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Aplazado el Osasuna-Nàstic: sin respeto a tu profesión

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Lo que ocurrió para que se aplazase el Osasuna-Nàstic fue, ni más ni menos, una falta de respeto hacia el fútbol. Un equipo que quería jugar, Osasuna; otro al que no le importaba no hacerlo, Nàstic –por las bajas, por la nieve o por ambas…–, y ante un árbitro que a falta de cinco minutos le entraron las dudas sobre las ganas que tenía de correr encima de una capa de nieve que apenas sobrepasaba de los dos centímetros. Nadie se escapa de que de vez en cuando su cuerpo le pida no trabajar, pero una ocupación tiene como consecuencia una serie de obligaciones y entre ellas no solo está la de acudir al lugar de trabajo, sino de llevarlo a cabo.

En la jornada 17 de la temporada 2017/2018 de Segunda División Osasuna, Nástic y Luis Mario Milla Alvéndiz recordaron ante más de 9.000 aficionados que la esencia del fútbol se pierde poco a poco. Porque, como ocurre en la mayoría de situaciones, quien más siente es quien más pierde.

Decisiones arbitrales a destiempo e incoherentes

Ver un fuera de juego es difícil o pitar determinadas faltas conlleva complejidad y estamos de acuerdo en que arbitrar no es fácil. Pero la toma de decisiones va más allá de lo que pase durante 90 minutos y un colegiado debe saber manejar situaciones inesperadas antes y después de los partidos. Y la actuación de Milla Alvéndiz fue, cuanto menos, extraña. A falta de cinco minutos para las 21.00 horas, hora del partido, inspeccionó el estado del césped, pues había estado nevando desde las 20.30 horas, y decidió posponer el encuentro 15 minutos. Para ello no echó el balón a rodar para saber si se desplazaba con normalidad, una norma mínima que se le exige a un colegiado para dar cuenta de si se puede practicar o no fútbol. Se limitó a salir, andar un poco y volver al túnel.

Con los jugadores ya en vestuarios tras el calentamiento inicial con normalidad, los árbitros salen a inspeccionar el césped a falta de siete minutos para que comience el partido. Mientras, los jardineros trabajan para hacer visibles las líneas y ya no nieva.

La grada, estupefacta pues el terreno de juego estaba en condiciones, se enteró por megafonía a las 21.05 horas de que debían esperar. Y mientras, los jugadores volvían a calentar de nuevo sin problemas. Y los jardineros, que ya echaban humo en medio de una temperatura bajo cero, ponían a punto el terreno de juego dando más visibilidad a las líneas importantes –áreas, centro y las que delimitan el campo–, algo que ya habían hecho con anterioridad. No fue trabajo suficiente para Alvéndiz.

La espera se prolongó más de 25 minutos, tiempo en el que no nevó y en el que el colegiado no apareció por el césped. Lo hizo sobre las 21.30 horas para una segunda valoración y confirmar lo que los aficionados temían. Para entonces, en algunas zonas ya había desaparecido la nieve por la acción de los jugadores calentando durante la espera y, además, todo el mundo había comprobado otra vez que el balón rodaba con total normalidad. Todos menos Alvéndiz, que ante un grosor de un centímetro de nieve el andaluz decidió suspender el partido después de otra comprobación sin que el balón tocase el césped. Así pues, la sensación es que desde las 20.55 horas Luis Mario Milla Alvéndiz no quiso disputar el encuentro, lo retrasó y se encontró después con la nieve a favor tras más de media hora de sequía en la que se pudo jugar sin ningún problema.

Luis Mario Milla Alvéndiz regresa al campo tras media hora de espera para volver a valorar la situación del césped. Se le acercan los jugadores de Osasuna y Nàstic, que han calentando de nuevo con normalidad.

Por su parte, o el acta está muy mal redactada o el árbitro miente en varias ocasiones.

  • “Dicha nevada cesó a los 5 minutos previos al comienzo del encuentro, es en ese momento momento en el que tomamos la decisión de retrasar 30 minutos el comienzo”. Nos enteramos por megafonía a las 21.05 y se comunicó que el retraso era de 15 minutos, no de 30.
  • “(…) habiendo transcurrido los 30 minutos mencionados, observamos que la nevada no cesa e incluso llegando a aumentar su intensidad”. No aumentó la intensidad.
  • “Puesto que las líneas del terreno de juego volvieron a cubrirse de nieve”. No fue así, y en la imagen que adjuntamos se ve de forma clara que las líneas son visibles en el momento en el que se retira tras valorar por segunda vez el terreno de juego.

Momento en el que el trío arbitral, encabezado por Milla Alvéndiz, se retira del terreno de juego tras hacer una segunda valoración de la situación. Las líneas, visibles en un césped practicable. Foto: C.A. Osasuna

Jugar, un drama para el Nàstic

El Nàstic debía jugar en Pamplona con muchas bajas y de jugadores importantes. Incluso varios futbolistas del filial podrían disputar algunos minutos contra Osasuna. Los de Tarragona, que tienen cerca los puestos de descenso, necesitaban al menos competir para sacar algo positivo contra los rojillos, con ganas estos de conseguir por fin la victoria tras dos derrotas consecutivas.

Para ellos los acontecimientos transcurrieron con normalidad hasta las 20.55 horas, cuando notan las dudas del árbitro e intuyen que pueden sacar provecho de la nevada. El Nàstic calienta con normalidad, como Osasuna, en dos ocasiones –en los minutos previos y cuando el árbitro decide retrasar el partido–. En el primero comprueban que el balón rueda y realizan sin problema los ejercicios con balón, pero una vez que Milla Alvéndiz decide posponer el pitido inicial, el Nàstic aprovecha para alegar que se han formado capas de hielo y que corre peligro la integridad física de los futbolistas.

