Atlético

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A honrar Hamburgo y Bucarest

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Hay que haber estado en Marte en los últimos años, haber desconectado del planeta fútbol en el último lustro o estar completamente tarado para creer que el fútbol le iba a hacer un favor al Atlético de Madrid en la Liga de Campeones. Después de perder una final que tenía ganada y otra final que “merecía” haberse llevado, lo ocurrido esta temporada constata que, por mucho que lo intente, el rojiblanco y la orejona no se llevan bien.

Pero daba todo igual. Porque la lógica no forma parte del Atleti. Si este club fuese lógico probablemente no sería el Atleti. Sería otra cosa, no sé, más “Real”. No sé si se me entiende. Esto no va de ganar o de perder. Como no va de pasar de ronda o de caer eliminados. Obvio que nadie quería ir a Europa League. Tan obvio como que esa premisa se cae desde el momento en que más de 1.500 personas compran su entrada y su viaje a Londres sin saber si el Atleti ganaría a la Roma y seguiría con vida en la última fecha. Tan obvio como confiar en ganar en el campo del campeón de la Premier League y confiar aún más en que unos tipos de Azerbaiyán iban a fastidiar la fiesta romana. Esto va de creer, no de saber.

Por eso en el Atleti estas cosas duelen pero también enorgullecen. Todos recordamos la vuelta de semifinales de Champions contra el Real Madrid. Me cuesta recordar cómo fueron los goles y quién los marcó. Pero tengo grabado en la mente a todo el Vicente Calderón completamente empapado en una cortina de lluvia afilada cantando y gritando bien fuerte lo alegres que se sentían por ser del Atlético de Madrid. No por tener 12 Copas de Europa o por fichar a los mejores futbolistas cada verano. Por ser del Atleti.

Y, claro, en el Bridge no podía ser menos. Esa gente visitante cantó en el calentamiento, cantó con el 0-0, cantó con el gol de Saúl y siguió cantando con el 1-1. Les dio igual el gol de la Roma y les importó poco que el Chelsea fuese mejor. En el fútbol se gana, se pierde, se empata. Se pasa de ronda o te eliminan. Sigues de pie o te tumban. Pero lo que importa de verdad es levantarte.

No vamos a regodearnos en el dolor. Porque tampoco queremos engañar a nadie. Caer en la fase de grupos es un fracaso mayúsculo. Pero la eliminación no se dio en Londres. En Londres se consumó. Y ahora toca seguir adelante. Como siempre ha hecho este equipo, este cuerpo técnico y estos jugadores. Han sufrido dolores mayores y se han recompuesto con la valentía y la tozudez del que tienen que matar mil veces para que se levante mil una. Y yo, que viví las finales de Hamburgo y de Bucarest, recuerdo que son dos de los mejores momentos de mi vida en cuanto al Atlético de Madrid se refiere. ¿Por qué no buscar algo así en Lyon? El Atleti vuelve al lugar que le empezó a devolver la grandeza. Y desde la grandeza construida de ser conscientes del batacazo que supone esta eliminación, habrá que afrontar la Europa League para ganarla o ganarla. Hay que honrar el pasado, no mancillarlo.

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