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Kevin Kampl, tren de ida y vuelta

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Si cogiéramos un mapa de Alemania, prácticamente en línea recta nos encontraríamos con Salzburgo, Aalen, Leverkusen, Solingen y Osnabrück, unos 900 kilómetros por donde ha pasado el tren de la trayectoria futbolística del esloveno Kevin Kampl, que pese a tener la doble nacionalidad por haber nacido en suelo germano, decidió defender los colores de su familia, Eslovenia. Toda una pena no poder disfrutar de él en la próxima Eurocopa, ya que se ha quedado en las puertas al ser derrotado por la Ucranica de Yarmolenko y Konoplyanka. Pero seguro que ese tren pronto llegará y podrá derribar la puerta de ese objetivo como ya ha hecho otras veces, para llegar a ser el gran jugador que es a día de hoy.
 

 

Todo empezó cuando sus padres llegaron de la ciudad eslovena de Maribor a Alemania, concretamente a Solingen, al norte de Leverkusen, donde nació Kevin. Su “viaje” comenzó haciendo su primera parada formando parte de las categorías inferiores del Bayer Leverkusen, en  1997, y pasó por cada uno de los equipos filiales hasta llegar a formar parte del primer equipo en 2010, dirigido por Jupp Heynckes en aquel entonces. Sin disputar ningún minuto, en el verano de 2010, acabó cedido en el SPVGG Greuther Fürth. Allí no convenció mucho y tras solo 4 partidos volvió a la ciudad de Leverkusen en el mercado invernal. Terminó la temporada con el equipo de la ciudad de la aspirina y en el verano siguiente el tren de su carrera profesional llegó a su siguiente parada al fichar por el VfL Osnabrück de 3.Liga, jugando junto al hoy jugador del Ingolstadt, Elias Kachunga. Su gran temporada en la ciudad de Osnabrück, entre Bremen y Dortmund, no pasó desapercibida para los demás equipos y el VfR Aalen, que acabó ese año en segunda posición, cogía el tren rumbo a 2.Bundesliga y ofreció a Kampl un “billete” para aquel viaje que no pudo rechazar (pagaron 250.000 € al Osnabrück). Pero aquella parada en el sur de Alemania, cerca de Munich, iba a durar poco, concretamente 2 meses. Firmó el 1 de julio de 2012 con el VfR Aalen y el último día de mercado, el 31 de agosto, Roger Schmidt lo pidió para su equipo, Red Bull Salzburg, pagando su cláusula de 3 mill. €. La razón de este fichaje express fue principalmente por el increíble debut con el equipo en 2.Bundesliga, siendo partícipe en 5 goles del Aalen, 2 goles y 3 asistencias en 4 partidos.

Llegó la gran oportunidad para Kevin Kampl, que con 22 años debutaba en Primera División de la Bundesliga austríaca. En Austria estuvo dos años y medio. En su primer año consiguió unas muy dignas cifras en 31 partidos, con 6 goles y 14 asistencias. Pero lo bueno estaba esperar, ya que al año siguiente esas cifras se duplicaron llegando a disputar 51 partidos con 14 goles y 26 asistencias, fundamentales para que Roger Schmidt se despidiera del equipo consiguiendo el doblete de la temporada 2013/2014. En ese mismo año compartió vestuario además de con su actual entrenador, con el brasileño André Ramalho, fichado esta misma temporada por Schmidt. Al año siguiente su temporada estaba siendo brillante, llegando a Navidad con 11 goles y 16 asistencias. Pero en el mercado invernal el Borussia de Jürgen Klopp se lo llevó de vuelta a Alemania por 12 mill. € para que ayudará a levantar la cabeza de un Dortmund que estaba en decadencia. Finalmente su aportación fue escasa en los 19 partidos que disputó de aurinegro, no marcando ni un solo gol. De ser titular indiscutible en los últimos años, Kampl se veía de nuevo en el papel de luchar por un lugar en el XI y por eso cuando sonó su teléfono con la llamada de Schmidt para ir a Leverkusen,  no dudó ni un solo segundo.
 

 

Nunca se sabrá si de no haberse hecho el fichaje de Son por los Spurs, a última hora y de forma repentina, Kevin Kampl hubiese vuelto a vestir la camiseta aspirina, pero en cosas del destino nunca se sabe, y lo que sí ha ocurrido es que el tren del Bayer Leverkusen ha llamado a la puerta del jugador esloveno nuevamente. Muchas cosas pasaron de nuevo por la mente de Kampl en su presentación junto a Rudi Völler, con el dorsal 44 a la espalda, quizás una de ellas sea viéndose cumpliendo aquel sueño de niño, el de triunfar en su equipo y hacerlo campeón. Esta vez la camiseta la viste un niño mucho más maduro que ya ha saboreado lo que es celebrar un título y solo tiene hambre de más y de volver a disfrutar de ese sabor a victoria. Llegó de los últimos al equipo y ya es indiscutible para Roger Schmidt que ha hecho de él su todocampista, ya que lo mismo lo coloca de mediapunta, extremo o de centrocampista. Lo que está claro es que con tan solo 25 años le queda mucho que aprender, vivir y ganar, y el tren del éxito pronto llegará a su parada.

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