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A tumba abierta ganó el fútbol

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A Marcelo le pudieron las ganas. Quiso asestar un golpe definitivo. Su avidez le traicionó. Una pérdida acabó en tragedia. Aubameyang se encontró con un horizonte predilecto. Alcanzó su pico de velocidad en el momento exacto. Su colega de ataque le acompaño en la aventura. Reus empujó el balón. Enmudeció al Bernabéu. Cambió los rostros sonrientes por semblantes serios. El Borussia de Dortmund había salido ileso del intercambio de golpes. Había firmado un empate que le valía para ser primero de grupo.

Antes, el encuentro se había apoyado en el vértigo. El ritmo aplastaba a los indecisos. La mejor versión de los 22 futbolistas salió a relucir. Los dos equipos le dieron prioridad la vertiente ofensiva. Descuidaron sus defensas. No les importó. El no mirar atrás fue un hecho.

Cary Elwes coleccionaba amantes en kiss the films. Nadie le seguía la pista, pero ahí estaba él, siempre dándole el mismo final. Casemiro cambió a las mujeres por el balón ante el Borussia de Dortmund. En el desconcierto se hizo grande. Barría esféricos con la misma naturalidad con la que pasa la escoba el portero de aquel imperial edificio.

Benzema, doblete | Getty

Benzema adelantaba a los blancos

En uno de esos robos vio cancha libre. Dibujó un paisaje en la banda derecha sin radares. Por ese carril aceleraba un coche con la sexta puesta. Parecía que iba sin frenos. Ese era Carvajal. Dejó el vértigo de un lado con el balón en los pies. La precisión se apoderó de su ser. Tac. Un centro tenso y raso se paseó por delante de los defensas bávaros. En el segundo palo esperaba Benzema. El francés remató sin complicaciones. Cazó aquel tesoro y se lo guardó en el bolsillo. El Real Madrid se había puesto por delante con una exhibición de cómo atacar tras recuperación.

Con los blancos ya por delante, Modric atropelló. Ese tackling se fue ensuciando por el camino. El final pudo ser trágico. Aquella falta en la frontal asustaba. Más lo hizo cuando Schurrle superó la barrera con un disparo a media altura. El balón salió escupido. Irrumpió de la nada. Era como aquel nadador que salta y sale a flote de las profundidades. Keylor Navas aguantó. No vendió su palo. Desplazó sus piernas con la velocidad de un felino. Sacó una garra para desviar un esférico que ya se colaba. El Bernabéu respiró aliviado. Su guardameta había vuelto hacer del milagro un tangible.

En el cuarto de hora final de la primera mitad reinó el desconcierto. Aubameyang y Dembelé vieron campo libre. El paisaje que se les dibujaba ante sus ojos era goloso. Demasiado para ellos. Sacaron a relucir su zancada de velocista. Aquella incontenible para la mayoría de zagas. No contaban con Varane. Ese central francés hacía de la velocidad su pasatiempo favorito. Les controló. Asistieron a una de las exposiciones de cualidades físicas más prestigiosas del galo.

El Real Madrid quiso lanzar un aviso. No hagas de tripas corazón, le pareció decir al Borussia. Envalentonarse no es siempre rubricar un final heroico. Benzema plagió a Carvajal. Lanzó un centro de las mismas similitudes físicas al que él había convertido en gol minutos antes. Cristiano se estiró. Un ligero roce hubiera supuesto el segundo tanto. No llegó. Sin embargo, los blancos habían avisado con la sentencia.

En la segunda parte el intercambio de golpes se acrecentó. El temor se disipó. Dembelé inauguró las hostilidades con una conducción que casi acaba en heroicidad. Poco tardó en responder el Madrid. Benzema avisó para golpear más duramente. Weidefenller celebraba haberle sacado un gol al francés. No le dio tiempo al goce el galo. James le puso un centro medido con claros tintes reivindicativos. Benzema picó. El segundo gol era un hecho.

El Borussia no se descompuso. Soltó el amarre con la desventaja de dos goles. Weigl vislumbró una subida incisiva de Schmelzer. Le puso el balón ante sus ojos. El alemán sólo tuvo que centrar de primeras. Aubameyang embocó ávido de gol. Un golpe en el rostro blanco que ya auguraba la tragedia.

Noche gris del 7 del Madrid | Getty

Cristiano y Benzema pudieron sentenciar

Benzema y Cristiano tuvieron la sentencia. El francés volvió a picar, pero su cabezazo se estrelló en las piernas de Reus en la línea de gol. Cristiano se encontró con el palo. Paró el tiempo y el balón en las profundidades del área. Golpeó sutilmente. Aquello era gol. Sin embargo, apareció el palo en forma de repelente. Aubameyang denotó la falta de suerte con el empate.

Real Madrid y Borussia brindaron un encuentro antológico. A tumba abierta. Con el corazón. No se guardaron nada. La fortuna sonrío a los alemanes. No obstante, la buscaron. Weigl y Casemiro acrecentaron sus figuras. El fútbol sonrió. Aquellos dos equipos le habían honrado.

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