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Anecdotario de la Copa del Mundo (IV): los delanteros

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Carlos MATEOS – Continuamos con el serial de cinco entregas que versan sobre los nombres propios que dejaron su sello en los Mundiales de Fútbol más recientes. Algunos son futbolistas muy populares para los aficionados, otros sólo son recordados de forma singular, y algunos incluso podrán resultar desconocidos. Pero todos ellos, sin excepción, encierran singularidades que merecen ser recopiladas.

Cinco episodios que abordarán las singularidades de porteros, defensas, centrocampistas, delanteros y entrenadores. En esta entrega toca hablar sobre algunos delanteros difíciles de olvidar.

.:: El Hadji Diouf: ¿Puede vivir un delantero toda su carrera de un partido? Puede. Al menos éste punta lo ha conseguido. Su actuación con Senegal ante Francia, que por entonces era la campeona del mundo, le hizo saltar a las portadas de todos los diarios del planeta. Seducido por tan buena prensa, el Liverpool se animó a ficharlo. Sin embargo no solo dejó de producir sino que además cobró fama de pendenciero. Tras peregrinar por media Inglaterra ahora juega en el Leeds.

.:: Oleg Salenko: El 28 de junio pasará a la historia como el día en el que sucedieron dos de los sucesos más extraños  de la historia del deporte. Uno, el arrebato caníbal de Mike Tyson contra Evander Holyfield. El otro, los cinco goles de este delantero ruso a Camerún. Salenko había tenido un año excelente en el Logroñés pero solo una alineación de los planetas y la endeblez de la zaga africana explican su heroicidad. Basta decir, por ejemplo, que la siguiente campaña con el Valencia marcó solo siete tantos, dos más que los transformados en Stanford aquella calurosa tarde. A ellos sumó uno más contra Brasil, lo que le permitió compartir la “Bota de Oro” del torneo con Stoickhov. Poco dado a la emotividad y superado por los problemas económicos, anunció mucho después su intención de venderle el trofeo al mejor postor.

.:: Claudio Caniggia: Por su look, su querencia hacia Keith Richards y su afición a la polémica; “El pájaro” bien podría haberse consagrado como estrella del rock. Su talento, en cambio, estaba en los pies. Muchos piensan que no lo aprovechó lo suficiente debido a sus malos hábitos, esos que le llevaron a cumplir trece meses de sanción por consumo de cocaína. Tampoco le ayudó el tiempo que pasó parado debido a su conflicto con Mauricio Macri. Por unas cosas o por otras, acabó rindiendo por debajo de las expectativas. Sin embargo sigue estando en primera línea de los medios de comunicación. Las fotos subidas de tono que publica su hija son últimamente material de gran interés para la prensa rosa.

.:: Eric Wynalda: Eran los comienzos de los noventa y aún no existían las llamadas “Boys band”. Sin embargo ya se liberaban feromonas y amanecían los grupos de adolescentes exaltadas en busca de un Adonis con el que decorar sus carpetas. A falta de individuos como Justin Timberlake, Leonardo Di Caprio o más reciente e inexplicablemente Justin Bieber; Eric Wynalda cumplía con el perfil. Tenía cara de no haber roto un plato y encima transformó un golazo de falta con su selección a Suiza en el primer Mundial que se celebraba en el país. El yerno ideal.


Sebastián Abreu anota un penalti surrealista ante Ghana en 2010 | Getty Images

.:: Sebastián Abreu: “Siiiilas, Monteneeeeegro, Silas; Abreu, y el gol de Abreu, el gol de Abreu, el gol de Abreu… ¡Abreu! Abreeeu, Abreeeeu, Abreeeeeu… ¡Aaaaaabreu!”. Así sonó el tanto que nunca transformó con San Lorenzo aquél a quien apodaban “El loco”. Luego llegaría su peregrinar por varios países hasta sumar en total una cifra cercana, por arriba o por abajo, a los veinte equipos. Sin embargo su momento de gloria lo vivió vistiendo la elástica nacional ya entrado en la treintena. Uruguay se jugaba el pase a las semifinales del Mundial de Sudáfrica contra Ghana y debía lanzar el penalti decisivo. Arriesgó con una ‘Panenka’ y el experimento salió bien. Cuando vieron aquello muchos se frotaron los ojos. Probablemente también el narrador que un día se adelantó a los acontecimientos y falló en sus previsiones.

.:: Iván René Valenciano: Apodado “El gordito de oro”, este delantero que soñaba con ser jugador de baloncesto nunca cuidó demasiado su físico. Pese a ello, su hambre de gol le permitió coronarse como mito en Colombia y entrar en la historia como el segundo máximo anotador del fútbol nacional. Con el paso del tiempo acudió al programa “Cambio extremo”, donde fue sometido a varias operaciones de cirugía estética, entre ellas un by-pass gástrico y una liposucción en la papada. Después de aquello volvió a enfundarse brevemente la elástica del Júnior de Barranquilla.  Con las botas ya colgadas y su estela difuminándose, alguien dijo incluso que había fallecido. La realidad es que, añorando tiempos mejores, intenta superar su adicción a los somníferos mientras busca transmitir su don a los más jóvenes.

