Motociclismo

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Aleix Espargaró y la reformulación de la Teoría del Caos

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Nacho GONZÁLEZ"Pequeñas  variaciones en las condiciones iniciales de un sistema dinámico pueden implicar grandes diferencias en el comportamiento futuro, imposibilitando la predicción a largo plazo".

Es la Teoría del Caos, archiconocida en ciencias como la física y las matemáticas; y comúnmente simplificada en el ámbito social como el Efecto Mariposa, concepto acuñado por un proverbio chino, que reza que "el aleteo de una mariposa puede provocar un tsunami al otro lado del mundo"; popularizado por Ashton Kutcher en la celebérrima producción cinematográfica.

Como sistema dinámico, el motociclismo no está a salvo de ese caos. Sirva como ejemplo la marcha de Valentino Rossi a Ducati: una pequeña variación en las condiciones iniciales que acabó produciendo un tsunami en el paradigma de MotoGP. O, más notable aún, su paso de Honda a Yamaha varios años antes, que invirtió por completo la tendencia de ambas marcas.

Para hallar el caos, lo primero es definir qué es la normalidad. En el Mundial de motociclismo, resulta sencillo. Debutar en 125cc/Moto3, ascender tras varias temporadas a 250cc/Moto2, y finalmente conseguir un contrato para comenzar el año en MotoGP.

Dicho esquema se repite invariable en la gran mayoría de los actuales pilotos de la categoría reina: Valentino Rossi, Dani Pedrosa, Jorge Lorenzo, Marc Márquez, Andrea Dovizioso, Stefan Bradl, Álvaro Bautista, Pol Espargaró, Andrea Iannone, Bradley Smith…

Sin embargo, la parrilla de MotoGP no está exenta de caos. Y ningún piloto ha tenido una trayectoria tan caótica como Aleix Espargaró. Subió a 250cc a mitad de 2006 a causa de la repentina retirada del argentino Sebas Porto, pese a haber disputado sólo una temporada completa en el octavo de litro.

En 2009 se quedó sin moto tras la espantada del Campetella Racing, lo que le acabó suponiendo el debut en MotoGP en sustitución de Niccolò Canepa. Su buen hacer le valió un contrato para el año siguiente, pero en 2011 se vio obligado a bajar de categoría y probar suerte en Moto2.

Montmeló le vio entonces estrenarse en un podio, y tras una temporada irregular regresó a la clase reina, pero no lo hizo sobre una MotoGP como tal, sino a lomos de las nuevas CRT, motos sensiblemente inferiores implementadas para rellenar la parrilla.

Aleix fue, de largo, el mejor de la subcategoria en sus dos años de existencia; sustituida en este 2014 por las Open, algo más parecidas a las MotoGP. De nuevo, sigue sin encontrar rival entre las motos de su clase, batiéndose el cobre un Gran Premio tras otro con las superiores Factory.

Cerca de cumplir 25 años, el mayor de los Espargaró es el hombre de moda, Márquez aparte. Su capacidad para ir más allá de las teóricas limitaciones de su moto tiene a todo el paddock boquiabierto, y no hay equipo que no tenga en su agenda el nombre del español, subrayado y con mayúsculas.

Casi alcanzado el ecuador de temporada, ocupa la sexta posición de la general. Es el único de los doce primeros cuya trayectoria hasta la élite no ha seguido el esquema habitual; y el único de los ocho primeros sin un título mundial.

En su caso, las condiciones iniciales han sufrido variaciones, en más de una ocasión y no precisamente pequeñas. Pese a ellas, el gran futuro que se le auguraba cuando se proclamó campeón de España en 2004 ya es presente, por lo que en su caso la predicción a largo plazo no era, ni mucho menos, imposible.

La mariposa del destino batió sus alas, pero no hubo tsunami. Aleix Espargaró está en su sitio: entre los más grandes de MotoGP. Aunque para lograrlo haya tenido que reformular por el camino la Teoría del Caos.

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