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Messi y una servilleta para la historia

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Lionel Andrés Messi (24/06/1987) ha hecho historia. El jugador más laureado del mundo, en el momento, y lo que podrá ser cuando se retire. Pero el camino no fue fácil para el chico de Rosario del que todos se mofaban por su estatura. Una historia de trabajo, sacrificio, esfuerzo y paciencia, aderezada por un componente especial, único, mágico, de origen desconocido y solamente reservado a unos pocos por gracia, casi se podría estimar, divina. Como le gusta decir a Piqué; veamos cómo y con quién empezó todo.

Una infancia forjada en los potreros de Grandoli y Newell´s Old Boys con niños mayores. Gambeta, compañerismo y sobre todo, no querer dejar de jugar nunca y querer agarrar siempre la pelota con una única intención: divertirse en la cancha. Un pibe de barrio. Estilo que aún hoy no ha perdido Lionel, hecho ya hombre. Nadie podía pararlo en Rosario, nadie, pero no nada. Un déficit de hormona de crecimiento hizo que la familia Messi tuviera que abandonar, henchida de dolor, Argentina. Ni Newell´s ni River Plate quisieron financiar el tratamiento. Nuevo destino, Barcelona.

-18 de septiembre, año 2000.
El pequeño Leo de tan solo 13 años y su papá Jorge aterrizaron en Barcelona con la esperanza de que el sueño se hiciese realidad. Se organizó un partido de prueba: Infantil ‘A’, equipo de Leo, contra Cadete ‘A’, dos años mayores. Aunque el propio Messi ha reconocido años más tarde que el día de su prueba con el Barça es la única vez que ha sentido nervios en el campo, el entrenador de aquel equipo no dudó ni un momento en su contratación. Charly Rexach, tampoco. Llegó tarde, con el partidillo ya iniciado, pero caminando por la banda se quedó prendado de Leo desde el primer momento en que lo vio. Al contrario que el club, reticente a la financiación del caro tratamiento de crecimiento.

-14 de diciembre, año 2000.
Harto de que el club no se decidiese, Jorge Messi amenazó con llevarse a su hijo de vuelta a Argentina. Pero ni Josep Maria Minguella ni Charly Rexach, artífices principales de la contratación de Leo por el Barça, quisieron permitirlo. Un lugar, el Club Tenis Pompeia, y una servilleta de papel sellaron el acuerdo más importante de la historia del fútbol. El lienzo dictaba, más o menos, así: “En Barcelona, a 14 de Diciembre del 2000 y en presencia de los Sres. Minguella y Horacio Gaggioli (representante de la empresa Marka y que actuó en nombre de la familia Messi), yo, Carles Rexach, Secretario Técnico del F.C.B., se compromete bajo su responsabilidad y a pesar de algunas opiniones en contra a fichar al jugador Lionel Messi siempre y cuando nos mantengamos en las cantidades acordadas”.


-8 de enero, año 2001.
Otra persona clave en el fichaje de Messi por el Barcelona: Juan Lacueva, ex directivo del Espanyol, casualmente. Y otro restaurante, esta vez el Via Veneto. Lacueva, responsable del área de fútbol y secciones del club blaugrana, solicitó un informe a Charly Rexach que, como el mismo reconocería más tarde, se resumía en: “Es acojonante”. Aquel informe valió un contrato para que aguantasen en Barcelona unos meses más. Sin la firma de un directivo no tenía validez, pero a los ojos de Jorge Messi era una garantía y un clavo al que agarrarse. El propio Juan Lacueva firmó, se arriesgó y apostó por pagar el tratamiento del joven Leo aun a pesar de tener a la directiva en su contra. En julio de ese mismo año, se arreglaría todo para suerte de Messi y, sin saberlo, de todos los aficionados barcelonistas. Gracias a un hombre del Espanyol, en fin, la vida.

Pasaron varios meses hasta que llegara el transfer de Argentina y Leo esperó y esperó para poder jugar. Soportó la dureza de entrenar todos los días y no participar en la competición, de estar separado de su familia, sus amigos, sin la certeza de saber si llegaría a ser profesional. La duda de si merecerá o no la pena perder una parte de tu infancia y de tu dinero entre pinchazos, soledad y promesas que no acaban de cumplirse. Cualquier otro se habría rendido, pero Leo no. Esperó y pudo debutar, por fin. Pasó por Infantil ‘B’, Infantil ‘A’, Cadete ‘A’, Barcelona ‘C’ y Barcelona ‘B’ en apenas dos años. El sueño estaba mucho más cerca.

-16 de noviembre, año 2003. 16 años y 145 días. Frank Rijkaard hacía debutar a un adolescente llamado Messi con el Barça en un amistoso contra el FC Porto en el estadio do Dragão.
-16 de octubre, año 2004. 17 años y 114 días. Menos de un año después, hizo su debut en partido oficial con el FC Barcelona en un derbi ante el Espanyol.
-1 de mayo, año 2005. 17 años y 197 días. De la mano de Ronaldinho, Lionel convertía su primer gol como profesional con una maravillosa vaselina al portero del Albacete. El sueño ya era una realidad.

-11 de enero, año 2016. Zúrich, Suiza. Lionel Messi levanta su quinto Balón de Oro. Emocionado, sin apenas poder articular palabra: “Es más de lo que nunca me habría imaginado”. Casi 12 años después de su debut, 16 después de su llegada a Barcelona, 610 partidos como profesional, 480 goles, 27 títulos, mereció la pena la espera y el sufrimiento, vaya si la mereció. No es el dinero ni la fama lo que más le interese, no quiere cambiar de club pudiendo cobrar más, no quiere miles de mujeres teniendo al amor de su infancia, Antonella. Así es el pequeño Leo, un hombre que sale a jugar cada partido como si fuera al potrero de Rosario donde se crio, a divertirse con amigos. Alguien para quien, el fútbol, no es un mero trabajo, es su vida. Así lo afirmó en la gala: “Gracias fútbol, por todo lo que me has dado”. Y así debería responder el propio fútbol y todos los que te hemos visto jugar alguna vez: Gracias a vos, Leo, por todo lo que nos diste.

 

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