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Ancelotti, el triunfador de hielo

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Gestionar un equipo como el Real Madrid no es una tarea que todo el mundo sepa realizar con éxito. Es más, muchos son los que lo intentan y se quedan por el camino. Administrar un vestuario lleno de estrellas es un trabajo más de psicólogo que de entrenador. Para esto también valen los humildes o las buenas personas. Ancelotti mucho de psicólogo no tiene, pero sí de hombre cercano y bonachón. Lo dijo Sergio Ramos hace unos días: “Nos ha ganado a todos”. Le faltó apostillar que lo ha ganado (casi) todo.

Ancelotti aparece en la lista de nominados para conseguir el Balón de Oro como mejor entrenador de 2014. Una nominación que le llega después de su primer año, ese que todo el mundo considera de adaptación, en el que ha ganado títulos importantes con el Real Madrid y ha conquistado el territorio inexpugnable de la historia blanca: La Décima.

La alargada sombra de Mourinho es un hándicap que el italiano superó y con insultante naturalidad. Él venía a hacer su trabajo, lo de antes era el pasado. Él era presente y, de momento, futuro. Un hombre que ha sorprendido a propios y a extraños. Los prejuicios señalaban al italiano en una dirección: era un hombre flojo de carácter, fácilmente manipulable por instancias superiores. Pero ese pensamiento dejó de tener efecto cuando se confirmó algo que no estaba en ninguna apuesta: Casillas tampoco iba a jugar en Liga. Ahí ya se vio que algo de carácter, o de personalidad, o de bemoles sí que tenía.

A partir de ese momento, demostrando que juzgar antes de tiempo conlleva riesgos, empezó a sembrar el éxito en el club blanco

La Copa del Rey

La galopada de Bale, que puso Mestalla patas arriba, cambió el aire en el Madrid. Un aire enrarecido por los resultados en Liga, con la esperanza de la Copa inmediata y la Champions en el horizonte. Y contra el Barça, otra prueba de fuego. Además, por si eso no fuera poco, Cristiano Ronaldo tenía que ver el partido desde la grada. Por eso mismo el Madrid, o Ancelotti, o todos juntos, se salvaron a ellos mismos de otro año torcido. El equipo blanco ganó,además lo hizo bien, y al técnico italiano se le empezó a ver de otra forma. “Pues igual este sí que sabe algo”, pensaron muchos. Primer match-ball, primero ganado.

La Décima

La aplicación más directa del dicho “llegar y besar el santo” es Ancelotti. O besar la Décima. La ansiada Liga de Campeones, la del número 10, tan redondo, tan esbelto. En aquel minuto 92:48, la historia del Madrid y, suponemos, la de Ancelotti cambiaron por completo. En el minuto 92:47 el italiano estaba con pie y medio fuera del Madrid. Perder una final (mejor dicho, “LA FINAL”) contra el rival vecino y con un error de Casillas era inadmisible. Pero la vida cambió, en unos segundos, y las tornas se invirtieron. Ancelotti era el hombre de la Décima.

Cualquiera que tenga en sus manos la votación del Balón de Oro, tendrá este hecho como un elemento de valoración excepcional. No todos los años se consigue hacer historia en uno de los clubes más grandes del mundo. Si la vida se rige por la meritocracia, Ancelotti debiera ser Jefe de Estado. Y, como siempre, con naturalidad. Que eso nunca falte.

Carlo_Ancelotti_PSG

Supercopa de Europa

Después de la resaca en Mestalla y Portugal, después del verano merecido, el Madrid también se trajo de Gales la competición “agostera”, la que sirve para sudar el vino y los chuletones y poner a punto los músculos. La exhibición de Cristiano Ronaldo, con dos goles, en la final ante el Sevilla, le dio la Supercopa de Europa al Madrid.

Por aquel entonces, pudimos ver la mano de Ancelotti en el mundo de los banquillos. Visto que Kroos había nacido para jugar en el Real Madrid y que James empezaba a mostrar maneras, tocaba gestionar otros asuntos: Di María fue uno de ellos. Con la marcha del argentino, el mundo blanco se puso un poco más gris. El hombre reconvertido a centrocampista, que aceptó moderar su hiperactividad para armar el bloque del equipo, se marchaba al Manchester United. Problemas para el Madrid.

Más aún cuando Xabi Alonso, en un ataque repentino de ambición, decidió hacer las maletas rumbo a Munich. ¿Ahora qué? Sin Di María y sin Xabi Alonso. Como broma había estado bien. Entonces Ancelotti echó mano del librillo: James podía ocupar el puesto de Di María. Y, en una excelente maniobra (otra más) del italiano, James empezó a adaptarse, a recuperar balones y a repartirlos. Era el Di María colombiano. Ancelotti, ten points

Récord de victorias

El 29 de noviembre, al otro lado del Canal de la Mancha, se advirtió un refunfuño. Era Mourinho. No solo Ancelotti le había quitado el privilegio de ser el hombre de la Décima, sino que además le quitaba el récord que poseía, junto a Miguel Muñoz, de mayor número de victorias consecutivas en Liga. Si Mourinho tiene 15, yo quiero, como mínimo, 16, pensó Ancelotti. Y lo hizo, lo consiguió en la Rosaleda, frente al Málaga. En rueda de prensa se le vio tranquilo, con su ceja, su rostro y su afabilidad habituales. Haciendo parecer fácil lo difícil.

Llegados a este punto, recopilar los méritos de Ancelotti no es tarea fácil. Decir lo bueno que tiene un hombre que en su primer año ha sido designado como mejor entrenador de la pasada Liga es complicado. Quizá su único mérito es ser como es: afable, natural, cercano, con carácter cuando se precisa. Probablemente el éxito esté ahí. En el partido contra el Cornellá, Ancelotti superó las 10 victorias seguidas en Copa, otro récord en posesión de Mourinho hasta el pasado martes. En fin, así es Ancelotti. Sin ruido, sin carreras por la banda y sin una palabra maleducada. Quizás nos está señalando el camino para triunfar.

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