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Aleksandar Kolarov, una fábrica en la zurda

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Confirmado. Y con creces. El fichaje de Aleksander Kolarov por la Roma, pese a lo controcultural que era su incorporación dentro de una dirección deportiva dirigida por un Monchi casi siempre tendente a la revalorización de sus apuestas, ha sido uno de los grandes aciertos del pasado mercado veraniego en el Calcio -directamente el mejor por relación calidad-precio (cinco millones de euros)- y también del fútbol europeo a nivel global.

El serbio es, hoy día y junto a Joshua Kimmich, el defensor más productivo de la élite del Viejo Continente, con tres goles y cuatro asistencias entre Serie A y Champions League. Una productividad espectacular en su pierna zurda que no solamente está sirviendo a la Roma para ganar partidos y recolectar puntos que de otra forma no hubiera sumado, sino que le ha dado y le está dando un tiempo valiosísimo a Eusebio Di Francesco para instalar su libro de estilo en el equipo giallorosso tras un inicio de temporada ciertamente dubitativo, especialmente en cuanto a la estructura táctica ofensiva se refiere.

A efectos de poso ofensivo, Kolarov ejerce de principal regista de la Roma desde su costado izquierdo y su influencia táctica, sumado a su gran estado físico y a la experiencia (32 años) y seguridad defensiva que transmite dentro de un balance global muy positivo en este sentido, es por tanto colosal. En solo un año con Guardiola, el ex del City ha adquirido la capacidad de influir por entero en la fase constructiva de su equipo y desatar toda su creatividad mediante el pase. Al nivel de los mejores laterales en esas lides, como son Dani Alves, Marcelo o Ghoulam. Una conversión tardía a una interpretación del juego, los espacios y los movimientos propios y ajenos tan global, a la que ha contribuido, y mucho, su puntual actuación como central en una línea de tres elementos durante el curso pasado.

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Es algo habitual, repasando las estadísticas de los partidos de la Roma, ver a Kolarov como el hombre que más balones ha tocado de su equipo, de lo que se deduce que Di Francesco, gran amante y especialista de la formación de triángulos asociativos para hacer avanzar la acción ofensiva (seguramente el rasgo más característico de su sello), lo ha utilizado como arquitecto y viga maestra para el asentamiento de su idea. Sin ir más lejos, es junto a Perotti, el jugador de la Roma que más pases clave realiza por partido (2.1) en Serie A.

Los números del lateral balcánico son tan palmarios como impresionante su impacto en el juego colectivo, pero su ascendencia en el equipo no solamente se acota a las cifras, sino también a los intangibles, a través de su liderazgo y de su mentalidad ganadora. Algo igualmente fundamental.  No en vano, es uno de los escasos futbolistas del plantel giallorosso -junto a Héctor Moreno, Dzeko y Strootman– que sabe lo que es ganar un campeonato nacional.

La interpretación dinámica, su sapiencia posicional adquirida, su privilegiada zurda para el centro en estático y para el balón parado, su capacidad para ser certero en largo cuando el equipo necesita ser más directo o no puede elaborar tanto, su lectura y su técnica han permitido a la Roma reafirmarse como un equipo sólido pese a los cambios estructurales que ha sufrido y a un inicio de curso en el que la falta de profundidad y la pérdida de vigor en las transiciones defensa – ataque con respecto al equipo de Spalletti la temporada anterior, amenazaban con convertir a los capitalinos en un conjunto excesivamente plano y sin una alternativa clara por la que desarrollar su inequívoca vocación ofensiva.

La implantación de Kolarov como ‘el hombre fuerte del sector fuerte’, junto a la entrada más asidua de Perotti en el once y el acercamiento del argentino a la base por el carril intermedio, están engrasando y fludificando las triangulaciones típicas del 4-3-3 de Di Francesco. Un intercambio de posiciones que evoca el sistema de bandas del Napoli, con un sector más asociativo y otro más fijo y destinado al ataque de los espacios, en un ambicioso juego exterior que tiene que compensar, junto al afinado balance defensivo de primer nivel -nadie en Italia ha ganado más partidos por 1-0 que la Roma (4)-, un centro del campo carente de un tacto organizativo y de aptitudes de élite para el último pase.

El papel de Kolarov, además, está siendo clave para abrir camino al amplio margen de mejora en las maneras de atacar e implantar el dominio en campo rival que tiene la Roma, y también a la hora de sumar movimientos y automatismos al catálogo. Desde el ataque del área desde esa segunda línea -aquí sí, ducha y capacitada para ello con Strootman, Nainggolan y Pellegrini-, a un afilamiento de las diagonales por parte de los Florenzi, Peres, Defrel, El Shaarawy o el ya mencionado Perotti que permitan a Edin Dzeko, el principal beneficiado de la fábrica que tiene Kolarov en su zurda, no tener que sostener durante toda la temporada la responsabilidad goleadora por entero.

La Roma, hasta el momento y pese al incansable trabajo táctico de su entrenador y al hecho de ir limando o compensando sin descanso sus carencias, se había visto totalmente obligada a decantarse por la adaptación a las características del rival en los encuentros de mayor exigencia (el 4-2-3-1 ante el Napoli, o el hecho de acabar con una baja línea de cinco ante el Atlético), pero ya ha empezado a enseñar la fortaleza y el énfasis de su estilo tras refrendarlo en el último duelo de Champions ante el Chelsea. Y lo más positivo de todo este recorrido inicial: la Roma está por fin afianzando su verdadera identidad, está empezando a ser compacta, incisiva, dominadora y competitiva a través de lo que realmente quiere ser. Gracias, por encima de cualquier otro futbolista de la plantilla, a Aleksandar Kolarov.

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