Fútbol italiano

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300 veces Totti, 300 veces gol

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Han pasado más de veinte años desde el primer gol que marcó con la camiseta giallorossa aquel chico romano y romanista que apuraba sus diecisiete años, convertido hoy en monumento viviente y símbolo de Roma, sin precisar siquiera el artículo femenino intercalado. Era una tarde soleada de septiembre de 1994 en la que se disputaba el partido que daba la bienvenida a la nueva temporada y que concluyó resolviéndose con un pobre empate ante el Foggia. Un gol cuyas mejores fotografías son en blanco y negro y en el que los vídeos que lo captaron reflejan el color apagado y la textura granulada tan propia de los primeros años de los noventa que acabó que acabó resultando ser, sin que nadie de los presentes siquiera lo intuyese, el prólogo de la mayor leyenda jamás vista ni contada en el conjunto capitalino.

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Y es que Francesco Totti es un jugador de otra época y, al mismo tiempo, tan rotundamente de esta. Dos décadas y más de quinientos partidos después y en otra tarde soleada de septiembre en el Olímpico finalizada en un empate que sabe a poco, Francesco Totti convirtió su gol número trescientos con la camiseta de la Roma ante el Sassuolo. En posición de fuera de juego, sí.  Una mera anécdota que no evita que se haya confirmado, con un cifra redonda a la altura de unos pocos elegidos, como el italiano de todos los tiempos que más tantos ha realizado para un mismo escudo y unos mismos colores y como el segundo goleador histórico de la Serie A, a treinta dianas de distancia de Silvio Piola.

Por el camino, decenas de obras de arte. Como la genial vaselina al Inter en San Siro, el zurdazo imposible de primeras desde el pico izquierdo del área por el que fue ovacionado en Marassi por parte de la hinchada de la Sampdoria o más recientemente, el toque de seda con el que batió a Joe Hart el año pasado en el City of Manchester o el célebre selfie que tapó mediáticamente al voraz remate en el que se tiró con todo al segundo palo para ponerla dentro de las redes en el derbi romano. Tantos y tantos tantos.

 

Es cierto que a la bandera y gran capitán romanista le espera seguramente esta temporada un rol mucho más residual que el que ha conocido hasta ahora pero Francesco Totti sigue ahí, por encima de todas las cosas, en el lugar exacto en el que permanecerá para siempre en la Roma, sentado a lomos de la mismísima Luperca con el aura del mito bañado en bronce pero siendo todavía, a sus casi 39 años, un futbolista único y el líder absoluto de un equipo y de un sentimiento, sin importar si está dentro del rectángulo de juego o si está fuera de él. No hay diferencia. Trescientos, como treinta y nueve, es sólo un número. La historia que Totti continúa escribiendo es eterna, como Roma. Una historia que vive y palpita y que seguirá haciéndolo cuando llegue el día en el que cambie los botines por los zapatos. Ojalá nunca llegase.

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