Lo piensan y se lo hacen ver al colegiado, pero a su vez por si acaso continúan calentando hasta que deciden retirarse de nuevo. Al final, como ya se sabe, ganan su partido, pues todos nos enteramos de que se suspende el encuentro cuando sobre las 21.30 horas pasadas salen a aplaudir a los aficionados desplazados hasta Pamplona.

En realidad, ni siquiera el propio Nàstic sabe ponerse de acuerdo sobre por qué han tomado la decisión de no jugar. Su técnico, Antonio Rodríguez Saravia ‘Rodri’, afirmó que no se podía jugar en ese estado y que por ello la decisión de suspenderlo era buena. ¿Por qué, entonces, si era una cuestión del estado del terreno de juego en esos momentos, se negó a que su equipo jugase el sábado o domingo? Recurrió al tema psicológico de sus futbolistas: “No estoy dispuesto a que mis jugadores estén dos o tres días en Pamplona esperando la decisión. Mentalmente no están preparados para esto”. Un drama.

Sin embargo, el director general del club, Lluís Fàbregas, admitió que la decisión había sido tomada por el árbitro,”la máxima autoridad”, y que el Nàstic no había que no a jugar mañana –por el sábado–, sino que depende “de la Liga, la Federación, los clubes y el operador televisivo y no se puede hacer con menos de 24 horas de antelación”. Fàbregas, pues, se contradice con ‘Rodri’ y además con el colegiado, ya que Milla Alvéndiz redactó así el acta: “Ante la posibilidad presentada de disputar el encuentro dentro de las 24 horas siguientes como estipula la circular Nº5 Disposición Decimoséptima de la RFEF, el delegado del club Gimnastic de Tarragona SAD se niega a celebrar el encuentro en el tiempo indicado”.

Después de la decisión final, la expedición del Nàstic no tardó en recorrer sus cosas y abandonar el estadio en medio de otra nevada. El viaje se iba a realizar en autobús por la noche, con media Navarra nevada y helada, con carreteras cortadas, pero entonces la integridad física de las personas no corría algún riesgo.

Osasuna, a merced de las otras partes

Osasuna sí quería jugar el partido y el entrenador Diego Martínez admitió que habían hecho “todo lo posible” para ello. El técnico podría llegar a entender la decisión del colegiado, pero no que el Nàstic no se quisiera presentar a lo largo del fin de semana. Y se mostró preocupado por ver dónde Competición decide encajar el encuentro. Además, sobre el peligro que corrían los futbolistas si se disputaba el partido, recordó que jugar tres partidos en una semana también pone en riesgo a muchos futbolistas. Por su parte, el presidente del club, Luis Sabalza, explicó que “indudablemente” el árbitro había sido el encargado de suspender el encuentro porque “ha entendido que no estaba el campo en condiciones” y que habían pedido jugar el sábado.

Ante esta situación, muchos nos preguntamos de nuevo qué peso tiene Osasuna en las instituciones a nivel nacional y qué hubiera pasado si la presión la llegaría a ejercer otro club. Desde la entidad aclaran una y otra vez que la intención de todos era la de disputar el partido y que nada más podían hacer ante la negativa del Nàstic. ¿Nos vuelve a ningunear cualquiera, encima en nuestra casa, y no podemos hacer nada?, se preguntan algunos. El lunes Osasuna presentará un recurso al Comité de Competición al considerar la incomparecencia del Nàstic al partido. Y veremos entonces si la influencia del director general, Fran Canal, existe o no es tan real.

El aficionado, olvidado una vez más

Navarra ha sido la comunidad más afectada por el temporal de nieve, lluvia y frío. Desde por la mañana cortaron la AP-15 y algunas carreteras secundarias, y si nevó en la capital, imagínense a mayores alturas. Aún así, muchos aficionados rojillos no quisieron faltar a la cita en El Sadar y se arriesgaron a coger el coche en medio de metros de nieve. Despacio, llegaron a Pamplona con horas de coche de más a las habituales y se presentaron más de 9.000 aficionados en el estadio.

La afluencia era mucho menor –seguramente por el clima, porque el lunes es fiesta y porque lo emitían en abierto–, pero poco a poco El Sadar cogía color. Aún así, en medio del caos sobre el césped, nadie miraba a las gradas. Bajo cero, a las nueve pasadas aún nadie les había comunicado qué pasaba y al final se enteraron que se suspendió porque los jugadores del Nàstic agradecieron a los suyos el desplazamiento. Después, ya por megafonía, confirmaron lo que ya sabían y en un estadio mucho más vacío que a la hora de comienzo del partido. Y ya por último los jugadores rojillos salieron al centro del campo para agradecer, en aplausos, el desplazamiento.

Los jugadores de Osasuna saltan al césped a las 21.40 horas para agradecer a la afición el desplazamiento hasta el estadio y confirmar lo que ya se sabía: no se disputaba el partido.

El fútbol se ha convertido en un deporte en el que por un centímetro de nieve irregular se obliga a suspender un partido. En el que el Nàstic, en una decisión arriesgada, puede perder por 3-0 en los despachos, sin parecer importarles que su profesión trata en primer y único lugar en jugar al fútbol y que, gracias a ello y en el peor de los casos, cobran miles de euros. Y en el que el árbitro, sin tener presión alguna de LaLiga, Competición o cualquier organismo, puede tener en su mano alterar a la ligera el ritmo de competición de los equipos. Al final, los aficionados, que son quienes más alejados viven de esta realidad que rodea al fútbol, se convierten en las personas que más lo respetan. Y recuerden que, ante un estadio vacío, la esencia del fútbol desaparece. 

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