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A la atención de Gregg Popovich

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Siempre fui de los Spurs. Me crié junto al barrio de San Antonio, en las afueras de Santa Cruz de Tenerife. Igual no tiene mucha lógica, pero yo, aficionado total al baloncesto y la NBA desde pequeño, debía tomar partido por alguna franquicia y ese nombre me resultaba familiar. Cierto que crecí viendo volar a Dominique Wilkins y Michael Jordan, que la primera rivalidad en mi mente me lleva a los Celtics de Bird y los Lakers de Magic y que mis recuerdos de unas finales comienzan con un beso en la mejilla entre dos amigos que luego no lo eran tanto. De acuerdo, de esa manera me inicié, pero mi equipo estaría siempre en Texas, así que tu vida y la mía, a pesar de la distancia, estarían en cierto modo ligadas desde el comienzo.

A la atención de Gregg Popovich.

Recuerdo que tu llegada no me sentó muy bien. Arrebatabas a Bob Hill el banquillo de un equipo con el potencial que daba el jugador responsable del mayor crecimiento en número de victorias de un conjunto en un año: David Robinson, un tipo que dominaba los tableros y que condujo a los Spurs a un récord de 62-20 en la temporada 94-95. Solo los Rockets campeones pudieron con los del Álamo y el MVP de la liga en la final de conferencia. Pero al año siguiente éste se rompió. Así que aprovechaste la lesión del entonces jugador franquicia para justificar el despido del coach y ocupar su lugar. Dos años después de aquella serie ante Houston y con la estrella fuera de las canchas, el registro que firmarían los texanos (20-62) ponía en la picota al bueno de Hill. 17 partidos lo mantuviste la temporada siguiente (y es que, como manager general que eras en aquel momento, decidías tú). Mientras, te frotabas las manos esperando la recuperación del “Almirante”, estoy seguro de ello.

David Robinson (L) Tim Duncan (C) and head coach Gregg Popovich (R) of the San Antonio Spurs watch the rest of their team practice for the NBA finals 05 June, 2003 at the SBC Center in San Antonio, Texas. The Spurs beat the New Jersey Nets in game one 04 June 2003 to lead the best-of seven game series 1-0. AFP PHOTO/Jeff HAYNES (Photo credit should read JEFF HAYNES/AFP/Getty Images)

Robinson, Duncan y Popovich  (JEFF HAYNES/AFP/Getty Images)

Me parecías un ventajista, te imaginaba riendo en la sala de vídeo, sabiendo que aquel pívot zurdo te haría parecer un gran técnico a las primeras de cambio. Pero la jugada te salió mal. Llegó la recaída del jugador franquicia y yo me alegré. Iban a desenmascararte. Solo que no había contado con que el tercer peor balance de la liga te iba a dar la oportunidad de elegir al número 1 del siguiente draft. Resultó ser un ex-nadador de las Islas Vírgenes que respondía al nombre de Timothy Theodore Duncan y que en Wake Forest apuntaba maneras. O más bien fundamentos. Entonces pensé que tenías mucha suerte: tras ser arrasadas las piscinas donde entrenaba este muchacho siendo adolescente, dejó la natación por el baloncesto debido a su miedo a los tiburones; no quería entrenar en aguas abiertas. Y ahora ahí estaba, bajo tu mandato. No, la jugada en realidad te había salido muy bien.

Evidentemente la mejoría fue brutal a pesar de que yo siguiera enfadado contigo debido a que ese jovenzuelo había desplazado a un jugador con un palmarés como pocos (hay que repasar sus premios, porque dudo que estén todos en la memoria colectiva). Este último iría asumiendo cada vez un papel más específico. Yo pensaba que habías enloquecido. Mas nos topamos con el primer anillo de campeón, en 1999. Jugando un baloncesto poco atractivo condicionado por la tendencia de aquel momento histórico. Creí luego que vendrían más títulos. Tuve que callar.

Solo que por poco tiempo. Porque apareció Shaquille O’Neal. Y Kobe Bryant. Y Phil Jackson. Sobre todo Phil Jackson. Aquellos Lakers arrasaron con los Blazers más talentosos, los Kings más divertidos y con mis Spurs. Podían con todo el que se pusiese en su camino. A pesar de que yo creyese que tú tenías mimbres para destronarlos. ¡Demonios, tenías a las Torres Gemelas! No alcanzar el éxito lo achaqué a tu mala gestión. Robinson jugaba cada vez menos minutos en favor de un Malik Rose que apenas alcanzaba los dos metros. Teniendo tanta ventaja al poste, desaprovechabas la tesitura. Una vez más, yo no entendía nada. Con el tiempo vi el mérito que sí existía: ¿cómo con un base tan limitado como Avery Johnson podías competir de esa manera? El backcourt al completo iba algo justo, a decir verdad.

