Ciclismo

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La Vuelta al norte de España

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La idea de los organizadores es clara: lo que para ellos funciona, mejor no cambiarlo. Y de este modo, la Vuelta a España 2016, que ha sido presentada en Santiago de Compostela, seguirá la línea de los últimos cuatro años: muchos finales en alto -10 en total-, etapas cortas, poca contrarreloj… Y protagonismo gallego.

Esta vez, la ‘Vuelta a Galicia’ será prácticamente una realidad. Y la ‘Vuelta al Norte de España’, una realidad completa. El mapa es explícito.

 

Las seis primeras etapas se disputarán íntegramente en Galicia, con comienzo en Ourense. De nuevo, empezará con una contrarreloj por equipos, con un cambio destacable: los casi 30 kilómetros, un kilometraje decente, hasta el municipio de Castrelo do Miño pueden marcar las primeras diferencias, aunque mínimas, entre favoritos. De este modo se dejan atrás ediciones anteriores en las que se recorrieron distancias escasas en la etapa inicial, por no mencionar el ridículo absoluto de la salida el año pasado en Puerto Banús.

Dos finales en alto en estas etapas gallegas: un clásica de los últimos tiempos, el Mirador de Ézaro y sus rampas del 30%; y la aldea santuario de San Andrés de Teixido, lugar de peregrinación sobre acantilados de más de 600 metros sobre el mar. Además habrá dos jornadas llanas hasta Baiona y Lugo y otra más rompepiernas en la Ribeira Sacra.

La séptima etapa saldrá también de Galicia, de Maceda, para llegar a la icónica Laguna de Sanabria para luego dar paso enseguida a cuatro etapas seguidas de Cordillera Cantábrica, con el día de descanso por medio. No podían faltar las etapas ‘monopuerto’, que no aprovechan las enormes posibilidades de la zona: serán las que terminarán en La Camperona (10km, 6,6%) y Peña Cabarga (6km, 9,2%), abriendo y cerrando el bloque.

En medio, finales con ascenso al Naranco (7km, 5,7%) y en los Lagos de Covadonga (14km, 6,8%) tras subir el Fito, una etapa que este año tendrá una buena situación como etapa más decisiva, a priori, de esta primera parte de Vuelta a España.

Luego, retorno al País Vasco -la última veces fueron en 2011 y 2012, la anterior en 1974-, con una etapa que se prevé bonita en Bilbao, con dos ascensos al peligroso Alto del Vivero; y otra de media montaña con final en descenso en la navarra Urdax, en la frontera con Francia.

La etapa reina volverá a ser fuera de España: en 2013 fue en Peyragudes, en 2015 en Andorra y este año de nuevo en el Pirineo francés: se subirán Inharpu, la Pierre de Saint-Martin -donde Froome dinamitó el último Tour- y Marie Blanque antes de finalizar en el mítico Aubisque. Antes del día descanso se finalizarán los Pirineos en el lado oscense, con final en alto peligroso en Formigal; y luego descenso a Levante con una etapa relajada hacia Peñíscola.

 

La Vuelta a España se decidirá en última instancia en la Comunidad Valenciana: una etapa por la serranía del interior de Castellón con final en el repecho de Mas de la Costa, en Llucena; luego contrarreloj individual de 39 kilómetros en Calpe; y última jornada de competición con final en el Alto de Aitana (22km, 5,7%). Fin de fiesta, como siempre, en Madrid.

 

Así se presenta la Vuelta a España. Tan descompensada en su recorrido como geográficamente. La media montaña, que no por casualidad ofreció la mejor etapa el año pasado, vuelve a pasar de puntillas, la contrarreloj sigue siendo escasa y mal situada y la tendencia a los finales en alto, excesiva, sin ofrecer nada antes de los ascensos conclusivos.

Evidentemente, gran parte del espectáculo que se vea en la Vuelta dependerá de los ciclistas: pero recorridos así no ayudan a entretener al espectador hasta los últimos diez minutos de retransmisión. Ya es inevitable, es el estilo que ha abrazado y revertirlo se quedará en un simple anhelo de muchos amantes del ciclismo.

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