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Alemania: ‘el laberinto del 9’

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JOSE ROBERTO NÚÑEZ | Cuando ya comenzaron a parecer lejanas aquellas imágenes del minuto 113 de aquel 13 de julio de 2014 en tierras cariocas, algunos sectores comenzaron a discrepar a Joachim Löw por diversas situaciones, convocatorias, decisiones y planteamientos, pero quizás el mayor trascendencia ha sido el tema del delantero centro.

Alemania durante la etapa clasificatoria a Francia, a pesar de tener en sus convocatorias a hombres de área como Max Kruse o Kevin Volland, no tuvo una ‘punta de lanza’ definida en sus planteamientos iniciales, en su lugar, ha sido una de las selecciones que apelan a una especie que ya parece estar en ‘periodo de extinción’, el falso nueve. Entendemos como falso nueve a un jugador que al contrario del delantero convencional, se mantiene fuera del rango de la saga defensiva rival y que el mismo busca irrumpir en la misma con velocidad, dinamismo, libertad de movimiento y con capacidad de asociación con sus compañeros.

 

 

Durante el camino a la EURO, varios fueron los nombres que ocuparon esa vacante, Kruse y Volland en duelos con rivales de menor exigencia (Gibraltar y Geoirgia), en otras oportunidades Andrè Schürrle o Mario Götze, pero al final fue Thomas Müller quien se colocó la chaqueta de goleador durante la fase clasificatoria a la actual cita continental y que a la postre lo convertiría (como en el Bayern) en escolta de su compañero en la tabla de goleadores, el polaco Robert Lewandowski, con trece y nueve goles respectivamente.

El laberinto de Löw llegaba a Francia con mucha incertidumbre en torno al nombre que encabezaría la ofensiva germánica, presumiendo que la presencia de Mario Gómez entre los elegidos luego de una temporada goleadora con el Besiktas turco (26 goles y 4 asistencias en 33 partidos), se traduciría en su proclamación como ese ‘cañonero’ de área que se complementaría con un medio campo que acumulaba una cantidad incomparable de asistencias en la recién culminada temporada, Özil, Kross, Müller y quien parcialmente ocuparía la vacante de Marco Reus, Julian Draxler. Por el contrario el técnico alemán se decantó nuevamente por el ‘Héroe del Mundial’, Mario Götze, atizando el debate en el entorno.

En Lille, Alemania se estrenaba en la gesta continental con victoria 2-0 ante la siempre complicada Ucrania, con muchas citas del libreto acostumbrado, alto porcentaje de pases acertados, un gol proveniente de la ‘receta popular’ alemana, centro de Kroos y el defensa (en este caso Mustafi) ganando vía aérea, el segundo, una gran contra culminada por Schweinsteiger a segundos del final producto del adelantamiento del rival en busca del empate, dieciocho tiros al arco, nueve a puerta, en muchas cosas el típico libreto, pero con una particularidad, de esos, solo uno provino de los botines de Mario Götze.

 

 

En el Stade de France de París, la Mannschaft se presentaba ante un rival siempre complicado y de muchos conocidos en su colectividad, Polonia. Nuevamente con Mario Götze como primera pieza en el frente de ataque, reviviendo muchas escenas del episodio anterior, medio campo generador constante de juego, superando ampliamente al rival en el apartado ofensivo, pero esta vez pactando un 0-0 tras un partido espeso, aunque con la ‘coincidencia’ estadística de Mario, un disparo al arco. Mario Gómez vio sus primeros minutos en la actual EURO ingresando por Julian Draxler a menos de veinte minutos para el final, y a pesar de prácticamente no haber tenido contacto con el balón, quedaba clara la posibilidad de que ante la defensiva Irlanda del Norte, Mario, el verdadero nueve, estaría desde el pitazo inicial.

Misma ciudad, pero esta vez el Parque de los Príncipes como escenario, la novedad en el once de la Mannschaft, la presencia del hombre de área, Mario Gómez, variante que nos hacia presumir que presenciaríamos el mejor partido en lo ofensivo desde la llegada de los teutones a Francia. El rival, una Irlanda del Norte había dejado claro que era el equipo más defensivo de la EURO, un equipo que busca resistir los embates ofensivos del rival y sorprender con transiciones rápidas o jugadas a balón parado. A pesar de ello, Alemania mostró todo su poderío ofensivo, escasearon los goles, es cierto, pero no las ocasiones de gol, par de balones al travesaño de Müller, otros detenidos de manera excelsa por el guardameta Michael McGovern, varios disparos de Super Mario con el único gol del partido viniendo desde sus botines y hasta tres buenas ocasiones del objetado Götze que ingresó por Schürrle y ocupó una posición en la que claramente se sintió más cómodo, dejando un solitario 1-0 en el marcador, pero unas estadísticas contundentes en el plano ofensivo (28 disparos, 9 a puerta, 5 bloqueados, 2 al poste), una grata impresión de haber visto a la verdadera campeona del mundo y la señal de cual debe ser el camino de ahora en adelante, entendiendo que Löw consiguió la respuesta, pero con la interrogante de si en su ‘cuestionario’ estaba la pregunta que la acompañaba.

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