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Aïssa Mandi, un central para imponer un estilo

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Dejó breves destellos, pero acabó camuflado como casi todos entre el tono gris general y lastrado por una discontinua adaptación marcada por un par de lesiones casi tan inoportunas como la Copa África en la que su país fue la gran decepción del torneo. Sin embargo, apenas unos meses después, Aïssa Mandi ya se parece a quien prometía ser el verano pasado tras convertirse en la razón principal para que quien había sido el mejor defensa del Betis, Germán Pezzella, haya puesto rumbo a Florencia, una vez comprobado a lo largo de la temporada que su colega argelino le había adelantado por la derecha en las preferencias de Quique Setién para ocupar la titularidad por su total idoneidad para erigirse como el primer ejecutor del fútbol que pretende el técnico cántabro.

El propio Setién fue cristalino con apenas cinco palabras: “Mandi lo está entendiendo bien”. La adecuación a los marcadísimos conceptos y preceptos que requiere el libreto del exentrenador de Las Palmas nunca es fácil y Setién ha encontrado en Mandi, en su atrevimiento, en su confianza, en su personalidad y en su destreza técnica el primer bastión al que atar las amarras de su estilo y su innegociable salida rasa desde atrás. Un hecho que, con el equipo todavía muy verde en la jornada uno en el Camp Nou y ante un Barça que llevó a cabo un pressing continuo muy elevado, se pudo apreciar sobremanera: Mandi dio 69 pases -casi el doble de Guardado y Feddal– con un 93% de acierto- y fue el argumento principal para que un Betis todavía neófito en setienismo pudiese competir en la cancha de unos de los mejores equipos del mundo sin que le pintasen la cara.

Pese a que esa tendencia e importancia exagerada para la distribución ya se matizó con la entrada de Javi García en la posición de pivote ante el Celta y la elevación del bloque con las recepciones mucho más frecuentes de Joaquín y Guardado entre líneas, el argelino es el tipo de central ideal para el juego de posición de Quique Setién. Sus pases tensos, su pericia con el balón en los pies, su capacidad para dividir la presión y para hacer que el balón avance se mezclan con su notable poderío aéreo y con su llamativo instinto para lanzarse al corte y para taponar los intentos de remate rivales, incluso en situaciones de último hombre.

Además de esa fantástica combinación de características de zaguero clásico y de central contemporáneo y pese a que es Zou Feddal quien ostenta a su lado una mayor jerarquía visual que tan bien se complementa con un central de aparente menor transmisión comunicativa de mando como él, Mandi sabe coordinar sus movimientos y acoplarlos al balance defensivo general de un modo muy natural. Se abre cuando baja el cinco, se pega a línea de cal en fase de salida para que el lateral contiguo pueda situarse en campo contrario y favorezca la liberación de espacios para el juego en zonas interiores, es certero para anticipar y está siendo el corrector puntual y una ayuda impagable para Feddal en este inicio de temporada, con quien amenaza en convertirse en una de las parejas de centrales más influyentes de La Liga para el juego de su equipo.

Aunque todavía puede y debe ganar mucha seguridad para incidir en conducción desde atrás cuando las líneas de pase queden taponadas -debido a su pulcra técnica y a portar el estandarte de encargado número uno de superar la primera presión- y a que no se ha destapado en absoluto como un valor decisivo con el lanzamiento largo con el que Setién gusta mezclar de vez en cuando sus habituales salidas rasas y más pausadas, su excelente criterio, ese que apenas se pudo intuir el año pasado con el inestable juego de Poyet y el excesivo defensivismo de Víctor– es una de las mejores noticias para el nuevo Betis. Y eso que, por suerte para el beticismo, ha habido varias en este ilusionante reinicio de casi todo en el Benito Villamarín.

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Un central de sus características, de la mano del purista y pedagogo Setién, tiene un margen de mejora insospechado hasta para él mismo. Y es que Mandi, tras estar cerca de convertirse en la enésima salida del Betis por la concurrida puerta trasera de los recientes fiascos en materia de fichajes, marca la aptitud y la actitud de defender hacia adelante de la que el conjunto verdiblanco quiere hacer bandera, permite al equipo ordenarse a través del balón y posibilita la formación de constantes triángulos desde los primeros compases de cada jugada y sirve de apoyo fundamental para atacar con muchos hombres por delante de la línea del balón, para no renunciar nunca a ser al mismo tiempo ancho y profundo mientras la pelota pasa con fluidez por los hombres de verde y blanco.

Y lo que es incluso más importante que cada significativo matiz táctico: Aïssa Mandi representa para todos su compañeros y también para la grada el ejemplo perfecto de que la voluntad de resurgir y de ser importante, y el entendimiento progresivo y la adaptabilidad proactiva al nuevo y entusiasta método son el camino a seguir. El camino que tanto el Betis como el beticismo llevaban ya demasiado tiempo buscando sin encontrarlo.

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