Fútbol Europeo

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Antonio Conte, el ideólogo de la nueva Italia

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Las dos últimas victorias por la mínima ante Azerbaiyán y Malta no son guarismos que generen un convencimiento mayúsculo en torno a la idea futbolística de Antonio Conte al mando de la selección italiana pero sumadas a las dos anteriores, son un bagaje irreprochable que supone el mejor inicio de un técnico al frente de la selección italiana desde que Azeglio Vicini sumase cinco partidos ganados de forma consecutiva entre 1986 y 1987, tras sustituir en el cargo al laureado Enzo Bearzot.

“En poco más de un mes, hemos vuelto a avivar la llama del entusiasmo en torno a la selección. Hay mucho trabajo que hacer en los próximos meses pero estamos tratando de construir una gran Italia”. Después del batacazo conducido por Prandelli en el pasado Mundial, la labor del nuevo seleccionador es amplia en términos de juego y mentalidad. El hecho de partir de una racha de resultados tan positiva hace que la confianza se mantenga inalterable y que el fútbol de Italia, todavía falto de brillantez, ya haya empezado a ir acompañado de los elementos y las ideas claras que Conte ha querido integrar desde el mismo día en que asumió el cargo.

 

El 3-5-2 como religión

Ningún entrenador actual de tan elevado nivel conoce mejor las virtudes y los movimientos del 3-5-2 y ninguno lo ha llevado a mejor puerto. Antonio Conte ha hecho de este sistema la base de los tres últimos Scudetti de la Juventus, dejando tras de sí un legado táctico que Allegri sigue manteniendo vigente en Turín. Conte ha dado carpetazo a las infinitas variantes de escasa continuidad y menor solidez que Prandelli acostumbraba a poner en práctica. El dibujo está claro desde el primer día, el 3-5-2 será el esquema que regirá los pasos de Conte en la selección de manera innegociable. Un módulo establecido y de clarividente implantación para una Italia necesitada de seguridad y de conceptos lúcidos que hagan de cimientos para la continuidad y el crecimiento.

 

El concepto de grupo y equipo

Una de los primeras nociones que Antonio Conte ha querido asentar es su voluntad de hacer de los usos de la selección los de un equipo, con especial seguimiento y valoración del día a día de los jugadores, con implicación directa en los entrenamientos a través de visitas periódicas a los clubes y con el convencimiento pleno de estar trabajando con una plantilla de amplias posibilidades nominales pero sin perder de vista el empaque, la unidad y el sentimiento de raigambre y grupo que debe regir a Italia y vetear su plantel de solidez y compañerismo. En el estilo y la toma de decisiones de la selección italiana de Conte ya prevalece el bloque por encima de cualquier tipo de individualidad. Una circunstancia que también está siendo trasladada al césped como apariencia futbolística del lema “uno per tutti, tutti per uno” con Conte gran valedor y capataz general al mando.

 

Fútbol más directo y vertical

Conte ha dejado de lado el fútbol más horizontal, de propuesta más paciente y de combinación elaborada de la era Prandelli para dar paso a una Italia ofensivamente más descarada, más directa e intensa y que enfatiza en cada pase una verticalidad que quiere ser la base de sus automatismos, además de ser defensivamente más compacta y sobria. El 3-5-2 es un dibujo que otorga al equipo una mayor solidez, pegada y llegada al área por parte de los interiores, gran recorrido por los carriles y un ritmo de juego más incisivo en el que destacan los envíos desde los centrales hacia los dos puntas.

Sin embargo, la susodicha verticalidad redunda en un menor juego entre líneas y en una disposición de los jugadores, por tramos, demasiado alargada. Con Pirlo en la cuesta abajo de su carrera y con Verratti en proceso de tomar los galones del 21 azzurro, Italia gana en consistencia con De Rossi pero le está costando fabricar en la medular con cualquiera de ellos en la posición de mediocentro y también situarse con balón o sorprender a espaldas de los medios rivales sin jugadores hábiles en la mediapunta como son Cassano o Rossi.

Es éste, quizá, el aspecto táctico a mejorar por Conte de forma más evidente: la búsqueda de un jugador que haga el trabajo que hacía y hace Tévez en la Juventus. Conte ha probado en ese rol a Zaza pero ha sido Giovinco, en los pocos minutos de los que ha dispuesto, el que se ha mostrado más capacitado para dicha tarea. La complementariedad entre los dos delanteros del esquema es vital en el 3-5-2, por ello encontrar la pareja de estiletes que mezcle gol, técnica, movilidad, remate, apoyos, presencia en área, presión, complicidad, etc. se antoja una tarea ardua pero decisiva para un futuro halagüeño de Italia.

La meritocracia como base de la renovación

Balotelli, Cerci, Cassano, Insigne y Abate son los cinco jugadores que, por pura decisión deportiva, se han caído de las dos convocatorias de Conte con respecto al pasado Mundial. Pese a ello, la mera renovación de efectivos no es lo más destacado de las decisiones del nuevo seleccionador. Sí lo es, en cambio, la meritocracia que ha regido y regirá sus citaciones, según sus propias palabras. El rendimiento en las competiciones domésticas será la base de las convocatorias, aunque sin perder la visión de conjunto y unión que Conte necesita para su concepción de la Nazionale.

Ya lo han comprobado nombres como los novatos Zaza o Pellè u otros que llevaban tiempo sin contar para la selección como Ogbonna, Astori, El Sharaawy, Florenzi, Giaccherini o Pasqual, entre otros. Conte no hará revoluciones indiscriminadas pero sí dará oportunidades a todos, siempre que las merezcan. No habrá excepciones de ningún tipo para aquellos que no muestren compromiso ni regularidad y piensen más en su ombligo que en el bien general. Mensaje claro para Balotelli, el gran damnificado, y válido también para los jóvenes, que saben que haciéndolo bien en sus respectivos equipos pueden asegurarse una oportunidad con la selección.

Competitividad y carácter ganador

Conte representa el gen competitivo italiano por excelencia, ese carácter ganador que tanto se echaba de menos con Prandelli. Hasta ahora, el juego desplegado no ha generado demasiado optimismo entre la opinión pública y los aficionados pero, paradójicamente, la figura de Antonio Conte sí lo hace. Trasmite confianza y resalta una obviedad: no había un candidato mejor para ocupar el banquillo de Italia.

Conte celebra cada gol, aunque sea contra Malta, como si fuese el tanto de la victoria en la final del Mundial y está constantemente encima de los jugadores durante los partidos. “Ante las críticas, cabeza baja y a seguir pedaleando”. No hay dudas en torno a su figura y capacidad, Conte es el entrenador idóneo para que Italia logre retomar el vuelo y sea capaz de agradar y hacer, por fin, las cosas bien. Por carácter, por saber transmitirlo al equipo y por tener las ideas cristalinas. Y porque con Conte, Italia puede jugar bien o mal pero siempre sabrá a lo que juega.

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