Europa League

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Algún día

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A veces, cada cierto tiempo , me acuerdo del penalti fallado de Riquelme. De lo que podía haber pasado si lo hubiese marcado. Tal vez el Villarreal hubiera entrado a la prórroga con una moral infinita, superior a la de un Arsenal que se veía en París. O tal vez no, que la gasolina no daba para más, y que los ‘gunners’ de Henry, Cesc y compañía eran muy superiores.

Tal vez aquel Villarreal de Pellegrini habría jugado la final de la Champions League, nada menos que ante el Barça de Deco, Giuly, Eto’o o Ronaldinho. Nada menos que en su primera participación en la máxima competición de clubes. Ni mucho menos pagó la novatada. El Submarino compitió cada partido como si hubiera jugado en Europa toda la vida, cuando en realidad había paseado por divisiones regionales en gran parte de sus noventa y tantos años de historia.

riquelme penalti

Aquella parada de Lehmann no fue más que el despertar de un sueño que nadie pensó que se podía hacer realidad hasta ese momento. ¿Quién en su sano juicio habría apostado que un equipo de pueblo que debutaba en Champions iba a disputar el penúltimo partido por el título? Era impensable. Por eso, en el pitido final, España entera aplaudió orgullosa y lamentó la oportunidad fallida.

Volver a una semifinal europea ya no era tan utópico, pero casi. ¿Qué equipo sin apenas historia en Primera División ha llegado tan lejos en Europa hasta cuatro veces en doce años? En 2004, en 2006, en 2011 y en 2016. Cuatro semifinales. Valencia, Arsenal, Oporto y Liverpool fueron sus verdugos. Y aunque la primera, ante el cuadro de Benítez que a la postre sería campeón de Liga y UEFA y la segunda eran impensables, la tercera y la cuarta se han vivido por la marea amarilla como si la ilusión fuera un plato que se rompe en el suelo.

Porque es muy difícil ser semifinalista de la Europa League, sobre todo si hace tres años estabas luchando por ascender a Primera. Sobre todo si tienes un equipo con hasta diez cambios significativos respecto a la temporada pasada. Sobre todo si te tocan rivales como el Nápoles o el Leverkusen. Y lograr superar cada obstáculo para luego caer de bruces es una sensación que te destroza por dentro.

FC Porto's Colombian forward Radamel Fa

Porque da que pensar que el éxito solo está reservado para unos pocos. En estos últimos 12 años en los que el Villarreal ha llegado a cinco semifinales -cuatro europeas y una copera- el Sevilla ha ganado ocho títulos, el Atlético siete, el Valencia cuatro y el Athletic uno. Los equipos que año tras año pelean por Europa con el Submarino han acariciado las mieles del éxito antes y después del auge amarillo, pero al club castellonense se le escapa una y otra vez esa ansiada final.

Lo que sucedió en Anfield fue una decepción. El Villarreal jugó un partido enorme en la ida, pero en el santuario red ni las vio venir. Fue justamente derrotado y no mereció pasar a la final, no hay duda. Sin embargo, una parte de todos los que le tenemos aprecio no podemos evitar decir que es injusto. Que el proyecto que levantaron Roig y Llaneza, que lideraron Arruabarrena, Senna o Bruno y que ha alcanzado desde cinco semifinales hasta un subcampeonato de Liga merece un título. Algún día.

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