Real Madrid

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‘8’ con almas de ’10’, el cometido blanco

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Modric y Kroos son el péndulo sobre el que oscila el juego ofensivo del Real Madrid. Si ellos no tienen un buen día, el conjunto blanco lo paga. Demasiado. Por otra parte es lógico. Estamos ante dos de los mejores mediocentros del mundo.

Cada partido que disputan con la zamarra madridista lo suelen hacer ante dos trincheras situadas estratégicamente en sus campos de acción. Los rivales saben que cortocircuitar y como. Situar sombras sobre el ‘8’ y el ‘6’ blanco es básico. No hacer sentirse cómodo a los medios blancos es sinónimo de maniatar al Real Madrid.

Ante esta táctica, los puntas blancos también caen en detrimento. No se siente liberados. Ven como sus desmarques son estrellas fugaces. Los ven, los pueden seguir, pero cuando quieren recibir el balón ya están vigilados. La zona de control se ensancha sobre ellos. Sus rostros comienzan a desesperarse. Los rivales sonríen en su fondo. Ayer el Sporting de Lisboa dio una lección. El Real Madrid suspendió. ¿El examen era demasiado difícil? Probablemente, no. La materia no estaba bien sabida, o eso era al menos lo que reflejó la actuación sobre el tapete.

Kroos y Modric maniatados

Había un jugador que había pagado la enorme presión que recae sobre sus espaldas. El permitirse un mal partido es un lujo demasiado pretencioso. Kroos lo sabía. Lo intentó. No pudo. No estuvo cómodo. Nunca tuvo demasiado tiempo para pensar. Necesita poco, pero tampoco es un robot, aunque a veces lo parezca. No supo batir líneas. El pase no era el arma para hacerlo. Debió haberse movido. Sumergirse entre las dos trincheras. Abandonar su zona de confort. Convertirse más en un mediapunta que en un interior. No es un registro que domine, pero con Alemania si que es capaz de ejecutarlo en muchas fases del encuentro. Debe tomar nota. Esta situación se va a volver a repetir. El ser más horizontal es una obligación. Si el alemán cae en la verticalidad, el Real Madrid se vuelve monótono. Previsible. Sus jugadas tienen un final hermético.

Toni Kroos | Getty Images

Toni Kroos | Getty Images

Modric ayer no estuvo a su nivel. De hecho, es algo lógico. Sus actuaciones suelen ser tan artísticas, que todo cuadro que no sea digno del Prado, parece poco. Aún así, entendió mejor lo que el partido demandaba. No lo logró bordar. Más mérito de los portugueses que demérito suyo.

‘8’ con alma ‘10’

Con el cambio de Kroos por James el Madrid mejoró. El colombiano supo situarse en el lugar adecuado. Entre los 25 o 30 metros. Abandonando el relieve de la medular en el que el alemán estuvo incrustado. El ‘10’ blanco se situó en su hábitat natural. Bordar lo que demandaba el partido era una tarea mucho más sencilla para él. Fruto de su zurda, surgió el segundo gol, obra de Morata. El Real Madrid salvó los muebles. La épica está bien, pero el juego debe mejorar. Los delanteros y sus movimientos también. Morata dio una lección. Pero es algo que ya se presupone en el club blanco. Las temporadas cambian. Los rivales también. La exigencia crece. Kroos y Modric deben ser dos ‘8’ con alma de ‘10’. Ha habido fases donde lo han hecho. Deben convertirlo en rutinario.

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