Fútbol italiano

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Adem Ljajic y la fragilidad del talento

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La propia definición de talento, entendido en este caso como la proliferación de ráfagas de improvisación mezcladas con chispazos de genialidad e inversamente proporcional al tiempo de intervalo en la cadencia de la aparición de esos siempre anhelados destellos, nos habla de una capacidad atípica, irregular y especial. Una condición relativa en sus manifestaciones pero absoluta en su existencia de cuya intrínseca discontinuidad Adem Ljajic es uno de sus más continuos representantes futbolísticos.

La idiosincrasia de Ljajic le ha llevado a sus recién cumplidos 25 años a una situación límite. Es el momento de hacer fructificar todas las revanchas pretéritas, de triunfar tras haber dado un paso atrás en cuanto a las aspiraciones grupales se refiere para emitir un brillo más prolongado o, en cambio, registrar una temporada en la que comenzar a fabricar sin remedio, en su séptimo curso en la Serie A, las clásicas y coleccionables postales de lo que pudo ser y no fue a las que dirigir reproches nostálgicos y exhibir como polvorientas figuritas de cristal cada cierto tiempo en un futuro cada vez más cercano.

La indisciplina, la mentalidad dispersa, la indolencia, la falta de una competitividad hercúlea, una aparición fulgurante en Belgrado siendo un precoz fenómeno adolescente y la inconsistencia física que le ha impedido haber completado nunca una temporada con al menos treinta partidos disputados de forma ininterrumpida y por tanto desarrollar al máximo su madurez futbolística, han evitado hasta ahora que Adem Ljajic se haya convertido en lo que por condiciones y potencial debería ser: uno de los mejores talentos de su generación.

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Rebautizado como el Kaká de los Balcanes desde muy joven -motivo por el que ha lucido el dorsal 22 durante la mayor parte de su carrera-, Ljajic es un jugador que está aprendiendo a convivir con una estructura muscular frágil que le obliga a contener y dosificar su refinada aleación de explosividad, velocidad, regate y depurada técnica de alto standing. Un equilibrio siempre muy delicado pero obligatorio para que de cada dos partidos no tenga que estar otros dos en la enfermería.

Para muestra, un botón. En el Torino de Mihajlovic -el mismo entrenador que lo sacó de la selección serbia en 2012 por no cantar el himno nacional debido a sus orígenes bosnios- solamente ha jugado 140 minutos durante la presente temporada, repartidos en cuatro partidos, y en los que ha dejado dos goles que sólo un talento como el suyo puede firmar y unas sensaciones evidentes de estar llamado a ser el hombre que marque las diferencias con el balón en los pies y el 10 a la espalda como significativo símbolo pese a su todavía escasa participación. Cuando Ljajic está en el campo, el Toro se siente mucho más poderoso a la hora de cruzar hacia la mitad de campo rival.

El último Ljajic de la Fiorentina -marcó once goles y repartió ocho asistencias en la 2012/13- está volviendo tras su gris trienio en Roma y Milán para intentar por fin quedarse. Su grado de participación en la circulación ofensiva es mucho menor en un Torino sumamente vertical de lo que lo era entonces con Montella en Florencia pero sus diagonales jugando abierto a banda cambiada pero con cierta libertad interior, sus conducciones de aguja e hilo para desequilibrar y driblar con el cuero pegado al botín, su excelente golpeo lejano y parado con su diestro pie de orfebrería y la consciencia que parece tener de su grado de importancia por el hecho de estar jugando voluntariamente en un club por debajo de las expectativas de lo que dictaba su proyección, paradójicamente están volviendo a hacerle aparecer en su verdadera dimensión.

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Adem Ljajic tiene todas las condiciones futbolísticas para ser uno de los jugadores más decisivos y espectaculares de la presente Serie A pero está por ver a medio plazo si su sensatez, su responsabilidad y su siempre delicado físico pueden situarse por fin a la misma álgida altura que su diferenciador talento fuera de toda duda. Si lo hace, compartiendo ataque con Belotti y Falque durante todo el curso, el Torino del soberbio serbio (cuarto a dos puntos de Milan y Roma y equipo con más goles solo por detrás de los giallarossi) seguirá multiplicando su arsenal goleador y contragolpeador -uno de los mejores del campeonato- y podrá pensar seriamente en regresar a Europa y en volar hasta situarse entre las seis posiciones más nobles de la tabla clasificatoria como hace un cuarto de siglo que no consigue.

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“Ljajic está demostrando lo importante que es para nosotros. Si no se hubiese lesionado, podríamos ser segundos en la clasificación porque con él en el campo ciertos partidos no los hubiésemos perdido o no los hubiésemos empatado”. Mihajlovic, un hombre siempre parco en alabanzas, ya le ha más que perdonado, le ha erigido en la baza que vertebra toda la fase ofensiva y en el indiscutible talento de su equipo. Ahora es el propio Adem el que debe redimirse de sus pecados de juventud. Si quiere y las lesiones le respetan, aún está a tiempo de situarse entre los mejores.

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