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Alisson: Brasil también fabrica porteros de élite

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Pese a su nombre de protagonista femenino de sobrecargado y dramático telefilm dominguero y a su tenístico apellido alemán, Alisson Becker nació y creció en Brasil. En la tierra del fútbol callejero, de hacer magia con los pies, de vivir por y para la pelota, del balompié de origen e intenciones puramente lúdicas y creativas, el país en el que querer ser portero es una excepción más excepcional que en ninguna otra parte del planeta fútbol. Sin embargo, la profesionalización progresiva dentro de las academias de los grandes clubes está haciendo que también en Brasil -caracterizado por no poseer demasiados porteros de élite, ni un nivel medio destacado en comparación con el resto de potencias- tenga a dos de sus guardametas como titulares de dos de los equipos más potentes de Inglaterra (Ederson) y de Italia (Alisson).

Alisson es un caso más de los cambios futbolísticos de verano que se producen de una forma aparentemente repentina, un ejemplo de las evoluciones en la sombra que algunos futbolistas viven a la espera de la oportunidad continua de demostrar que hacía tiempo que estaban preparados. El meta brasileño llegó el curso pasado a la Roma tras haberse formado y afianzado en Internacional, donde sentó y adelantó la retirada de un Dida que ha sido junto a su compañero de generación Júlio César, los dos últimos cancerberos de élite brasileños. Las dos figuras a las que Alisson y Ederson (ambos tienen 24 años) -que también relegó a la suplencia al exjugador del Inter en su último año en el Benfica– están empezando a relevar una década después del pico de mejor nivel de sus antecesores.

Igual que sentar en su día al mítico Dida, sustituir a Wojciech Szczesny tras la sobria y notable temporada pasada del polaco en la Serie A -seguramente el mejor portero del pasado campeonato italiano- sin haber ni siquiera llegado a debutar en liga durante su primer año en Roma, no era un papel para nada sencillo y despojado de presión, pero Alisson está respondiendo a la altura de sus excelentes condiciones bajo palos, a la altura del potencial del arquero por el que los giallorossi pagaron ocho millones de euros en 2016, a la altura del portero titular durante toda la fase de clasificación de la mano de Tite -su gran valedor incluso siendo suplente en Roma- de una de las grandes aspirantes al Mundial de Rusia en 2018. Y su partido en Champions ante el Atlético de Madrid, en el que realizó hasta nueve paradas de mérito y fue el protagonista del empate arrancado por su equipo, fue la evidencia consagratoria entre la élite por su parte.

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Su planta de 193 centímetros le sitúa por fisonomía dentro del arquetipo de porteros contemporáneos y le permite dominar el área, los balones altos y ocupar mucha portería. Además de ello, Alisson posee una naturalidad para el juego de pies fuera de lo común -no en vano es brasileño aunque sea portero- e idílica para equipos de vocación propositiva que quieren empezar el juego raso desde la misma línea de fondo propia. Es diestro, pero se maneja perfectamente con la pierna zurda a la hora de tocar en corto para sus defensas, capea de forma excelente la presión del rival en situaciones de tensión y su estado de confianza -mucho viene dado por haberse afianzado como dueño del arco de Brasil y tener Rusia en el horizonte inminente- está llevando en volandas a su nivel.

Más allá de ser un portero con mucha presencia, con personalidad, con las excelentes concentración y colocación bajo palos y con aptitudes de sobra para estar involucrado constantemente en la salida de pelota de su equipo, Alisson es también un guardameta reactivo, que ha trabajado mucho la forma de ir abajo con decisión y velocidad y los reflejos para salvar remates a bocajarro casi imposibles o ser certero en los mano a mano gracias su envergadura, unida a un visible trabajo de situaciones de uno para uno. Características por las que está siendo uno de los pilares del difícil inicio de temporada de la nueva Roma de Eusebio Di Francesco. Y es que el brasileño es, junto al veterano Kolarov, el mejor futbolista del conjunto capitalino en esta etapa inicial de la campaña y seguramente la nota más positiva de la plantilla de cara a un futuro a medio plazo.

Lejos de la ciudad que vio triunfar a Dida y a Júlio César, pero en el mismo país en el que ellos vivieron sus mejores días como futbolistas, Alisson -un portero mucho más completo que sus dos compatriotas citados- se está convirtiendo a sus 24 años en uno de los mejores representantes de esta primera gran ola de porteros modernos altos, buenos con las manos y también con los pies. En un fútbol que cada vez requiere más del juego de pies de sus arqueros, parecía cuestión de tiempo que Brasil empezase a colocar a uno o varios de sus porteros bajo los palos de algunos de los mejores equipos del mundo. Quién sabe, tanto Alisson como Ederson pueden ser las puntas de lanza, los referentes para una generación de guardametas brasileños ya en gestación. Los Dida y Júlio César del presente, sus evolucionados y directos herederos.

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