FC Barcelona

article title

Alirón en el Calderón

Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Google+Share on LinkedIn

Los nervios que genera la ansiedad por firmar una liga que todos dan por finiquitada no deben de ser ‘peccata minuta’. Y máximo con una final de Champions en el horizonte como la del 6 de Junio. Por eso quizás el Barça, que salía con todos los favoritos de Lucho menos Luis Suárez (baja por molestias musculares), acusó los minutos iniciales del Calderón. Claudio Bravo hizo paradas dignas de mención y el Barça demostró lo que lo ha llevado un escalón más arriba en estos últimos meses, una seriedad atrás digna de un equipo campeón.

Y eso que el Atleti hizo uso de una presión alta que ponía muchos problemas a la hora de sacar el balón jugado desde atrás. Pese a los puntos de descarga que ofrecían Neymar y Messi, la pelota se resistía a rodar rápido y el ritmo del partido se volvía fatigoso para todos, jugadores y espectador.

Los minutos pasaron y tras el asedio inicial de los colchoneros, el Barça empezó a hacerse con el partido poco a poco, y trasladó su posición de juego a campo enemigo. Probó suerte Messi con disparos desde lejos, hubo cosas en el área que no veía Undiano y otras que las sacaba afuera de la misma, como la falta a Alves que Messi lanzó al larguero. En el último tramo del primer tiempo el Atleti terminó sufriendo pero resistía las incisiones que el Barça practicaba por la derecha de manera insistente.

Tras el descanso, el ritmo del partido seguía siendo pesado, como si cada jugador cargase con un trozo de lo que había en juego. El Barça daba muestras de querer cerrar ya el dilema de la Liga para poder centrarse en Berlín al 100%, pero el Atleti no se mostraba con mucha actitud de ceder ni un metro en el terreno de juego. Lo mismo le pasaba a Bravo, que justificaba el reparto de minutos en la portería que estableció Luis Enrique demostrando su talento en cada oportunidad que tiene. Los mejores del equipo estaban arriba, y tanto Messi como Neymar percutían buscando una solución para terminar con la incertidumbre.

La encontró, como casi siempre, Messi. Al argentino no le bastaba con certificar finales y decidió conquistar la Liga. Una pared al primer toque desde el borde del área y ya está, con un toque sutil la coloca al único lugar dónde un porterazo como Oblak no pudo llegar. Quedaba tiempo para mucho, pero el gol era síntoma de lo que apuntaba el partido. Había un equipo que quería algo más y se notaba. Las piernas comenzaron a pasar factura para ambos y el Barça decidió guardar el balón y protegerse atrás. Nadie quería sustos de última hora.

Ni el balón parado, arma preferida por los rojiblancos con la que asaltaron el Camp Nou el año pasado, fue esta vez fructífero. Una tangana sin motivo finalizaba un encuentro que fue demasiado anodino para lo que representaban los tres puntos.

El Barça es el justo campeón de la Liga, tras cerrar una segunda vuelta de ensueño y encajando menos que Floyd Mayweather. Una liga de todos (desde Douglas hasta Vermaelen) que es el primer título pero que no tiene porqué ser el último. Porque cuando Messi es el epicentro del terremoto, los trofeos se caen por su propio peso.

Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Google+Share on LinkedIn

Artículos relacionados