Fútbol alemán

article title

Pasar de lo irracional a la realidad

Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Google+Share on LinkedIn

Recientemente el jugador italiano, Andrea Pirlo, ha decidido colgar las botas y poner punto final a su carrera. Parecía uno de esos jugadores eternos, que siempre iban a jugar al fútbol. Como Francesco Totti, Steven Gerrard, Xavi Hernández o Philipp Lahm. Pero siempre hay un desenlace. Nada es imperecedero.

Cuando eres un niño tiendes a magnificar a los jugadores. Algunos te parecen héroes, ya que te encanta su juego, su peinado, ese gol que recuerdas que hizo, o simplemente porque te gustan, sin razón aparente. Esos futbolistas para ti son diferentes a los demás. Desde que tienes uso de razón están allí, en tus recuerdos. No has conocido el fútbol sin que ellos no estuvieran involucrados. A mí me ha pasado.

LEER MÁSEl maestro de la ingravidez

A medida que me hecho mayor, las cosas evolucionan, pero hay algunas que no cambian. Una de esas es ver como esos futbolistas siguen corriendo detrás de una pelota. Siguen ahí y sigo disfrutando de su juego. Los miro y sé que todo está como siempre, que todo va bien.

(Getty)

No me imagino un fútbol sin ellos. Pasan los Mundiales y ellos siguen jugando. Pero hay un momento en que todo cambia. Como si un tótem cayera. Como si una norma inviolable fuera remplazada. En ese instante me doy cuenta, que ya nada volverá a ser igual. No entraba en la lógica con la que había crecido. Esa situación es cuando el futbolista que siempre he visto, que pensaba que siempre iba a ver sudando una zamarra, decide abandonar el fútbol.

Es algo irrazonable. No puede ser. ¿Como un aficionado romanista nacido en 2000 va entender el fútbol sin Totti? No tiene sentido. La vida va por fases, primero la niñez, después la adolescencia, después ser adulto, posteriormente la vejez, pero crees que el fútbol no entiende de etapas. Cuando no has conocido otros futbolistas, de los que siempre has visto, crees que los jugadores suman temporadas, pero no años de edad.

El fútbol tiene la capacidad de convertir a un hombre en un dios para una hinchada, un territorio o un país. No puede haber un final para esta historia de amor. Pero cuando te das cuenta, a la fuerza, como si fuera una terapia de choque, que siempre hay un desenlace, notas como si una parte de ti ya no estuviera. Crecer viendo a un futbolista, desde que tienes uso de razón, y ver cómo se va es una etapa que nunca imaginas llegar a recorrer.

(Getty)

Supongo que cuando eres más mayor puedes ver el nacimiento de una joven estrella, su trayectoria y su desenlace, y todo tiene sentido, porque hay un inicio y un final. Hay un relato. Pero no estoy en esa etapa. Estoy en el transcurso que jugadores que creía eternos, en el que mis conocimientos sobre ellos se basan en lo irracional de la niñez, no son para siempre. Vivo en la paradoja que futbolistas que creía imperecederos cuelgan las botas.

Desde siempre he visto a Steven Gerrard jugando en el Liverpool, a Xavi Hernández en el Barça, Philipp Lahm en el Bayern y Andrea Pirlo tratando el balón con la exquisitez de quien tiene en sus manos una joya. Me negaba a pensar que los iba a dejar de observar sobre el terreno de juego, pero de repente, de un día para el otro, se acabó.

Y fue en ese momento que me di cuenta que el tiempo también transcurre en el fútbol. Tocaba replantearme mis principios y empezar a imaginar todo sin ellos. Ver este maravilloso deporte de otra manera. Eso sí, siento que una parte de mí se ha ido con estos futbolistas. Aparecerán otros, pero cada etapa tiene un inicio y un desenlace. Ahora estoy en la fase de ver como los ídolos de siempre, no son eternos. Qué remedio. No hay otra. Es el paso del tiempo.

Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Google+Share on LinkedIn

Artículos relacionados