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Anfernee Hardaway, el futuro quedó atrás

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La suya fue la primera camiseta de un jugador de la NBA que adquirí. Azul celeste, finas rayas blancas verticales y el ‘1’ a la espalda. Una equipación preciosa la de Orlando Magic... No, no hablo de Tracy McGrady. Me sitúo uno poco antes, a principios de los 90. Por entonces emergía un joven base/escolta de dos metros de altura, con una capacidad atlética envidiable y una lectura del juego más que notable. Consciente además de que las defensas rivales, temerosas del poderío de su por entonces compañero y gran estrella del equipo, Shaquille O´Neal, eran vulnerables cuando irremediablemente hacían el obligado dos contra uno sobre el perro grande. Un tipo inteligente y talentoso que además juega con ventaja: dominio a la vista. Hablo de Anfernee Hardaway. Un jugador del que una vez Magic Johnson dijo que poseía más talento del que él mismo llegó a tener jamás.  Bill Walton añadió luego que se trataba del mejor jugador al que Michael Jordan se había enfrentado en playoffs. Hoy, sin embargo, su nombre no es tan recordado como el de otros contemporáneos a su era. Pero no porque no estuviera a la altura de las estrellas de entonces. Fueron las lesiones las que limitaron su carrera y nos privaron de saber hasta dónde podría haber llegado un tipo que estaba llamado a gobernar la liga.

Veo el nivel al que está jugando Shaun Livingston en estas finales y lamento que la rodilla de Anfernee no fuese tratada por los mismos médicos. O que la propia medicina no diera para más en ese tiempo. Se la destrozó, literalmente, a los 25 años. Livingston es lo más parecido a Hardaway después de Hardaway, incluso hablando de salud. Pero a este último pudieron recuperarlo para, si no astro, sí poder alcanzar una categoría digna. Anfernee llevaba apenas 4 años en la liga cuando sufrió su gravísima lesión, siendo All-Star en 3 ocasiones y habiendo formado parte 2 veces del mejor quinteto de la temporada. Insisto porque el detalle es importante: con 25 años de edad. Para entender lo que parecía que podía llegar en años venideros, en ese momento, el propio Michael Jordan llegaría a afirmar que de haber un sucesor suyo, debía ser, por cualidades y carisma, Hardaway.

Recuerdo la popularidad del joven Penny (apodo que le pondría su abuela siendo un niño): Nike lo colocaba casi a la altura de Jordan y en sus anuncios aparecían personalidades como el director de cine Spike Lee. Spots que contarían con un personaje especial creado para ser el alter ego de Hardaway: Lil Penny; un pequeño muñeco con una verborrea y un descaro inusitados creado para debatir con el jugador, que llegaría a eclipsar a la mismísima Tyra Banks, vista en más de una ocasión con una réplica del personaje en la primera fila del por entonces Orlando Arena y también habitual en los comerciales del jugador. Eclipsar nada menos que a Tyra, en ese tiempo novia de América.

Curiosamente Anfernee Hardaway no iba para baloncestista, pues era un apasionado del football americano, así que sería su abuela, que cuidaba de él todo el día porque su madre (soltera) pasaba muchas horas trabajando, quien lo alejaría del verde en un ejercicio de sobreprotección, ya que odiaba ver a su nieto salir lastimado. La opción de la canasta tomó cuerpo y en el Treadwell High School de Memphis comenzaría a demostrar su versatilidad en este deporte con estadísticas cercanas siempre al triple doble, para continuar creciendo en la Memphis State University, a donde asistiría debido a su negativa de alejarse de su ascendiente. Allí se encontró con algunos problemas: mal estudiante, en su primer curso se perdería casi todos los partidos por no alcanzar el nivel mínimo académico exigido por el equipo y en su segunda temporada, cuando por fin había logrado dejar atrás esos problemas, sería asaltado y disparado accidentalmente en un pie cuando salía de una tienda. Por fortuna y a pesar del temor inicial, este hecho no mermaría las condiciones físicas de lo que ya parecía un prodigio y, camino de ser una figura, formaría parte del único equipo que logró vencer al Dream Team original en un partido privado organizado para medir el estado de la mejor selección de siempre antes de desplazarse a Barcelona con motivo de los Juegos Olímpicos de 1992 (esta historia tiene miga y merece un artículo propio). Su tercer año, en el que firmaría unos números brillantes, sería el último en la universidad, a sabiendas de que la NBA ya le esperaba con los brazos abiertos.

