siempre fuera de forma o lesionado (90 partidos jugados de 328 posibles), James es un claro ejemplo de jugador que rinde bien solamente un año, logra un buen contrato y después su aportación es testimonial.

Menciones especiales: Michael Sweetney y Renaldo Balkman

No duraron mucho en Nueva York, pero estuvieron lo suficiente como para servir de ejemplo de elecciones de primera ronda tiradas a la basura. La elección de Balkman fue lo que empezó a agotar la paciencia de los seguidores de los Knicks.

Bonus track: Larry Brown

No todo iba a ser despilfarro en jugadores. Los Knicks llevaban semanas coqueteando con el todavía entrenador de los Pistons. Una vez que los de Michigan despidieron a Larry Brown, los Knicks le convirtieron en el técnico mejor pagado de toda la NBA: entre 50 y 60 millones de dólares por cinco campañas. Sólo pudo cumplir una. Tras un récord de 23-59 y rifirrafes públicos con Stephon Marbury, Brown fue despedido. Eso sí, tuvieron que seguir apoquinando dicho contrato los años que restaban. Puro estilo Knicks.

 

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