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¡Qué bonito es ser 7!

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Desde que acabó la Copa del Mundo y me centré en el rugby del hemisferio norte me han ido surgiendo las ganas, y cada vez más, de escribir acerca del flanker, la posición más sacrificada de un equipo, pero sin lugar a dudas la más divertida. Aunque he de decir que más que hablar de la posición en sí me gustaría hablar del flanker abierto, del gran número 7.

Antes de empezar, conviene resaltar las grandes diferencias que hay entre el flanker abierto y el cerrado. El 6 es dentro de la tercera línea el destructor, que en defensa, es el que se encarga de placar, de seguir placando y de volver a placar. En ataque es un “ballcarrier”, delantero que coge el balón y estrella su cuerpo intentando hacer daño en el intervalo, por lo que tiene que ser un auténtico tanque. Por el contrario, el 7 en ataque es el jugador que tiene que ir al apoyo de esos “ball-carriers” y ser el primero en limpiar los rucks. Es, en defensa, donde el flanker abierto despliega su potencial. Mientras que el 6 o el 8 placan, un 7 aguanta y tras caer el contrario al suelo, fija sus pies al terreno, prepara su cuerpo para los impactos y se lanza a robar el balón en el breakdown (o abierta, como se ha dicho toda la vida) jugándose la integridad física.

Durante toda la Copa del Mundo, David Pocock como falso 8 y Michael Hooper de 7 han hecho una exhibición del turnover consiguiendo un total de 22. En este concreto caso, era llamativo que el verdadero 7 era Pocock (17 robos) mientras que Hooper (5 robos) le complementaba placando y siguiendo usual pero no menos impresionante ritmo de involucrarse en más de 50 jugadas por partido. Usando este sistema de juego, Australia prefirió entregarle el balón siempre al contrario pero decidiendo ella donde se jugaba, haciendo uso de sus robos en las zonas comprometidas del campo. En definitiva, Cheika se dio cuenta de que el mejor ataque es una gran defensa.

 

En cuanto al físico que tiene que tener un flanker abierto, el rugby moderno cada vez se decanta más por jugadores altos, resistentes, potentes y muy fuertes con gran agilidad; pero todos los que siguen este perfil carecen de velocidad. Richie McCaw, Sam Warburton o Chris Robshaw son claros ejemplos. En cambio, un flanker abierto, según mi opinión para poder realizar esas tareas ya mencionadas debe ser sobretodo rápido. El flanker clásico es una persona muy fuerte, pero a su vez no alta para así llegar rápido al suelo, dura para resistir los impactos y veloz, vuelvo a repetirlo, sobre todo veloz. El flanker, en ataque, debe ser el primero en llegar al apoyo y tiene que hacerlo rápido, ya sea para limpiar y proteger el ruck o para recibir el pase (clásico offload) y poder escaparse. De la misma manera, en defensa debe ser el primero para así conseguir pescar el balón y hacerse con la posesión.

El ejemplo más claro es sin duda el de Michael Hooper que lleva siendo el 7 más determinante desde hace por lo menos 2 años. Habiéndolo  demostrado con los Waratahs ganando la Super Rugby en 2014 o con Australia ganando este año el Rugby Championship y llegando a la final del Mudial. David Pocock es la excepción a la regla, es un portento de la naturaleza, que tiene todas las aptitudes ya mencionadas y muchas más que le han hecho, en mi opinión, el mejor flanker abierto del año aunque lleve un 8 cosido a la espalda.

Para terminar, quiero hacer referencia a la final del mundial, en la cual se enfrentaron Pocock y Hooper contra el futuro Sir Richie McCaw (el mejor flanker de todos los tiempos). En ese partido se vio la importancia de un 7 en el campo, de su compromiso con el equipo, de su exigencia física y, pese a todo, se pudo ver que bien se lo pasa un flanker jugando al rugby.

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