.:: Saeed Al Owairan: Si Maradona no le hubiera marcado a Inglaterra el “Gol del siglo”, este saudí hubiera optado quizás a ese honor. El atacante, que al igual que el resto de sus compañeros vestía una camiseta para alguien de tres tallas más y se calzaba los pantalones a la altura del ombligo, recogió la pelota en su propio campo. Fue entonces cuando inició una carrera desbocada, impulsado por el viento, dejando tras de sí a una pléyade de marroquíes. Al final logró su objetivo y para celebrarlo siguió trotando con los brazos extendidos y una enorme sonrisa en la cara, la del hombre que se siente estrella por un día.

.:: Rashidi Yekini: Fallecido hace no demasiado tiempo, este ex jugador del Sporting de Gijón dejó una estampa inolvidable. Tras marcarle a Bulgaria el primer gol de la historia de su selección en un Mundial, este gigante de 1,90 se descompuso y emocionado agarró con fuerza la red gritándole al mundo que las “Águilas verdes” estaban allí.


Ahn Jung-Hwan anota de cabeza ante Italia un gol decisivo (2002) | Getty Images

.:: Ahn Jung-Hwan: “No volverá a poner un pie aquí, no lo quiero ver más, ha ofendido al país que le ha acogido. He dado órdenes para que no regrese al club. Estoy indignado, sólo ha despuntado en el Mundial, cuando se ha enfrentado contra Italia. Ha herido mi orgullo italiano. Que se vaya a Corea a cobrar cien liras al mes”. Todo esto dijo Luciano Gaucci, presidente del Perugia, después de que un ‘Gol de oro’ de este delantero eliminara al combinado transalpino en 2002. Luego reculó pero ya era tarde. Ahn estaba herido en su orgullo.
Además no necesitaba rebajarse. Había despuntado durante el Mundial celebrado en su casa, donde antes ya había creado polémica con una celebración en la que él y sus compañeros imitaban a unos patinadores, forma de protesta contra una decisión tomada en los Juegos de Invierno de 2002 que había dejado sin medalla a un compatriota. El rival era Estados Unidos, país que fue beneficiado por la descalificación en el hielo del surcoreano. Fue un gesto que conquistó a su nación, algo por otro lado innecesario pues era un ídolo de masas que además asomaba con recurrencia por el papel cuché al casarse con una Miss nacional.

.:: Tomas Brolin, Martin Dahlin y Henrik Larsson: Lo normal en este artículo es hablar de jugadores individuales pero difícilmente se entendería a cualquiera de estos tres sin hablar de los otros dos. Brolin era el blanco rubio de mofletes sonrosados. Dahlin el negro rapado de padre afro-venezolano y madre sueca. Larsson, por entonces, el rastafari mestizo con sangre caboverdiana y sueca en sus genes. El trío representaba la multiculturalidad sueca y elaboraba un fútbol vertiginoso que permitió a los nórdicos alcanzar el tercer puesto en el Mundial de Estados Unidos. Tras la gesta, Brolin se retiró por sus problemas físicos para a continuación montar un restaurante de nombre “Undici” y dedicarse a jugar al póker. Dahlin, también afectado por una lesión, se hizo representante y dio su imagen a una firma de ropa. Larsson, que aguantó como profesional más que ninguno, se ha metido a entrenador. Todos tan distintos, todos tan únicos, todos tan geniales.


Roger Milla en acción ante Colombia (Mundial Italia 1990) | Getty Images

.:: Roger Milla: Su movimiento de caderas delante del banderín de córner a modo de celebración creó tendencia. Sin embargo no pasará solo por él a la historia. El camerunés es el jugador más viejo en disputar un Mundial con 42 años. Además, en una tarde de récords donde Salenko se llevó todo el mérito, se convirtió en el goleador más longevo tras marcar el tanto del honor para los africanos.

.:: Alphonse Tchami: Oceanía. Esa es quizás la única zona del planeta que no pisó como futbolista el camerunés. A su paso por el Mundial de Estados Unidos hay que añadir su fichaje por Boca Juniors completando todo el espectro americano. También jugó en su África natal, en el Norte de Europa, en Europa Occidental, en Centroeuropa, en Europa del Este, en Oriente Medio y en el Lejano Oriente. Difícil juntar más experiencias en menos tiempo.

.:: Julius Aghahowa: Una, dos, tres… hasta siete volteretas, seis de espaldas, dio el delantero nigeriano en una de las celebraciones más plásticas que se han visto en la historia de los mundiales. Una forma muy digna de dar lustre al único tanto que su selección marcó en la cita de 2002.
http://www.youtube.com/watch?v=GbVhED88hgk

.:: Cuauhtémoc Blanco: Pocos futbolistas pueden presumir de tener un regate patentado. El mexicano es uno de ellos. La edición de Francia 98 asistió en exclusiva al nacimiento de la Cuauhtemiña, el recurso de saltar con la pelota entre los dos pies para zafarse de un contrario. En esta ocasión, lo sufrieron dos pobres surcoreanos salieron escaldados.

.:: Ilhan Mansiz: En algunos lados se llama arcoíris pero aún no hay un nombre “oficial” para bautizar un regate como el que fabricó Djalminha ante la defensa del Real Madrid. Ese mismo, con el que muchos chavales intentan recrearse en los patios de los colegios, fue el que le hizo este atacante al mismísimo Roberto Carlos. Por entonces ya demostraba inquietudes por lo estéticamente bello, virtud esta a la que acabaría sacándole partido. Tras su retirada, cambió los tacos por las cuchillas y el césped por el hielo. En compañía de su pareja comenzó a practicar patinaje artístico con el objetivo de representar a Turquía en los Juegos de Invierno de Sochi. No lo ha conseguido, pero promete seguir intentándolo de cara a futuras ediciones.

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