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El Real Madrid y la trampa del favoritismo

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Sólo soy optimista cuando hay que remontar, cuando te tienes que deshacer de la soga que rodea el cuello. En ese momento siempre pienso que al final el Real Madrid hará algo mágico y acabará ganando. Que aparecerá la cabeza de Ramos en el 93′. Que el orgullo vestido de blanco llega más lejos que si combina con otros colores. Paradójicamente, cuando el relato se presume fácil, cuando las armas las portan los míos y los de enfrente van a cuerpo descubierto, desconfío hasta el punto de pensar que es mejor apostar por el rival.

En unas semifinales de Champions, City-Madrid, la sensación era la segunda opción. Cuidado con el debutante en estas alturas de competición, cuidado con su entrenador, que es el del ‘Alcorconazo’. Pero ese pesimismo me duró 15 minutos. Pronto vi que el Manchester City no haría daño. Es un equipo con jugadores extraordinarios arriba: Agüero, De Bruyne, Silva y Navas. De los cuatro, los menos llamativos son los españoles. Sé que está mal visto no elogiar a los compatriotas que se ganan el pan fuera de nuestro país, pero creo que la mejor versión de Navas la vimos en el Pizjuán y que Silva nunca dio el salto a estrella del rock. El belga es un diablo que tiene mucho más de lo que le vio Mourinho en el Chelsea y el Kun es el más peligroso, top-5 mundial en sus noches de gloria, que hubiese llegado a ser mucho más si sólo se hubiera quitado las rayas rojas. El resto nunca entrará en un once ideal.


El City pretendió el 0-0 y lo consiguió.
El Madrid, apenado por la baja de última hora de Cristiano, salió con el mismo objetivo. Hasta que a falta de 20 minutos se acordó de correr. La verticalidad del conjunto blanco, las transiciones a un toque, las dulzuras de Modric, las carreras de Bale, la constancia de Lucas… El Madrid y sus aficionados sonríen cuando los partidos se rompen, Casemiro y Pepe son virtuosos del corte y los de arriba esprintan como un pelotón llegando a la meta.

Faltó el gol en ese arreón de quince minutos. Los cinco últimos minutos los dedicó el City a firmar las tablas. Sólo De Bruyne se salió del guión en una contra para provocar una falta en el último minuto. Eso me hizo imaginar el partido de vuelta: los de Pellegrini buscando la gloria en un contraataque aislado, adelantándose en el marcador. Entonces, con la soga apretando fuerte, pensaré que el Madrid estará en Milán. 

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