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Andrés Montes y su “vida puede ser maravillosa”

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“Disfruten, porque en un momento yo estaré ahí […] y al minuto siguiente ya me habré ido” (Michael Jordan, 1993).

 

A principios de la década de los años noventa, la NBA era aún un “mundo muy desconocido” para el gran público español, que la veía como una competición “espectacular y deslumbrante” que tenía “una calidad brutal”, explica Jordi Robirosa. En la misma línea, en el libro El sueño de mi desvelo, Antoni Daimiel define la NBA de aquella época como “un mundo completamente diferente”, “una ensoñación galáctica y lejana”, “una película de difícil acceso y de aires fantásticos”.

Por aquel entonces, en España se conocía poco más que los grandes nombres del momento, algunos de los cuales habían ganado el oro en los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992 con Estados Unidos. Entre otros, Patrick Ewing, Scottie Pippen, John Stockton o Karl Malone eran nombres conocidos para el aficionado español. Aún lo eran más los de Larry Bird y Magic Johnson, dos viejos rockeros que habían dominado la NBA en los ochenta y que se resistían a retirarse. Todos estos jugadores fueron los protagonistas de una “época inolvidable”, señala Marc Gasol en el prólogo de El sueño de mi desvelo; pero por encima de ellos destacaba el 23 de Chicago Bulls: Michael Jordan, “el alma y la esencia de la NBA en aquellos tiempos”, según Daimiel.

Con el objetivo de acercar el intrigante y extraordinario mundo de la NBA a España, Canal+ compró los derechos televisivos de la liga y, el 1 de diciembre de 1995, retransmitió el primer partido: un encuentro entre Houston Rockets, los vigentes campeones, y Utah Jazz. Los encargados narrar aquel primer duelo fueron Santiago Segurola y Andrés Montes. Daimiel, que retransmitió los primeros partidos de la NBA en Canal+ con Sixto Miguel Serrano, Segurola y Montes; recoge en su libro lo que le dijo, por teléfono, el entonces director de deportes de la cadena, Alfredo Relaño, a Montes una vez terminado aquel histórico encuentro: “Todo perfecto, magnífica retransmisión; ese es el camino, Andrés. La única pega es que me ha llamado el director general y me ha dicho que no le ha gustado nada, pero no te preocupes por eso”.

Foto: Marca.com

 

Pero ¿qué es lo que pudo hacer que la forma de narrar de Montes no gustara? Desde su llegada a la NBA, Andrés mostró un estilo “muy propio, personal y particular”, señala Robirosa. El negro, el mote cariñoso con el que sus compañeros le conocían, “huía de los cánones estándar, de lo que hacía todo el mundo”, afirmaba Daimiel en 2012.

Con toda seguridad, la mayor virtud del Montes periodista fue dotar al baloncesto de un ritmo y de un dinamismo del que carecía hasta entonces, hacerlo más ameno y divertido y, mediante un sinfín de expresiones y motes improvisados, decodificarlo para que el espectador medio pudiera entenderlo y disfrutarlo.

Para Montes, Michael Jordan era Aerolíneas Jordan. Pero el 23 no fue el único jugador al que Andrés le puso un sobrenombre. Entre muchos otros, el recordado periodista deportivo también bautizó a Tim Siglo XXI Duncan, a El Jim Carrey de la liga (Kevin Garnett), a Cruella de Vil (Dennis Rodman), a Chocolate blanco (Jason Williams), a Notre Damme (Steve Nash) o al Bailarín de claqué del Cotton Club (Hakeem Olajuwon).

Con expresiones como “¡jugón!”, el “pincho de merluza” para los grandes tapones, el “brrrrr” para los mates espectaculares o el “ra-ta-ta-ta-tá” para los triples, Andrés completó un extenso diccionario para sus retransmisiones.

Pero el legado de Montes no se limita a una infinidad de motes y expresiones. Junto a Daimiel, el negro también dejó para el recuerdo algunas conversaciones sobre temas que no tenían absolutamente nada que ver con el baloncesto, como las bodas o el cine de autor, pero que divertían al espectador y hacían más entretenidas las dos o tres horas que puede durar un encuentro de la NBA.

En términos de Montes, había que vender el muñeco. Y este muñeco era, según explica Daimiel en El Sueño de mi desvelo: Una liga que se juega en la madrugada española […] y que se disputa bajo los gustos y los condicionantes de la realidad social y económica de gente muy diferente a nosotros que vive a ocho mil quilómetros de distancia.

 

Así pues, los narradores de la NBA de Canal+ tenían ante sí un reto mayúsculo: “trasladar, contar y explicar un mundo extraordinario”, apunta Daimiel. Para ponerlo más difícil aún, en una época en la que aún no había llegado Internet, tenían que hacerlo superando la escasez de fuentes de información.

Pero lo consiguieron. “Sin dejar de referirse al partido”, Montes y Daimiel, la pareja estrella de las retransmisiones de Canal+, escenificaban “una performance y un atrezo” tan interesantes y atractivos para el espectador que hicieron de el negro la imagen de la cadena, algo increíble “para alguien que trabajaba por la noche”, destaca Robirosa.

Sin lugar a dudas, este es el mayor logro de Andrés Montes y Antoni Daimiel. Salvando la diferencia horaria, el de Madrid y el de Ciudad Real consiguieron entrar “en los salones de la gente, de noche”, reconocía Daimiel en 2009. En palabras del autor de El sueño de mi desvelo, la NBA era un plato “exótico”, pero ellos dos lograron hacerlo más cotidiano y más familiar para el aficionado español.


Foto: Marca.com

 

 

Aun así, en su libro, Daimiel afirma que fueron los grandes jugadores como Jason Williams los que consiguieron sentar “frente al televisor a altas horas de la madrugada a gente que en su vida había visto más de un par de partidos de baloncesto completos”. Es innegable que fueron clave las figuras de la época y la progresiva llegada de jugadores españoles a la liga norteamericana que empezó con Pau Gasol; pero nunca hay que restar mérito al papel que jugaron Montes y Daimiel en acercar la NBA a España.

El matrimonio se rompió en 2006, cuando Andrés dejó Canal+ y firmó por laSexta para narrar partidos de baloncesto y de fútbol. Tras tres años en la cadena, Montes se despidió de laSexta y del periodismo al terminar el EuroBasket de 2009 que ganó España. Lo hizo con una expresión que le acompañó siempre: “la vida puede ser maravillosa”. Tan sólo 25 días después, fallecía a los 54 años.

Aunque hoy sigue existiendo cierto desconcierto alrededor de las causas de la muerte de Montes, lo cierto es que esta polémica no ha ensombrecido la memoria de un hombre que cambió el periodismo deportivo español, que revolucionó la manera como se narraban el baloncesto y el fútbol en España. Fue “un comunicador diferente”, “un genio inconsciente de su genialidad”, según apunta su excompañero Daimiel.

Y es verdad que había gente a la que no le entusiasmaba la manera de narrar de Montes –“para eso está el mute en la TV” decía él mismo-, pero es igualmente cierto que el periodista fue muy apreciado en España, y también en Cataluña. En este sentido, Robirosa retrata como un día, mientras paseaban por Barcelona y la gente les paraba cada “cinco pasos”, Andrés le comentó: “Cómo me quiere la gente en Cataluña”.

Y es que era difícil no quererlo. Tan difícil que todavía hoy se conoce su nombre. Tan difícil que todavía hoy es recordado con un punto de nostalgia y otro de romanticismo

Foto cabecera: 20 minutos

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