Kobe y Gregg, ganadores natos | Getty Images

Kobe y Gregg, ganadores natos | Getty Images

En 2003 volvimos a saborear las mieles del éxito. El Almirante se retiraría por la puerta grande y una nueva generación de talentos asomaba. Tony Parker, Manu Ginobili… Y un tal Antonio Daniels que luego resultó no ser tan bueno como parecía. He de reconocer hoy que cada jugador que pasaba por tus manos rendía a un nivel superior a su capacidad. Solo que eso en aquel momento no lo veía, o no quería verlo. ¿Sabes cuál fue mi excusa entonces? La gran nómina de tiradores en la plantilla: Kerr, Smith, Jackson… Los hombres grandes atraían a sus defensores y estos podían lanzar libres de marca. Y como desde 2002 ya no eras el manager general, el mérito nunca fue tuyo, sino de R.C Buford. Por supuesto…

Ganábamos (lo hicimos también en 2005 y 2007), pero jugábamos en el barro, desde la defensa. El juego había evolucionado y existía talento en esa plantilla como para aclimatarnos a los tiempos y seguíamos jugando feo. Catenaccio baloncestístico. Aunque menos, seguías cayéndome mal. ¿Qué puedo decir? Me estoy sincerando contigo.

Y de pronto, años de sequía. Pero tres años en los que cambiaban cosas. Tu pizarra se volvía más alegre y el dinamismo marcaba nuestro estilo. Poco a poco a la gente le iba apeteciendo ver jugar a los chicos de negro. Agradable para quien no siente esos colores. Pero yo sí los sentía. Y yo quería ganar. Y no lo hacíamos. Y te culpé de nuevo. ¿Estabas renegando de la fórmula que nos había llevado a lo alto? ¿Qué pretendes, Gregg? Enrabietado por tu culpa una vez más.

SAN ANTONIO,TX - APRIL 17: San Antonio head coach Gregg Popovic talks to his coaches during game against the Memphis Grizzlies in game one of the Western Conference Quarterfinals during the 2016 NBA Playoffs at AT&T Center on April 17, 2016 in San Antonio, Texas. NOTE TO USER: User expressly acknowledges and agrees that , by downloading and or using this photograph, User is consenting to the terms and conditions of the Getty Images License Agreement. (Photo by Ronald Cortes/Getty Images)

(Photo by Ronald Cortes/Getty Images)

Pero lo que vino después fue maravilloso. Resultado de una transformación interna creada por ti. Un nuevo estilo llegó lentamente. Ganar es hermoso, pero hacerlo jugando mejor que los demás es el éxtasis absoluto. Desde 2013 nadie juega como nosotros. Y digo nadie a sabiendas de que existe un equipo liderado por Stephen Curry en la bahía de Oakland. Ellos son un espectáculo, pero mover la bola como nuestros chicos… Eso no se practica en este mundo. Cuando quiero sonreír tiro de YouTube. Busco “the beautiful game” y sueño despierto. Anillo y final desde que jugamos como los ángeles. Anillo, final y mucho baloncesto. BALONCESTO. El motivo real de mis insomnios desde que recuerdo. Eso también es culpa tuya, Pop.

Echando la vista atrás me doy cuenta de que tenías un plan. Pero un plan que ibas desarrollando a medida que los acontecimientos se daban de un modo u otro. Era un plan abierto, basado en la constante evolución del juego. Adaptándote. Cambiar todo sin que parezca que cambia nada. Ahora el equipo lo lidera un joven que destaca precisamente en defensa, donde empezó todo. Pero con un talento ofensivo que no para de crecer. Kawhi Leonard es el paradigma de los San Antonio Spurs de Gregg Popovich. De tus San Antonio Spurs. De mis San Antonio Spurs. Y a día de hoy ya no me preocupa tanto si ganamos o no. Hoy me siento ante cada partido sabiendo que voy a aprender algo, que me vas a enseñar algo. Que disfruto del mejor entrenador de baloncesto de los últimos tiempos. Aunque me dé un poco de vergüenza haber estado equivocado tanto tiempo.

Igual es que no sé tanto de este deporte. Igual es que contigo lo he ido aprendiendo. Solo tu conocimiento explica que los jugadores que un día fueron estrellas acepten roles donde saben que brillarán menos o que reduzcan su salario en favor del bien común. Supongo que tu talento se ha hecho dueño de la liga, y que por eso te respetan tanto los rivales. Eres el maestro de los ajustes. Pero no solo a corto plazo. Has ajustado durante dos décadas para seguir en la brecha. Para que San Antonio sea una dinastía. No es casualidad.

Gracias, Pop. Por ayudarme a crecer. Por enseñarme.”

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