Fútbol inglés

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El Emirates Stadium o la frustración de un sueño

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Un 19 de agosto de 2006, hace diez años, el Arsenal disputaba su primer partido de la Premier League en su nueva casa: el Emirates Stadium. Tres meses y un día después de que los Gunners perdiesen cruelmente la primera Champions de su historia con un gol milagroso de Juliano Haus Belletti. A falta de un cuarto de hora ganaban por 1-0 y en apenas cinco minutos el Barça remontó y se llevó la orejona.

El partido del estreno fue un Arsenal – Aston Villa y el resultado final de empate a uno. En el Arsenal jugaba Thierry Henry, que por aquel entonces había ganado tres pichichis consecutivos y era la principal esperanza de Wènger para levantar la Premier. Un joven Cesc Fàbregas también partía en el XI inicial y un mítico trotamundos del fútbol, Olof Mellberg fue el encargado de marcar el primer gol de la historia del Emirates. Gilberto Silva puso las tablas en el 84’ para que el flamante estreno no fuese (tan) trágico.


Con uno de los mejores futbolistas del mundo en sus filas, Thierry Henry, y un nuevo estadio con aforo para 60.000 espectadores, las ilusiones de Arsène Wenger y toda la afición Gunner de marcar una época en el fútbol inglés y conseguir por fin la primera Copa de Europa para el Arsenal estaban por las nubes. Tan solo dos años antes, habían cuajado una de las mejores temporadas que se recuerden en la historia reciente de la Premier; 26 victorias y 12 empates para alzarse con un campeonato en el que no tuvo rival. La temporada siguiente fueron subcampeones y la siguiente, última en Highbury, finalistas de Champions.

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La parte roja del norte de Londres estaba encantada con Arsène Wenger y su apuesta por el juego de posesión, además tenían a Henry, Van Persie, Adebayor, Cesc, Ljunmberg, el joven Walcott… un futuro inmediato se presumía repleto de éxitos pero la realidad fue muy distinta. La vitrina de trofeos del Emirates solamente regenta un par de Copas mientras la memoria de sus aficionados no tiene espacio para más decepciones.

Diez años han pasado ya desde la inauguración de su nuevo feudo y doce desde su último título liguero. Thierry Henry fichó por el Barça para ganar la Champions allí; lo consiguió, Van Persie abandonó también el Emirates en busca de títulos; lo hizo en su primera temporada en Manchester -pichichi incluido- al igual que Cesc Fàbregas y para colmo levantó la Premier con sus vecinos ricos de Stamford Bridge. La afición Gunner ya no confía en Arsene Wènger y de las últimas diez ediciones de la Premier su mejor puesto es un subcampeonato logrado la temporada pasada con la liga sentenciada ya por el Leicester.

Wènger está agotando todo el crédito que aquellos maravillosos años ’98, ’02 y ’04 le concedieron, la ilusión de sus fans pasa a ser ganarle el derbi al Tottenham y no hacer el ridículo en octavos de Champions, las pancartas pidiendo la cabeza del técnico francés proliferan y por si fuera poco, el primer encuentro de esta temporada fue un recital del Liverpool en el Emirates. Diez años después de aquel gol de Belletti, del primer grito del Emirates tras derechazo de Gilberto, el ambicioso proyecto del Arsenal se ha quedado en nada. La magia de Highbury se la llevaron las excavadoras y se la quedaron los pisos construidos sobre los cimientos del mítico césped inglés.

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