No fueron fáciles sus primeros días en los Magic. Los fans esperaban que Chris Webber se uniera a Shaquille O’Neal (ya referente del equipo) para formar el dúo interior más potente y con más porvenir de la liga, pero a pesar de elegir a este en la primera posición del draft, los Magic traspasarían sus derechos a Golden State Warriors a cambio de los de Penny, elegido por los de la bahía en la posición número 3. Con todas las miradas puestas en él, Anfernee firmaría un primer año sobresaliente, despojándose de la presión que sufría en cada partido como local y ganándose el respeto de la opinión pública. La prestigiosa revista Sports Illustrated le dedicaría una portada y un artículo al final de la campaña donde era comparado con leyendas como Magic Johnson, George Gervin, el Dr. J, Pippen o Pete Maravich. Palabras mayores.

En los dos siguientes cursos se desataría la Pennymanía: dos finales de conferencia (con una final ante Houston) y sus elecciones en el primer equipo de la temporada. Junto a O´Neal lideraría a Orlando Magic en su asalto al trono de la Conferencia Este. Un trono que duró poco, lo que Su Majestad (Michael Jordan) tardaría en recuperar (y elevar) su nivel, tras su regreso después de aquella primera retirada, reclamando lo que era suyo. En 1996 la espantada de Diesel, que haría las maletas seducido por el glamour de una ciudad como Los Ángeles y cegado por el oro y púrpura de los Lakers, y acto seguido el inicio para Hardaway de un calvario de lesiones que le llevaría al quirófano hasta en 6 ocasiones para intentar arreglar su rodilla izquierda. Quizás el no descansar en aquel verano del 96, cuando participó en las Olimpiadas de Atlanta con el USA Basketball y el peso de acaparar casi todo el juego de su equipo tras la salida de su socio más importante, provocaría el click sobre el botón de su autodestrucción física. Su prematura vuelta al año siguiente acabaría siendo el detonante definitivo: jamás volvería a alcanzar el tremendo nivel mostrado antes y ya nunca podríamos ser testigos de los registros que hubiera podido lograr.

La gravedad de las lesiones de Hardaway, que surgirían antes de sus 26 años, pueden intuirse en las palabras de su médico de entonces: “Es muy difícil explicar lo que fue mal con Anfernee. Era un gran tipo, muy competitivo, pero tenía una lesión en un cartílago de la rodilla, una lesión en el fino recubrimiento de la junta que permitía deslizarse a la articulación. En aquel entonces no teníamos IRMs (Imagen por Resonancia Magnética) para hacer un diagnóstico. Hoy en día puedes verlo en un IRM. Aún así sigue siendo un problema gordo y la cosa más difícil de tratar ya que no hay forma de que el cuerpo pueda regenerar ese tejido. La madre naturaleza no puede arreglar eso. Ese es el siguiente paso, lo biológico, donde determinamos como impulsar ese proceso de curación y dejamos que sea el cuerpo, no el procedimiento, el que haga el trabajo”. No existía remedio. Y ya no habría vuelta atrás.

En Orlando su magia parecía agotarse y, en busca de una nueva oportunidad el sol de Phoenix, donde intentó sin éxito volver a la élite junto a Jason Kidd en el backcourt. Números aceptables en su primera campaña en Arizona y algunos chispazos, como aquel triple doble en el tercer partido de la serie de primera ronda de los playoffs del año 2000 ante los Spurs, vigentes campeones, a los que lograrían apear de la carrera por el título. Más intervenciones quirúrgicas y luego New York como jugador de rotación, para finalmente Miami, volviendo tras un tiempo fuera de circulación, donde se reuniría de nuevo con O´Neal antes de ser cortado por los Heat. Punto y final a un precioso cuento que se tornó pronto en pesadilla y sin espacio para un final feliz.

Pero a pesar de no ser recordado como un gigante de este deporte, sí que logró ser grande, enorme diría yo, en su corta plenitud. El mismo LeBron James llegaría a insinuar que se trataba del mejor base desde Magic, lo que da pistas sobre el legado de Anfernee dentro de la propia NBA.

Yo en mi retina guardo bajo llave todo aquello que me enamoró de su juego: una capacidad para leer los tiempos digna de un cerebro privilegiado, unas condiciones físicas que le permitían atacar el aro independientemente del tráfico que hubiese en la zona, unos fundamentos increíbles que incluían un repertorio de fintas por entonces solo al alcance de Michael Jordan y Grant Hill (otra víctima de las lesiones), una aptitud para asistir enorme potenciada por la visión que le otorgaba su altura, un nivel defensivo muy alto que incluía una gran intuición para adivinar líneas de pase además de un timing de salto que le ofrecía ventaja frente a su par, y una notable ética de trabajo. Era el base del futuro, ese que aún no ha llegado. Al menos, no en ese formato.

Creativo, rápido, fuerte, polivalente, listo, hábil. Lo siguiente era Anfernee Hardaway. Penny iba a ser todo aquello que nunca disfrutamos.

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