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A octavos sobre la bocina

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El Atlético de Madrid se clasificó hoy matemáticamente para los octavos de final de la Liga de Campeones al vencer 2-1 al Rostov con un doblete del crack francés Antoine Griezmann, incluido el gol definitivo en el tiempo de descuento.

La estrella rojiblanca adelantó al equipo español a los 28 minutos e inmediatamente igualó Azmoun para el Rostov, cuyo muro defensivo aguantó hasta que Griezmann lo derribó con un angustioso tanto final.

El Atlético es claro líder de grupo con 12 puntos en cuatro partidos y se clasificó por cuarto año consecutivo para las eliminatorias por el título, todo un éxito para el equipo de Diego Simeone. Hace tiempo que pertenece a la elite por derecho propio.

La primera parte cumplió el guión previsto salvo por una circunstancia: las concesiones defensivas del Atlético de Madrid. El poco peligro que creó su débil rival nació de errores de la zaga local, tan inusuales en un equipo de Diego Simeone.

El Atlético tardó un tiempo en encontrarle el hilo al duelo, principalmente porque Koke y Saúl invirtieron sus posiciones en el campo y al conjunto rojiblanco le costó crear ante la ordenada defensa del conjunto ruso.

Por supuesto, el equipo rojiblanco llevó todo el peso del juego, principalmente agarrado a la inspiración de Yannick Carrasco y la movilidad de Griezmann. En cambio, Fernando Torres pasó prácticamente inadvertido.

Azmoun empató el encuentro | Getty

Azmoun empató el encuentro | Getty

Coincidiendo con el mejor momento del Atlético llegó su primer gol a los 28 minutos. Fue producto de una genialidad de Griezmann. El francés recibió de espaldas y, sin parar el balón, conectó un remate lleno de habilidad que sorprendió a Dzhanaev. Una auténtica maravilla.

Sin embargo, ocurrió lo impensable en un equipo como el de Simeone: recibió un gol casi inmediatamente después de hacer el suyo. Lo anotó Azmoun cuando la defensa del Atlético todavía celebraba el tanto de Griezmann.

Entonces sucedieron minutos extrañamente nerviosos para el Atlético, desconcertado ante lo que le había pasado, aunque recuperó el sentido en los minutos previos al descanso y Filipe Luis hasta estuvo a punto de marcar.

La segunda parte fue un dolor de muelas para el Atlético de Madrid. O una cena indigesta. Se le atragantó profundamente y no encontró soluciones para romper el grueso muro planteado en defensa por el Rostov, que defendió con portero y nueve defensas, casi diez.

Simeone propuso una solución poco original al quitar del campo a Saúl para poner a Kevin Gameiro, con lo que el equipo rojiblanco pasó a jugar con cuatro delanteros. Demasiado atasco, poca imaginación.

El Atlético se limitó a poner centros llovidos sobre el área y a disparar de lejos. Sus jugadores no buscaron el uno contra uno y así facilitaron mucho el trabajo de contención del Rostov, que tampoco sufrió tanto como pudiera pensarse para abortar los ataques locales.

Los minutos se marcharon y llegó el descuento. El Atlético se jugó una bala final y llevó el balón al área. Entonces, la pelota llegó suelta hacia la entrada en carrera de Griezmann y el francés definió con su inmensa calidad para llevar el delirio al Vicente Calderón. El actual subcampeón de Europa está en octavos con dos jornadas de adelanto.

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