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Deportivo Alavés: la complicada tarea de vengar a sus héroes

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El 16 de mayo de 2001 toda Vitoria lloró. Toda España lloró. En el minuto doce de una prórroga a la que se llegaba de la forma más agónica posible, un gol en propia privaba al Deportivo Alavés de conseguir el primer título de su historia en su primera participación en Europa.

El Signal Iduna Park de Dortmund fue la sede elegida para acoger la final de la copa de la UEFA entre el Liverpool y el Alavés. Nada más comenzar el partido (solo corría el minuto tres), el Liverpool se adelantaba de la mano de Markus Babbel. Unos minutos más tarde, Gerrard después de un pase en largo y una enérgica carrera, hacía el 0-2. Los de Vitoria, que no perdieron la cara a la final en ningún momento, acortaban distancias gracias a un cabezazo de Iván Alonso.

Cuando todo apuntaba a llegar con este resultado al descanso, un nuevo mazazo sacudía a los de Mané. Un gol de McAllister a pocos minutos del intermedio ponía el 1-3. Todo parecía acabado, pero el Alavés no se rinde. Un doblete en dos minutos de Javi Moreno empataba el partido en un inicio de segunda parte en la que los vascos tiraron de garra y honor para acogotar a los ingleses. Tras un precioso contragolpe, Fowler ponía el 3-4 en el minuto 72. Tras unos instantes finales en los que se buscó el gol de forma agonizante, Jordi Cruyff metía en el 88 el gol que gritaba toda España para coronar uno de los mejores partidos de la historia del fútbol europeo. Con el 4-4, se llegaba a una prórroga que finalizaba con el más cruel de los finales. El Alavés se quedaba sin saborear las mieles del triunfo, después de haber dado absolutamente todo.

En el año 2003, y tras haber vuelto a jugar UEFA (y ser eliminado por el Besiktas), un descenso confirmaba un viaje sin vuelta reservada hacia el infierno. Se llegaba al fin de la mejor época de la historia del club, comenzando otra protagonizada por una crisis deportiva, económica y social. En el 2003, y con el ascenso a Segunda División, se cumplía la primera de las dos claves para volver a la élite. Dos años después, el club salía de la ley concursal. A partir de aquí, se podía empezar a creer. Y se creyó.

Quince años después del trágico final en Dortmund, ajeno a todo esto, un grupo de chavales celebraba con un Mendizorroza a reventar un ascenso que finalizaba de forma gloriosa con una de las épocas más oscuras de la historia del club. Diez años después, el club vitoriano regresaba a primera tras haber jugado en Segunda División B y de superar un concurso de acreedores. Liderados por Raúl y Manu García, y tras una temporada de ensueño, sellaron frente al Numancia un ascenso con el que tantísima gente soñaba.

Tras varios fichajes interesantes, entre los que destacaban Deyverson y las cesiones de Marcos Llorente, Theo Hernández y Camarasa, el Deportivo Alavés encaraba la temporada 2016/2017 con la ilusión de conseguir algo grande. Manu García en el minuto 92 silenciaba el Vicente Calderón en la primera jornada dando un punto de oro a su equipo y mostrando a España entera que no habían venido a pasearse. En la jornada tres, y tras empatar ante el Sporting, el Alavés visitaba el Camp Nou.

A base de orden táctico e intensidad defensiva, el conjunto vasco aprovechó las ocasiones que tuvo para conseguir una victoria histórica. Los goles de Deyverson e Ibai Gómez daban otra sorpresa y conseguían el quinto punto en las primeras tres jornadas habiendo jugado ya en dos de los campos más difíciles de la competición. Tras conseguir otros grandes resultados, conquistando feudos como El Madrigal, el Alavés se sitúa en una cómoda situación, en la duodécima plaza, catorce puntos por encima del descenso.

En la Copa del Rey se tenían muchas esperanzas desde agosto. Se quería llegar lo más lejos posible. Un parcial de 6-0 eliminaba al Gimnástic en los dieciseisavos, eliminando al Deportivo de la Coruña en octavos gracias a los goles fuera de casa y entonando el famoso: “Solo hay un Deportivo y es el Alavés”. En el duelo de los humildes, dos goles de Ibai en los últimos minutos del partido, daban la victoria y la clasificación ante el Alcorcón en cuartos. Tres. Solo tres. Solo tres partidos para cumplir un sueño. Y el Celta esperaba. Con un 0-0 en Vigo donde la solidez defensiva y el respeto fueron notas predominantes, la eliminatoria llegaba a Mendizorroza más que igualada. Édgar Méndez, que no había sido titular, se vistió de héroe y se convirtió ya para siempre en uno de los ídolos de una afición que soñaba y se merecía este momento: el glorioso Alavés estaba en otra final 16 años después.

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El último recodo del fútbol romántico y humilde. Los encargados de hacer posible un mundo en el que las gestas sean probables. Héroes anónimos dispuestos a acabar con el yugo de los más grandes. Guerreros envueltos en historia dispuestos a dar a su club y a su ciudad lo que llevan tanto tiempo queriendo. 96 años de fútbol albiazul a sus espaldas. Por Herrera. Por Contra. Por Téllez. Por Karmona. Por Geli. Por Pablo. Por Tomic. Por Ibon Begoña. Por Cruyff. Por Javi Moreno. Por Mané. Por Desio… Sobretodo por Desio. Vitoria reclama venganza. Vitoria ya sueña.

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