Die Mannschaft

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Alemania a revisión: mucho de uno y poco de lo otro

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Siempre se ha dicho que Alemania ha sido un equipo de torneo, de competición. Que los germanos no se ponen para los amistosos, pero que cuando empieza todo, ellos aceleran. El país teutón siempre ha sido uno de los “favoritos“ en cuanto a títulos con la selección se refiere, la todopoderosa Alemania es siempre temida y pocas veces menospreciada, nombres como Müller, Beckenbauer, Matthäus, Bierhoff o Götze los avalan.

Pero echemos el freno para contemplar la campeona del mundo y su actuación en esta Eurocopa 2016. Löw y los suyos han cumplido el primero de los objetivos -pasar como primera de grupo-, sin embargo los tres partidos disputados dejan a la vista problemas acuciantes y necesitados de solución.

 

La defensa: sin un plan B claro

A pesar que Neuer haya mantenido su portería a cero en los tres encuentros, la defensa de esta Alemania no tiene un plan B definido y la dupla Hummels-Boateng está destinada y casi forzada a jugar sin descanso y sin importar el contrario. La ausencia en los primeros partidos de Mats, el ahora jugador del Bayern de München, se hicieron notar y los espacios a la espalda de un Boateng que asumió todos los galones que le quisieron dar y más. Mustafi cumplió con creces su papel como sustituto de Mats Hummels, sin embargo queda relevado a ser la tercera opción de esta selección germana. Preocupante fue Höwedes en el lateral viéndose superado. Una banda derecha que echa de menos como nunca a Philipp Lahm.

 

 

Aún así la buena noticia fue la del partido contra Irlanda del Norte, y no hablamos de la clasificación como primera de grupo. La revelación de Kimmich posicionado en la banda derecha fue como un bálsamo a las heridas de Alemania. El joven futbolista de sólo 21 años se descubrió en París como la solución.

Aunque esto es un arma de doble filo. De asentarse Kimmich como lateral derecho, tanto él como Hector descubren una de las debilidades de esta Alemania: los laterales -así como la línea defensiva- tan alta. Una debilidad que Irlanda del Norte tanteó pero no supo aprovechar, pero que ante rivales en fase de “k.o.” puede ser la perdición de los chicos de Joggi.

Terriotorio doble K: Kroos-Khedira

El mediocampista alemán se erige como piedra angular y centro neurológico de esta Alemania. No descubrimos nada nuevo al presentar a Kroos como maestro del pase y marionetista de un juego versátil, con cambios de ritmo y con la pausa que necesita la Mannschaft de vez en cuando. Raro es no ver jugada que no se haya gestado en la cabeza de ese hombre, que quizás no lleva la banda de capitán y no está mucho por la labor de asumir las responsabilidades de un equipo carente de un líder claro en el campo. Pero entre bastidores casi, Kroos consigue que Alemania juege atractivamente, con gusto, casi con gracia. Un teutón que hace delicias y tiene como compañero a un Khedira, que como ocurre siempre que juega con la selección, se convierte en un tanque.

 

 

Sami siempre se dejó ver bajo las órdenes de Löw como un jugador todoterreno. Capaz de hacer el trabajo “sucio” a la vez que llevar la iniciativa un poco más adelantado que Toni.

Esta es la dupla de Joachim, es inamovible y definitiva. Sin embargo las opciones para estas posiciones no son malas, sino que ofrecen variabilidad técnica y táctica. Esta es una de las fortalezas de la Mannschaft.

La ofensiva: mucho disparo, poco gol

Alemania ofensivamente hace que a uno se le haga la boca agua. La realidad es que aunque las ocasiones de gol son claras y numerosas, parece que el balón o se niega a entrar en portería o los germanos tienen un serio problema a la hora de convertir sus oportunidades.

 

 

La idea del falso 9 le viene grande a Götze, que a pesar de su etiqueta de héroe anda perdido por delante de un Thomas Müller algo frustrado ante el poco acierto de cara al gol, más fantasma que nunca -aunque con una actuación soberbia en el último partido de la selección alemana-. Un Özil que a pesar de la idea inicial de colocarlo en el centro, Löw ha acabado optando por colocarlo escorado en banda, dónde parece dar más problemas a la defensa contraria. Sin contar la delegación del papel de Joker de Schürrle y la denominación de plan B a un Mario Gomez que pareció vital en los minutos que disputó.

Los nombres en el ataque alemán pesan y se acumulan en el banquillo: Draxler, Sané, Schürrle, Podolski…

Sin embargo falta dar con el “clic”. Falta que la pelota entre. Quizás sea el problema más grave de la Mannschaft.
En definitiva: Alemania cumple, pero cumple con un aprobado justo. Con un gran juego pero que firma resultados cortos a pesar de poder haber ido ganando casi por dos o tres goles más de diferencia.

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